A partir de mañana entra en vigor en Myanmar un nuevo sistema de circulación para vehículos particulares que se ha introducido para enfrentar la reducción de las importaciones de gasolina debido a la guerra en Oriente Medio. Sin embargo, los autos eléctricos están exentos: el sector está dominado por empresas vinculadas a la familia del general Min Aung Hlaing, mientras el país sufre continuos apagones.
El general Min Aung Hlaing anunció la medida con motivo del Día Nacional de los Agricultores, pero entre los liberados no se encuentra Aung San Suu Kyi y miles de personas siguen en prisión. Además, el ejército ha seguido bombardeando a la población civil. La iniciativa llega en un momento de tensiones internas en la junta y mientras la ASEAN sigue dividida sobre la gestión de la crisis birmana.
Desde Myitkyina, el testimonio del P. Kurt Pala, sacerdote filipino de los Misioneros de San Colombano, que desempeña su ministerio en el país devastado por la guerra desde hace más de cinco años. Aquí tanto los pobres como la tierra lanzan un grito de dolor. Pero con ellos he aprendido a rezar mientras se espera la paz, a confiar en Dios en cada momento de la vida, a compartir la última taza de arroz con un vecino y a encontrar alegría en las pequeñas cosas.
El jefe de la junta militar se prepara para dejar formalmente el mando del ejército y asumir la presidencia del nuevo gobierno, que entrará en funciones en abril. La creación de un Consejo Consultivo con poderes transversales podría permitirle mantener el control de todo el sistema del régimen. Mientras tanto, el número dos, Soe Win, se perfila como figura clave en las relaciones con China.
La medida de Naypyidaw contra el encargado de negocios de Dili se produce tras la apertura de un proceso judicial por presuntos crímenes de guerra cometidos por el ejército birmano. Es la primera vez que un tribunal de un país del bloque regional inicia una acción legal contra otro Estado miembro. El asunto pone de manifiesto las profundas divisiones internas de la organización, dividida entre quienes piden más presión y quienes desean un acercamiento tras las controvertidas elecciones.
En las últimas semanas la campaña militar de la junta birmana ha continuado con incursiones en aldeas, mercados y monasterios, e incluso mediante vigilancia digital. Los militares reivindican el uso de armas “de precisión”, pero médicos y testigos denuncian un aumento de la letalidad. Min Aung Hlaing ha visitado las zonas de conflicto en Sagaing y se teme una nueva escalada.