La muerte del último starets
Ilia, padre espiritual de Kirill, había sido investido con el más alto título monástico, el de "archimandrita con el skhima", un sobre-manto con símbolos que atestiguan los más altos votos de la vida espiritual y las reglas ascéticas más estrictas. Taumaturgo y profeta de la "Ortodoxia patriótica", su personalidad tuvo una gran influencia en la del patriarca de Moscú y la del presidente Putin.
El 15 de marzo falleció a la edad de 93 años en el famoso monasterio de Optina Pustyn, en el centro-sur de Rusia, el starets ortodoxo Ilia (Nozdrin), padre espiritual de Kirill, el patriarca de Moscú. Había sido investido con el más alto título monástico, el de skhiarkhimandrit, "archimandrita con el skhima", un sobre-manto con símbolos que atestiguan los más altos votos de la vida espiritual y las reglas ascéticas más estrictas, como las de los anacoretas egipcios de los primeros tiempos de esta forma especial de vivir la fe cristiana. Los funerales del starets Ilia, celebrados por el mismo patriarca Kirill tres días después de su muerte, fueron un acontecimiento extraordinario, con una multitud de miles de participantes y la presencia de muchos altos funcionarios regionales y federales.
En los últimos años la visita al starets Ilia se había convertido en una cita casi obligada para estrellas del mundo del espectáculo, políticos y hombres de negocios del más alto nivel. El mismo Vladímir Putin se había reunido con él varias veces y aseguró que "quiero mucho al starets, y siempre escucho lo que tiene que decirme". Toda la historia contemporánea de la Iglesia rusa se refleja en la vida del starets, taumaturgo y profeta de la "Ortodoxia patriótica", y su personalidad ha tenido una gran influencia en las del patriarca y la del presidente.
La autoridad de los startsy, los padres espirituales rusos, nunca depende de su papel formal en la vida monástica y eclesiástica en general, sino que, por el contrario, la tradición rusa los exalta en su superioridad puramente "espiritual" que trasciende toda jerarquía, como afirma el escritor Fiódor Dostoyevski en el capítulo inicial de Los hermanos Karamázov, donde describe precisamente el ambiente de Optina Pustyn. Toda la novela, uno de los hitos fundamentales de la literatura y la cultura rusa, está dedicada a la búsqueda del "monacato en el mundo", confrontando las diferencias de los tres hermanos Dmitri, Iván y Aliosha, los tres rostros contradictorios del alma rusa. Por eso Ilia Nozdrin permaneció en la sombra eremítica durante los largos años de la semi-clandestinidad soviética, hasta que en 2009 el patriarca Kirill reconoció la importancia que había tenido para su propia formación, poco después de ser elevado al trono patriarcal.
Ningún patriarca anterior había declarado públicamente el nombre de su padre espiritual, ni mucho menos se lo mencionaba en los documentos oficiales. Se desconoce cuál era en realidad la relación entre Kirill e Ilia, y el starets no había buscado hasta entonces ninguna forma de notoriedad, salvo por el hecho de que encarnaba la imagen clásica del anciano - que es precisamente el significado de starets - de baja estatura y con una larga barba blanca, una especie de oráculo capaz de predecir los acontecimientos y de manifestarse místicamente en el alma de sus devotos. Ambos se habían conocido en su juventud en los años sesenta, cuando todavía llevaban los nombres de bautismo de Vladímir Gundiaev y Alekséi Nozdrin, durante los estudios en el seminario de Leningrado bajo la mirada atenta de los servicios del KGB. Ambos formaban parte del círculo cercano del más carismático de los jerarcas rusos de los tiempos de Brezhnev, el metropolita Nikodim (Rotov), que murió de un infarto en Roma en 1978 en brazos del recién elegido Papa Juan Pablo I, antes de cumplir los cincuenta años.
Nikodim era también el jefe del departamento patriarcal para las relaciones exteriores, y llegó a ser exarca para toda Europa del Este, constituyéndose en la referencia para las políticas de Ostpolitik de los gobiernos europeos y de la Santa Sede en relación con el poder soviético. Su obra maestra fue el acuerdo para la participación de una delegación ortodoxa rusa en el Concilio Vaticano II, obteniendo el compromiso de no condenar explícitamente el comunismo, y en general Nikodim fue capaz de llegar a compromisos muy audaces con el régimen, buscando de este modo proteger a la Iglesia de nuevas persecuciones y obteniendo para sus jerarcas una serie de privilegios, haciéndolos equiparar a los agentes propagandistas de la política soviética.
