24/03/2025, 13.44
AFGANISTÁN
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EE.UU. hacia la normalización de los talibanes: retiran las recompensas contra Haqqani

Había una recompensa de 10 millones de dólares por Sirajuddin Haqqani, líder de la red Haqqani. Los funcionarios talibanes consideran que es una contrapartida por la liberación de un rehén estadounidense pero, según algunos comentaristas, Washington podría tomar la decisión de reabrir su embajada en Kabul. Al mismo tiempo, se profundiza la fractura entre la red Haqqani y el líder supremo Hibatullah Akhundzada.

 

Kabul (AsiaNews) - Estados Unidos ha retirado las recompensas por tres miembros talibanes de la red Haqqani, entre ellos el actual ministro del Interior, Sirajuddin Haqqani, responsable de algunos de los atentados más feroces contra el ex gobierno afgano respaldado por Occidente. Su nombre, sobre el que pesaba una recompensa de 10 millones de dólares, junto con el de su hermano, Abdul Aziz Haqqani, y su primo, Yahya Haqqani, han desaparecido de la sección del sitio web del Departamento de Estado estadounidense sobre las recompensas por los terroristas internacionales. Abdul Aziz es el segundo de Sirajuddin y está a cargo de la brigada suicida creada por otro hermano, Badruddin, al que mató un dron estadounidense en 2012.

Zakir Jalaly, funcionario talibán del Ministerio de Relaciones Exteriores, considera que la eliminación de las recompensas, que se hizo como contrapartida por la liberación de un rehén estadounidense, indica que ambas partes están “superando las secuelas de la fase bélica y están dando pasos constructivos para allanar el camino hacia un progreso” en las relaciones bilaterales. “La reciente evolución de las relaciones entre Afganistán y Estados Unidos es un buen ejemplo del compromiso pragmático y realista entre los dos gobiernos”, añadió Jalaly. Anas Haqqani, otro hermano de Sirajuddin, celebró la eliminación de las recompensas y dijo que confía en que las relaciones entre Estados Unidos y los talibanes se vuelvan cordiales.

Según varios comentaristas, es una decisión que apunta a la normalización del gobierno talibán tras la retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán y el regreso al poder de los “estudiantes coránicos” después de dos décadas de guerra. Los acuerdos con los talibanes fueron firmados en Doha, Qatar, por la primera administración Trump en 2020. Algunos piensan que el negociador estadounidense de esos acuerdos, Zalmay Khalilzad, podría ser nombrado embajador de Estados Unidos en el Emirato Islámico de Afganistán si Washington decidiera reabrir una representación diplomática en Kabul.

En los últimos meses varios países han vuelto a interactuar con los talibanes; el gobierno japonés, por ejemplo, a finales de febrero recibió a una delegación talibán, mientras que otros países, como China y Rusia, han aceptado recibir representantes diplomáticos talibanes. “Los objetivos de Estados Unidos en Afganistán son limitados. Pero hay cosas que la administración desea (liberación de prisioneros estadounidenses, devolución de armas estadounidenses) y que podría querer (ayuda para destruir a los terroristas del Estado Islámico) de los talibanes. Eliminar las recompensas podría ser un incentivo para ayudar a inclinar la balanza hacia estos objetivos”, señaló Michael Kugelman, director del Instituto para Asia Meridional del Wilson Center. “Para los talibanes, la eliminación de las sanciones es más importante que el reconocimiento oficial. Las sanciones producen daño. Impiden la posibilidad de hacer negocios y de viajar. Por eso celebrarán la eliminación de las recompensas como una victoria. El carácter transaccional de esta diplomacia conviene tanto a los talibanes como a Trump”, comentó Ibraheem Bahiss, analista del International Crisis Group.

Pero la decisión estadounidense también es importante porque indica la voluntad de interactuar con el gobierno de Haqqani (que se considera más pragmático) antes que con las autoridades religiosas de Kandahar, encabezadas por el mulá Hibatullah Akhundzada, objeto de una orden de arresto de la Corte Penal Internacional por la represión contra las mujeres y niñas afganas. “La administración estadounidense parece apuntar a obtener resultados con los líderes políticos talibanes de Kabul ignorando al líder supremo de Kandahar. Tiene sentido, Kandahar no se compromete con Occidente y las demandas de Estados Unidos (que evitan las cuestiones sociales e ideológicas) están dentro de la cartera de Kabul”, continuó Kugelman.

La grieta entre Sirajuddin Haqqani e Hibatullah Akhundzada resulta cada vez más evidente. El año pasado Naciones Unidas ya había permitido a Haqqani viajar al exterior a pesar de las sanciones internacionales que pesaban sobre él. El líder talibán se trasladó entonces a Arabia Saudita y a los Emiratos Árabes Unidos, donde permaneció más de un mes junto con otros representantes de la “línea pragmática” del gobierno para escapar de las amenazas del líder supremo. Akhundzada es responsable de la promulgación de decenas de edictos que han reducido progresivamente los derechos de la población y sobre todo de las mujeres afganas, así como de una serie de decretos que han intentado privar progresivamente a Haqqani y a su equipo de gobierno de sus poderes como ministros. En los últimos meses la red Haqqani había intentado oponerse con más fuerza a las restricciones a los derechos de las mujeres, para tratar de obtener el reconocimiento de su gobierno por parte de la comunidad internacional.

 

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