Los misiles pakistaníes continúan atacando objetivos políticos y militares talibanes en Afganistán, mientras la ONU reporta cerca de 66 mil desplazados y decenas de víctimas civiles hasta el momento. Pakistán también debe hacer frente a la ira de la comunidad chií tras el asesinato del ayatolá Ali Jamenei en los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán.
El conflicto que ha vuelto a estallar entre Pakistán y los talibanes agrava aún más la precaria situación de las familias registradas como refugiadas por ACNUR, pero que carecen de una hoja de ruta clara para el reasentamiento permanente. A menudo viven de incógnito por razones de seguridad, ante el temor de ser repatriadas a Kabul, bajo un gobierno que las persigue. La súplica de una mujer: "Quiero que mis hijos crezcan sin miedo".
En Karachi se registran numerosos muertos tras el intento de asalto al consulado de Estados Unidos. Crece la tensión y se prohíben las manifestaciones públicas en todo Pakistán, país donde se encuentra la segunda comunidad chií más grande del mundo. También se están produciendo protestas en la India, desde Lucknow hasta Cachemira, incluyendo la ciudad de Karnataka donde el líder supremo iraní inauguró un hospital en 1986.
El 2 de marzo de 2011 el entonces ministro cristiano para los Asuntos de las minorías fue asesinado en Islamabad. Su vida fue truncada por defender los derechos de los grupos marginados y oponerse a las leyes sobre la blasfemia. A pesar de las amenazas de muerte, se negó a abandonar el país; hoy, su legado perdura en quienes luchan contra las persistentes discriminaciones.
Entre las numerosas comunidades de expatriados ya se cuentan varias víctimas. La primera muerte en el Estado judío por un misil iraní fue la de una cuidadora filipina. El conflicto también afecta a los mares, con la muerte de un marinero en un petrolero frente a la costa de Omán. Un pakistaní, un nepalí y un ciudadano de Bangladesh son las tres personas asesinadas en los Emiratos Árabes Unidos.
La reacción afgana a los bombardeos de los últimos días del ejército de Islamabad ha provocado un salto de calidad en el conflicto siempre activo. Pakistán promete acciones "resolutivas" contra las bases de "terroristas paquistaníes" en Afganistán. China - en medio de los dos fuegos - invita a la "moderación". Los 21 millones de afganos que ya viven en una situación de indigencia corren el riesgo de pagar el precio de este interminable enfrentamiento.