Uno de los privilegios que Nikodim obtuvo para sí mismo fue precisamente la posibilidad de formar un grupo de seguidores suyos para luego instalarlos en los principales puestos de responsabilidad de la estructura eclesiástica, como el propio Kirill, que fue ordenado obispo con solo 29 años en 1976 y que ya entonces era considerado el más prometedor de los nikodimtsy, los "discípulos de Nikodim". Ilia también fue admitido a la vida monástica y ordenado sacerdote por Nikodim, pero eligió un camino más discreto que el joven Kirill, permaneciendo dentro de los muros monásticos, sobre todo en la comunidad de las Cuevas de Pskov, el único monasterio masculino que siguió abierto bajo los soviéticos, donde en los años ochenta también fue consagrado el actual metropolita de Crimea Tijon (Shevkunov), que después se convertiría en el joven starets y padre espiritual del propio Vladímir Putin.
El monasterio de Pskov había permanecido abierto en los años posteriores a la revolución bolchevique porque se encontraba en el territorio de la Estonia independiente, y durante la segunda guerra mundial se había convertido en el centro de una "misión antisoviética" especial en todos los territorios ocupados por la Alemania nazi. Después de 1945 quedó en la provincia soviética de Pskov y consiguió conservar la tradición monástica, como único punto de referencia junto con la Lavra de la Trinidad de San Sergij, cerca de Moscú, en la aldea de Zagorsk - como había sido rebautizada en honor del héroe revolucionario Serguéi Zagorski - que era la sede soviética del patriarcado de Moscú. En las Cuevas de Pskov se refugiaron varios monjes y simples fieles que habían pasado por los campos de concentración estalinistas, entre ellos algunos startsy de gran fama entre el pueblo ortodoxo, lo que convirtió al monasterio en una meta incesante de peregrinaciones de toda la URSS.
Ilia Nozdrin no vio los acontecimientos más recientes, cuando Tijon condujo al futuro presidente Putin al otro famoso starets de Pskov, Ioann (Krestiankin), porque ya en 1976 había conseguido trasladarse al monte Athos, el punto de referencia en Grecia de todo el monacato ruso desde los primeros tiempos. Probablemente fue una decisión estratégica del metropolita Nikodim, acordada con el KGB, para tener un punto de referencia seguro en el histórico monasterio ruso de San Panteleimon en el Athos, que había permanecido casi vacío durante el período soviético, para no dejarlo totalmente en manos de los griegos. Ilja tenía la experiencia y la autoridad necesarias para recuperar el control del lugar de donde habían venido los principales evangelizadores de Rusia a lo largo de los siglos, y permaneció en la península calcídica durante trece años, hasta la caída del muro de Berlín, adquiriendo la reputación de "starets del Athos", aunque los griegos lo miraban con recelo por considerarlo "casi católico", en la línea ecumenista del metropolita Nikodim.
Volvió entonces a la Rusia de Gorbachov a finales de los años ochenta y participó en la preparación de las celebraciones por el Milenio del Bautismo de la Rus', el fin de las persecuciones religiosas que dio comienzo a la restitución de iglesias y monasterios, antes incluso del colapso del imperio; y precisamente el monasterio de los startsy ochocentistas de Optina Pustyn, devuelto a la Iglesia en 1989, fue uno de los primeros símbolos del renacimiento religioso de Rusia. Fue confiado al que ya era skhiigumen Ilia, el abad con el skhima recibido en el monte Athos, como el fundador de la primera ermita de las Cuevas de Kiev, Antonij Pecherski, en los tiempos de la Rus' originaria del siglo X. Junto al monasterio se organizó una aldea para los huéspedes más eminentes, intelectuales y luego políticos de la nueva Rusia post-soviética - gracias sobre todo a la iniciativa del oligarca Andréi Belousov, actual ministro de Defensa de Putin en estos tiempos de guerra - que se proponía reconstruir "la Rusia que perdimos". La aldea de Kozelsk, junto al monasterio del "desierto de Opta" - en recuerdo del nombre del bandido medieval que se había convertido a la ortodoxia monástica - se transformó en el primer centro de la resistencia ideológica a la "invasión de Occidente" en la década de Yeltsin y proporcionó las razones espirituales para un retorno a los "valores tradicionales de Rusia" en el sucesivo reinado del zar Putin.
El starets Ilia enseñaba a sus discípulos a oponerse a todas las instituciones de la Rusia post-soviética, inculcando desconfianza hacia escuelas y universidades, políticos y funcionarios e incluso jerarcas eclesiásticos, hasta que recibió la visita de su antiguo camarada de los tiempos de Nikodim, el entonces metropolita "yeltsiniano" Kirill, que le prometió volver a poner el timón de la vida eclesiástica en la dirección correcta. La nueva alianza entre Kirill y su "padre espiritual" se hizo evidente ya en el Concilio jubilar del 2000, con la proclamación del "soberanismo ortodoxo" en la doctrina social de la Iglesia, que sirvió como programa político al nuevo presidente Vladímir Putin para aniquilar la herejía de una Rusia "liberal" y esclava de Occidente y proclamar el renacimiento de un "mundo ruso" destinado a salvar a toda la humanidad.
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