04/08/2020, 14.28
LÍBANO
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Renunció el ministro de Relaciones Exteriores: ‘El Líbano va a la quiebra’

de Pierre Balanian

No hay confianza de parte de la diplomacia internacional. Hasta Francia prefiere gestionar la ayuda humanitaria para las escuelas libanesas a través de su embajada en Beirut. Dos nuevos suicidios, a causa de la situación económica. El temor por la guerra que Netanyahu lanza en el sur, y por la “guerra” en el norte del país: fundamentalistas sunitas, armados por Ankara, se disponen a vengar el asesinato de Rafiq Hariri. El 7 de agosto el Tribunal Internacional emitirá su sentencia y lo más probable es que se pronuncie contra Hezbollah y contra los sirios.

Beirut (AsiaNews) – Con una jugada sorpresiva y sin previo aviso, hace tres días renunció a su cargo el ministro de Relaciones Exteriores Nassif Hitti (v. foto). El ministro formaba parte del gobierno “de tecnócratas” o, como tantas veces se lo define,  “del silencio”, ya que parece no existir. El “gobierno del silencio” del Primer Ministro Hassan Diab está completamente aislado tanto en el interior del país como en el exterior. A nivel internacional, aislado por países que alguna vez fueron aliados y amigos: la UE, los EEUU y las monarquías del Golfo.  

Desde que asumió el cargo, el ahora ex ministro de Relaciones Exteriores jamás realizó una visita al exterior, y tampoco recibió visitas de colegas extranjeros. La única excepción fue la visita oficial del ministro de Exteriores de Francia, que vino a salvar las escuelas de lengua francesa que, como todas las escuelas libanesas, podría no reabrir sus puertas el próximo año, en parte a causa del Covid-19, pero también debido a la desastrosa situación económica que atraviesa el país. Así todo, la visita del ministro francés fue criticada por el primer ministro Hassan Diab.  

El motivo: Francia decidió destinar 15 millones de euros para ayudar a las escuelas de lengua francesa, pero por primera vez, la suma no será entregada al gobierno libanés. Los fondos serán gestionados directamente por la embajada francesa en el Líbano, a pedido de las escuelas en singular. Parece ser una señal de desconfianza con respecto al Líbano,  presa de la corrupción de la clase política por más de tres décadas. 

Para justificar su salida de lo que la prensa local define como “el barco que se hunde”, el ahora ex ministro Nassif Hitti pronunció breves palabras: “El Líbano  – dijo - va hacia la quiebra… y no hay ninguna voluntad de introducir reformas”. 

En un tuit, Georges Hayek, uno de los intelectuales más escuchados de las Fuerzas libanesas cristianas, comentó: “¿de qué sirve un ministro de Relaciones Exteriores del Líbano, cuando sus relaciones diplomáticas solo se ciñen a Siria, Irak e Irán, que los Hezbolláh mantienen?

Fue inmediata la reacción del Presidente de la República Michel Aoun, que designó a un asesor suyo, el cristiano Charbel Wahbe, ex embajador libanés en Venezuela. La propaganda oficial anunció de inmediato que Kuwait ha enviado a su nuevo ministro a efectuar una visita oficial, a pesar del cierre de actividades por los feriados, con  ocasión del Eid Al Adha de los musulmanes. Lo cierto es que la noticia no fue confirmada por ninguna fuente kuwaití. 

En tanto, aumentan los casos de suicidio: se sumaron dos, el de un libanés y el de una trabajadora extranjera de nacionalidad etíope; ambos se quitaron la vida ahorcándose. Lo absurdo es el silencio que mantiene la prensa, que opta por ocultar estas noticias de suicidio dedicando al tema unas pocas líneas, con la total apatía de la opinión pública. 

Los casos de Covid-19 aumentan de forma vertiginosa, poniendo en riesgo el sistema de salud y a los ciudadanos. Sumida en la miseria, la gente prefiere comprar comida antes que mascarillas quirúrgicas y si las adquieren, optan por las más baratas, que se venden a menos de un dólar en los EEUU. 

A esto se suman dos nuevas realidades que dejan una fuerte preocupación; ante todo, el sur, donde las manifestaciones contra Netanyahu podrían empujar al premier israelí a unir a los israelíes, y a salvarse de la ira popular en nombre de la unidad nacional. [Esto le serviría] para restablecer la calma interna, señalando un peligro externo que amenaza “la misma supervivencia de Israel”. La segunda realidad que perturba el sueño de los libaneses es la cita del 7 de agosto, cuando el Tribunal Internacional dictará sentencia final contra los responsables del asesinato del ex Primer Ministro libanés Rafik Hariri. Muchas indiscreciones vaticinan que el dedo acusador se levantará contra los Hezbollah y contra el gobierno sirio de Bashar Al Assad. En este caso, la sentencia podría desencadenar la venganza de los grupos sunitas, muy bien armados por Trípoli (foto 2), y del norte del país. Hace meses que llegan desde Turquía mercenarios y combatientes sirios, miembros del ISIS. Son transportados desde Idlib hasta Turquía y luego, por mar, hasta Trípoli, ingresando armas y financiamiento al territorio del Líbano. Todos aguardan el discurso televisivo que habrá de pronunciar el secretario de Hezbollah, Hassan Nasrallah (foto 3) mañana por la noche, a las 20:30, en la vigilia de la sentencia. En tanto, anoche, los libaneses hambrientos retomaron su tímida protesta popular en el centro de Beirut (foto 4) y en Sidón.

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