Las luces de la Vigilia Pascual han iluminado una comunidad marcada por el sufrimiento: tras tres años, algunos fieles han regresado a la iglesia de Cristo Rey, que había sido ocupada por el ejército birmano, lo que obligó a la población local a huir. El obispo Celso Ba Shwe permaneció con los desplazados en el bosque: «Le pedimos a Dios un tiempo de paz y reconciliación».
Doce meses después del terremoto que, según datos oficiales, causó al menos 5.000 muertos, Cáritas y CAFOD siguen apoyando a las comunidades afectadas. Muchas personas siguen desplazadas y en condiciones aún más precarias debido a la pobreza y a la guerra civil. La reconstrucción sigue siendo lenta y las necesidades siguen siendo enormes, advierten las organizaciones sobre el terreno.
La junta militar birmana ha impuesto nuevas restricciones a la distribución de gasolina y petróleo, mientras que en Sagaing ha sido bombardeado un complejo que albergaba a más de cien desplazados. Algunos activistas han documentado cómo se destinan millones de litros de combustible a la aviación militar, a pesar de la crisis que está paralizando el país.
La jornada fue convocada en esta Cuaresma por los obispos del país, que invitan a rezar "para que Dios conceda su paz al mundo y a Myanmar, y para que haya comprensión mutua y progreso en la unidad". La importancia de estos gestos en un país donde la sociedad civil ha sido sistemáticamente desmantelada, gestos que también atraen la atención del mundo sobre los sufrimientos de la población de Myanmar.
Llegaron a Birmania en 1865, con una presencia constante al servicio de las personas vulnerables. Activas en nueve comunidades, ofrecen educación, asistencia sanitaria y apoyo a las mujeres víctimas de la violencia, la trata y la pobreza, en un país marcado por la inestabilidad política y la guerra. Cardenal Charles Maung Bo: «Testimonio de amor que no conoce límites».
Presentada oficialmente como una "medida fiscal", esta iniciativa supone en realidad un nuevo endurecimiento de la vigilancia digital en el país que, tras el golpe de Estado, lleva más de cinco años sumido en la guerra civil. Al rastrear los dispositivos, el régimen no solo busca reprimir a la oposición, sino que también controla la vida cotidiana de la población mediante herramientas tecnológicas facilitadas por empresas chinas.