Tras las celebraciones de la Semana Santa de las Iglesias de rito latino, el sábado 11 tendrá lugar el encendido de la llama pascual que, desde el Santo Sepulcro, las Iglesias ortodoxas difunden por todo el mundo. Existe tensión por las restricciones impuestas a los lugares de culto por el Gobierno israelí. Un asunto que se sigue con tonos apocalípticos también en Moscú, donde en los últimos años este rito se ha convertido en fundamental para afirmar su primacía.
Una plataforma rusa en línea transmite estos días una serie de documentales titulados la “Palabra viva”, dedicados a grandes figuras de la ortodoxia asesinadas durante los años posteriores a la revolución bolchevique. Se trata de personas que recuerdan que se puede dar la vida por ideales que unen la fe religiosa, la caridad evangélica y el amor por la patria, no para destruir al enemigo, sino para construir un mundo nuevo.
Por primera vez, en las próximas elecciones del 12 de abril, Viktor Orbán parece correr el riesgo de ser derrotado por su adversario, Peter Magyar. Esto suscita especial atención por parte de Moscú, que hasta ahora ha encontrado en él al principal aliado entre los países de la Unión Europea. Y Putin ha encargado a su asesor de mayor confianza que siga de cerca esta ronda electoral.
El registro de «agentes extranjeros» en Rusia contiene actualmente más de 1.200 nombres de personas y más de 1.500 proyectos, organizaciones y títulos de diversas iniciativas. Algunos han logrado que se les elimine del registro, buscando acuerdos con las autoridades para salvar sus negocios y su reputación. Pero también hay quienes se encuentran en él sin saber siquiera por qué.
A principios de mes entraron en vigor una serie de leyes destinadas a modificar no sólo los comportamientos sino también la visión de la vida de los rusos. Se han prohibido en las escuelas, porque se consideran "inaceptables para una percepción correcta de los valores tradicionales", obras como "El jinete de bronce" de Pushkin, "Almas muertas" de Gógol y los cuentos satíricos de Chéjov.
Desde el 8 de marzo, los bloqueos de la conexión a la red móvil «por razones de seguridad» han llegado también a la capital rusa, lo que está causando graves trastornos en una metrópolis que hasta ayer se presentaba como una capital digital. También se han producido fallos en las «listas blancas» de aplicaciones promovidas por los organismos de control. Y hay barrios en los que ni siquiera funciona el wifi doméstico.