El viaje del presidente de Tayikistán ha confirmado hasta qué punto Asia Central es hoy en día una zona estratégica para China, que las diversas fracturas geopolíticas hacen aún más vital. Pekín apuesta por el gasoducto que atraviesa la región, pero también por su importancia para la seguridad de sus fronteras. Y en las relaciones con los gobiernos locales, la proximidad, no solo geográfica, le da ventaja frente a la competencia occidental.
En estos días se ha colocado en Astana la primera piedra de un Centro para la civilización turca. Un lugar simbólico de una integración que responde al intento de Moscú, que ha durado un siglo, de borrar esta identidad dentro de su «patio trasero». Y que hoy, en cambio, ha descubierto su poder como guardián de las principales arterias energéticas y logísticas entre Oriente y Occidente.
La Cámara de Comercio, que agrupa a las empresas locales, aboga por un programa de integración para la región a través de centros logísticos, parques industriales, plantas de transformación, plataformas de exportación y proyectos de inversión conjuntos. Se contempla una zona más amplia que las repúblicas exsoviéticas, que incluye también a Afganistán, Pakistán, Irán y Mongolia.
El Día de la Capital ha sido una ocasión para celebrar los esfuerzos que, durante los años de la terrible dictadura estalinista, permitieron que surgiera en una meseta desértica una de las ciudades más bellas de Asia Central. Hoy en día, sus modernos edificios la proyectan hacia el futuro.
En su intervención en un seminario organizado en Samarcanda por el Banco Asiático de Desarrollo, el viceministro de Transportes de Tashkent recordó que, en la época de la Unión Soviética, Asia Central formaba parte de un único país en el que funcionaban las cadenas logísticas. El reto de superar las fronteras actuales mediante nuevas infraestructuras digitales.
Al atravesar pasos de hasta 3000 metros de altura y recorrer cientos de kilómetros con sus rebaños, los čabany mantienen viva una actividad que produce un tipo de carne ovina de absoluta excelencia. Una vida dura, expuesta a la explotación sin escrúpulos de los propietarios de los pastos, pero con un sólido código no escrito de solidaridad y una profunda armonía con la naturaleza.