Casi cinco años después del golpe de Estado que puso fin a la democracia, la junta militar ha convocado elecciones, a pesar de que el conflicto continúa en muchas zonas. Diversos organismos internacionales y buena parte de la población civil consideran que estas son una farsa. Mientras tanto, la población desplazada a causa de la guerra y del terremoto sigue intentando construir un futuro lleno de incertidumbres.
La oración del arzobispo de Yangón en su mensaje navideño a un país que lleva cinco años sumido en la guerra civil. «Dios viene como un niño indefenso que no tiene ni adornos ni poder, pero tiene la capacidad de entrar en nuestros corazones y transformarnos». Y relanza también en el contexto local el llamamiento al desarme de León XIV.
El proyecto hidroeléctrico en el Estado Kachin se suspendió en 2011 debido a las protestas masivas y recientemente ha sido reactivado por los militares en vistas de las elecciones. Los analistas y la comunidad local sostienen desde hace tiempo, sin embargo, que se trata de una maniobra política para reforzar las relaciones con Beijing, a quien iría el 90% de la energía producida, incluso a costa de graves daños ambientales, sociales y para la seguridad del territorio.
El régimen ha ordenado a las iglesias del Estado septentrional, donde vive una consistente comunidad cristiana, celebrar las misas navideñas antes del 20 de diciembre. Prohibieron cualquier evento público vinculado a la fiesta del 25. Los funcionarios justifican la medida con dificultades logísticas. Ira y frustración entre los fieles: "Nos oprimen con las armas y ahora intentan oprimir nuestro espíritu".
En el ataque del 10 de diciembre murieron 33 personas y más de 80 resultaron heridas. Entre las víctimas hay pacientes, médicos e incluso recién nacidos. Las Naciones Unidas y grupos internacionales consideran que es imposible organizar elecciones en un marco de crecientes tensiones y hostilidades. Mientras tanto, la crisis humanitaria también adquiere cada vez mayores dimensiones.
Según la UNODC, la superficie cultivada de adormidera ha aumentado un 17 % en un año, sobre todo en el estado de Shan. También crece el cultivo de cannabis en Sagaing, ahora epicentro de la resistencia. Mientras algunas zonas vuelven a estar bajo el control de la junta gracias al servicio militar obligatorio y a los drones suministrados por Rusia y China, continúa la inestabilidad y las críticas internacionales a las elecciones anunciadas por los militares.