El Congreso de Estados Unidos votó la cancelación definitiva de las sanciones contra Siria, incluyendo la nefasta Caesar Act (aunque todavía falta la firma de Trump). En su 51ª carta desde Alepo, la congregación cristiana describe un país que, a un año de la caída de Assad, está marcado por situaciones críticas. Preocupa una (posible) Constitución islamista y la condición de las mujeres y las minorías.
En el Valle del Orontes, después de catorce años de ausencia forzada debido a la ocupación de las milicias islamistas - que en esta misma localidad asesinaron al P. François Mourad - las familias cristianas han recuperado sus casas y sus tierras. El Custodio de Tierra Santa, padre Ielpo, afirmó: "Toda reconstrucción auténtica se funda en la fuerza de la fe y en el poder del perdón".
Lo lanzó la pedagoga y activista Jina Achji, que quiso «ofrecer un espacio» capaz de acercar y unir a «todas las comunidades». La idea dio sus primeros pasos en Alepo en 2012 y ahora se ha extendido a Hama y Homs. La invitación a vivir «el presente y la realidad» dejando de lado el «sueño perdido [...] de una tierra imaginaria».
El régimen de Assad era considerado el narcoestado por excelencia, pero su caída ha provocado una expansión de la producción a escala regional. La demanda constante y la creciente difusión alimentan el tráfico. Entre los nuevos centros de producción se encuentra Yemen, controlado por los rebeldes hutíes. Hoy en día, el corazón de la producción se encuentra en pequeños laboratorios repartidos por varios países.
Damasco quiere conseguir la liberación de ciudadanos suyos que llevan años detenidos sin juicio en el Líbano y que son ideológicamente cercanos a HTS. Detrás de su detención hay motivos ideológicos relacionados con simples sospechas. Según fuentes ministeriales libanesas, son al menos 2100, de los cuales el 55 % nunca ha comparecido ante un tribunal. En el fondo de la controversia están la guerra civil en Siria y la hegemonía de Hezbolá.
La primera consulta electoral después de la caída de Asad fue seguida por nuevos episodios de violencia en el norte de Siria. Las autoridades kurdas denuncian un asedio impuesto por las tropas del gobierno, mientras en Damasco se habla de "ataques a los puestos de control". Un testigo desde Alepo declaró a AsiaNews: "Fue una noche terrible. Ahora la gente está atrincherada en sus casas". Los acuerdos para el control de Rojava siguen estancados, no hubo votación en las zonas kurdas ni en la provincia de Suwayda.