El vicario apostólico de Puerto Princesa, monseñor Socrates Mesiona, critica al Gobierno de Manila por los nuevos permisos de deforestación concedidos a las empresas mineras en lo que es uno de los hábitats con mayor biodiversidad de Filipinas. «Esta forma de actuar da la impresión de que en nuestro país existen dos tipos de leyes: una para los ricos y poderosos y otra para los pobres».
El balance actualizado es de 37 muertos, cuatro desaparecidos y más de 450 heridos. Mons. Gilbert Garcera, presidente de la Conferencia Episcopal Filipina, pidió la contribución de toda la población para ayudar en las tareas de socorro. En muchas zonas afectadas por el sismo todavía no hay electricidad. También hay casas destruidas y más de un millar de evacuados en Indonesia.
Asciende a 32 el número de muertos, y otras 12 personas siguen desaparecidas tras el terremoto de magnitud 7,8 que sacudió el país esta mañana con epicentro en el mar. La alerta de tsunami fue levantada. Se reportaron daños en el Santuario de la Divina Misericordia de Lake Sebu y en varias parroquias. La Conferencia de Superiores Mayores de Filipinas llamó a la oración y la solidaridad con las familias desplazadas.
El 25 de mayo, el Dicasterio para la Evangelización emitió el decreto oficial. Es el segundo santuario de Filipinas, única nación asiática de mayoría católica, en gozar de estatus internacional. La fiesta está prevista para el próximo 23 de septiembre, día en que la Iglesia conmemora al santo de Pietralcina.
Se estableció formalmente ayer y está integrada, entre otras personalidades, por el cardenal David, obispo de Kalookan, el exjuez de la Corte Penal Internacional Pangalangan y una patóloga forense. Su función será asistir a las víctimas y a las familias en duelo en su búsqueda de la verdad sobre uno de los capítulos más dolorosos de la historia reciente. Los informes y recomendaciones sobre los trabajos se publicarán cada seis meses.
En una carta pastoral sobre el tema de la paz de la Conferencia Episcopal, firmada por su presidente, Mons. Garcera, se hace un llamado al "respeto mutuo" y al "dialogo" entre culturas y religiones, a la luz de los conflictos en Oriente Medio y otros. Se alienta asimismo a las comunidades a la "esperanza y solidaridad" con las personas vulnerables y se recuerda a los trabajadores filipinos en el exterior y los daños ambientales que producen las guerras. "Cada vida humana es sagrada".