18/10/2018, 12.55
VATICANO-COREA
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Paz en Corea, Moon: el Papa Francisco brinda aliento y esperanza

de Moon Jae-in

El presidente surcoreano: “Estamos abriendo el camino a un noble esfuerzo, que asegurará un futuro de paz para la península coreana y para el mundo entero”. Moon exalta el rol de la Iglesia en la historia del país. “Durante las oscuras horas de la colonización, de la división, de la guerra y de la dictadura, estaba de pie para dar luz a la dignidad humana y sobre la justicia, así como sobre el camino de la paz y el amor”.

 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews)- El presidente surcoreano Moon Jae-in expresa un “profundo agradecimiento al Papa Francisco y a la Santa Sede por haber dado un gran aliento y esperanza a las dos Coreas” en su camino de reconciliación. Moon se encuentra en Europa para una serie de visitas oficiales y participó de la celebración de la misa por la paz en la península coreana, celebrada ayer en la basílica de San Pedro por el Card. Parolin, Secretario de Estado vaticano. Junto al presidente estaban su esposa, un numeroso grupo de fieles coreanos, un centenar de sacerdotes y misioneros, algunos obispos y muchos representantes del cuerpo diplomático junto a la S. Sede. Proponemos a continuación el texto completo del discurso pronunciado por el presidente surcoreano. (Traducción de AsiaNews).

¡Alabado sea Jesucristo!

Su Eminencia Cardenal Parolin, secretario de Estado,

Distinguidos huéspedes,

Es para mí un gran placer estar aquí en la basílica de San Pedro, casa de la fe católica, para encontrarme con todos vosotros y participar de la S. Misa.

En nombre del pueblo coreano, quisiera expresar mi profunda gratitud al Card. Parolin por haber celebrado personalmente esta especial misa por la paz en la península coreana, así como a todo el equipo aquí junto a la S. Sede, que nos ha brindado una cálida hospitalidad y ha preparado este significativo evento.

Hace medio siglo, el 6 de octubre de 1968, en esta basílica de San Pedro fueron beatificados los 24 mártires coreanos.

Por primera vez, oraciones e himnos coreanos resuenan en esta gran catedral.

Los 500 fieles coreanos presentes lloran de alegría.

Hasta hoy, Corea dio 103 mártires, que es el cuarto mayor número en el mundo, después de Italia, España y Francia.

En la homilía de ese día, el Papa Pablo VI exhortó a las personas a imitar el gran ejemplo de la Iglesia coreana.

Subrayando que, en la historia global de la Iglesia católica, Corea es un caso único en el sentido que el movimiento eclesiástico se inició después de que la gente tuvo un encuentro directo con la Palabra de Dios, antes de que llegasen los misioneros.

Este es un gran honor conferido a la Iglesia católica de Corea.

La Iglesia católica de Corea aceptó restricciones y dificultades e imitó la vida de Jesús bajo la forma de una llamada social.

Durante las oscuras horas de la colonización, la división, la guerra y la dictadura, estaba de pie para dar luz a la dignidad humana y sobre la justicia, así como sobre el camino de la paz y el amor.

Los sacerdotes y los laicos de Corea estaban junto a los débiles y a los perseguidos de la sociedad.

A veces, salieron a las calles para defender la democracia y los derechos humanos.

Yo mismo fui por un largo tiempo miembro de la Comisión católica para la Justicia y la Paz, además de la Comisión por los derechos humanos.

Estoy inmensamente orgulloso por este hecho.

Después de haber asistido a la dedicación de la Iglesia católica por la democracia, los derechos humanos y la asistencia social, el pueblo coreano comenzó a respetar la fe católica como una religión ejemplar.

Espero que la gloria resplandezca sobre la Iglesia católica.

Distinguidos huéspedes,

Justamente ahora en la península coreana, se están verificando cambios históricos y conmovedores.

En septiembre, el presidente de Corea del Norte, Kim Jong-un y yo hemos firmado la Declaración conjunta de Pyongyang.

Frente al mundo entero, hemos prometido poner fin a este enfrentamiento militar entre las dos Coreas y hemos anunciado una península coreana pacífica, libre de armas nucleares y amenazas.

Hasta ahora, ambas Coreas han respetado los acuerdos uno por vez. Estamos retirando las armas y las postaciones de guardia de la zona desmilitarizada.

También estamos realizando operaciones para remover las  minas terrestres.

El Mar Occidental, donde en el pasado se realizaron conflictos armados, se convirtió en el mar de la paz y de la cooperación.
 

Los Estados Unidos y Corea del Norte pusieron fin a la relaciones hostiles que duraron 70 años y se sentaron a dialogar.

Justamente como el Papa Francisco había rezado en vista de la cumbre EEUU-Corea del Norte, estamos abriendo el camino hacia un noble esfuerzo, que asegurará un futuro de paz para la península coreana y para el mundo entero.
 

Durante el rígido invierno de 2017, el pueblo coreano llevó las velas del modo más bello y pacífico para salvaguardar la democracia e iluminar el nuevo camino.

El recorrido de paz que se inició, el de la revolución a la luz de las velas, se convirtió en la fuerza conductora de un cambio maravilloso.

La Santa Sede envió una delegación para la ceremonia de la apertura de los Juegos olímpicos invernales de Pyeongchang y dio un fuerte apoyo a la paz en la península coreana.

El Papa Francisco bendijo nuestro camino hacia la paz y caminó junto a nosotros acompañándonos con sus oraciones.

Quisiera expresar una vez más mi profunda gratitud al papa Francisco y a la Santa Sede por habernos alentado siempre y por haber dado esperanza a la nación coreana en su conjunto y a las dos Coreas, que desean la paz y que en este momento están recuperando el sentido de la hermandad.

Su Eminencia Cardenal Parolin,

Distinguidos huéspedes,

El amor por el género humano, a cuyo florecimiento el cristianismo y la civilización europea han contribuido, trascendió el tiempo y el espacio para dar aliento a la península coreana.

El espíritu de inclusión y solidaridad encarnado en la Unión europea da inspiración a nuestro viaje rumbo a la paz permanente en la península.
 

La historia que el género humano escribió hasta ahora es vergonzosa y se encuentra atravesada por historias de guerra.

La declaración que pone fin a la guerra en la península coreana y la firma de un tratado de paz serán cómo disolver el último régimen de guerra fría que quedó en la tierra.

Como está  escrito en el libro de los Salmos, el amor y la verdad se encontrarán, y la justicia y la paz se abrazarán en un beso, ahora, en la península coreana.

Las oraciones por la paz en la península coreana, que hemos ofrecido en la basílica de San Pedro, resonarán como ecos de esperanza en los corazones del pueblo de las dos Coreas y también de la gente de todo el mundo que desea la paz.

Esta será fuente de gran fuerza para nuestro pueblo, que desea la paz. Seguramente, nuestras plegarias de hoy se transformarán en realidad.
Alcanzaremos la paz y superaremos la división sin fracasar.

Ruego por la paz y por cada uno de vosotros.
 

Gracias.
 

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