09/12/2019, 13.07
RUSIA-CHINA
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Urumqi, una comunidad ortodoxa rusa sin sacerdote

de Vladimir Rozanskij

Cada domingo, la pequeña comunidad se reúne y sigue la oración con los cantos de una grabación. Muchos tienen familias mixtas, ruso-chinas o ruso-uigures. 

 

Moscú (AsiaNews) - Una docente de idiomas rusa, Olga Vasilevna Kladova, relató para Nezavisimaja Gazeta cómo fue su experiencia en China, cuando buscó la iglesia ortodoxa situada en Urumqi, centro administrativo de la región autónoma uigur de Xinjiang, en el noroeste de China. Olga había oído hablar de esta iglesia por primera vez en el año 2008, a través de una amiga, y le costó mucho encontrar el lugar.  

En Urumqi viven ciudadanos de 13 nacionalidades, y entre ellos, también hay rusos, La iglesia se encuentra en medio de un laberinto de callejones, en la zona de la ciudad donde se concentra la población uigur. A pesar de que la política nacional vigente fuerza a la eliminación de símbolos religiosos exteriores, la iglesia está coronada por una pequeña cúpula dorada en forma de bulbo, característica de las iglesias rusas. Para llegar al lugar de culto hay que atravesar un parque semi-abandonado, donde abunda el humo especiado de la comida al fuego vivo, que preparan las familias uigures. 

En la pared se ve un cartel, que anuncia que estamos en la “Iglesia ortodoxa de la ciudad de Urumqi”. “Entré - cuenta Olga - al sentir el sonido de los cantos de la liturgia del monasterio de Valamm, en medio de íconos de santos pintados al fresco en los muros, pero no veía al sacerdote. Pensaba que él llegaría más tarde, y que aparecería detrás del iconostasio. Sin embargo, después de esperar varios minutos, entendí que en realidad esta iglesia no tenía sacerdote; los parroquianos me contaron que prácticamente jamás han visto a uno, y que ellos han aprendido a cantar y rezar solos, siguiendo las liturgias con los registros de audio que tienen a mano”.

Nunca hay mucha gente en esta iglesia, excepto durante el tiempo de Pascua, y el pequeño recinto que suele utilizarse para la liturgia es suficiente para el encuentro de oración dominical. En la mañana del domingo, se enciende una música que ha sido registrada por el coro de Valaam. Los ancianos, junto a algunos niños, rezan encendiendo velas delante de los íconos. Mezclan palabras rusas y chinas, mientras suenan los cantos eclesiásticos eslavos como música de fondo. Los más ancianos llegaron aquí antes de la Segunda Guerra mundial, y la gran mayoría ha conformado familias mixtas. 

Olga continúa: “Hablo con una mujer china llamada Natalia. Ella tiene cerca de 40 años y luce una hermosa cruz ortodoxa en el pecho. Se la enviaron unos familiares rusos que viven en Australia. Natalia no parece rusa en absoluto y tampoco habla una sola palabra de ruso, pero esto no le impide sentirse rusa. Lo mismo sucede con todos los demás miembros de la comunidad local: aunque poseen unas pocas gotas de sangre rusa, afirman con orgullo su pertenencia al pueblo ruso”. 

“Vera está sentada junto a la mesa donde se poyan las velas. Ha cumplido ochenta años hace tiempo, y no logra estar de pie durante la liturgia. Quizás sea la única parroquiana nacida en Rusia que ha quedado en estas tierras; llegó cuando era una niña y luego se casó con un hombre chino, como la mayor parte de las mujeres que llegaron aquí. Cada una de ellas transmitió sus lejanos recuerdos de la madre patria: la nieve durante el invierno, la belleza de las jóvenes; luego, la memoria se ocupó de embellecer los recuerdos. Se ven pocos hombres en la iglesia, aparte de un par de activistas de la parroquia. Uno de ellos es el líder-administrador”.

Luego de la liturgia dominical, como es habitual, el grupo de detiene a beber un té caliente en el segundo piso del edificio. Sobre la mesa, se despliegan bocadillos de origen ruso, chino o uigur. Se comentan las novedades, que en general son noticias referidas a los familiares australianos que muchos feligreses poseen. En Pascua, la comunidad alquila todo el salón del restaurante local y allí, para romper el ayuno cuaresmal, solo se admite comida rusa. Se interpretan danzas y cantos rusos con acento chino. Y Natalia, pese a no saber nada de ruso, se sabe todas las canciones de memoria. De la misma manera se festejan los cumpleaños, sobre todo los de los más ancianos. 

Olga permaneció cuatro años en Urumqi, y hoy ha regresado a Rusia. Pero todos los días resuenan en su mente las voces de Vera, Nina, Zoja y Natalia. Y aquellas viejas cintas de la liturgia de Vallam, que cada domingo recuerdan que la fe cristiana ortodoxa aún sigue viva en Xinjiang.

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