26/08/2020, 11.58
VATICANO
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Papa: la desigualdad social es una injusticia que clama al cielo

“La pandemia ha resaltado y ha agravado los problemas sociales”. “Cuando la obsesión de poseer y dominar excluye a millones de personas de los bienes más escenciales; cuando la desigualdad económica y tecnológica es tal que hiere el tejido social; y cuando la dependencia de un progreso material ilimitado amenaza la casa común, no podemos quedarnos de brazos cruzados, mirando”.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – La pandemia ha agravado las desigualdades existentes entre las personas y las naciones. Éstas son fruto de una “economía enferma”, “de un crecimiento económico desigual”, para el cual “un pequeño grupo” de personas “posee más que todo el resto de la humanidad”. Esta “injusticia que clama al cielo”, denunciada por Papa Francisco, fue el tema central de su catequesis en la audiencia general de hoy  – que tuvo lugar en la Biblioteca. Continuando con el ciclo sobre el tema: “Curar al mundo”, el pontífice centró su meditación sobre “El destino universal de los bienes y la virtud de la esperanza”. 

“La pandemia – dijo Francisco - ha resaltado y ha agravado los problemas sociales, sobre todo la desigualdad. Algunas personas pueden trabajar desde casa, pero para muchos esto es imposible. Algunos niños, a pesar de las dificultades, pueden continuar recibiendo una educación escolar, mientras que para muchísimos otros esta se ha interrumpido bruscamente. Algunas naciones poderosas pueden emitir moneda para afrontar la emergencia, pero para otras esto significaría hipotecar su futuro. Estos síntomas de desigualdad revelan una enfermedad social; es un virus que proviene de una economía enferma. Es el fruto de un crecimiento económico injusto, que prescinde de los valores humanos fundamentales; ésta es la enfermedad”.

“Al mismo tiempo, este modelo económico es indiferente a los daños que se infligen a la casa común. Estamos cerca de superar muchos límites de nuestro maravilloso planeta, con consecuencias graves e irreversibles, que van desde la pérdida de la biodiversidad y el cambio climático hasta el aumento del nivel de los mares y la destrucción de las selvas tropicales. La desigualdad social y la degradación del ambiente van de la mano y tienen la misma raíz (cfr Enc. Laudato si’, 101): el pecado de querer poseer y dominar a los hermanos y hermanas, la naturaleza y a Dios mismo. Pero este no es el designio de la creación”. “Dios nos ha pedido que dominemos la tierra en su nombre (cfr Gen 1,28), cultivándola y cuidándola como un jardín, el jardín de todos (cfr Gen 2,15)”.

“La «subordinación de la propiedad privada al destino universal de los bienes [...] es una «regla de oro» del comportamiento social y el «primer principio de todo el ordenamiento ético-social» (LS, 93). “Las propiedades y el dinero son instrumentos que pueden servir en la misión. Sin embargo, fácilmente los transformamos en fines, individuales o colectivos. Y cuando esto sucede, se atacan los valores humanos esenciales”.

“Cuando la obsesión de poseer y dominar excluye a millones de personas [del acceso] a los bienes más esenciales; cuando la desigualdad económica y tecnológica es tal que hiere el tejido social; y cuando la dependencia de un progreso material ilimitado amenaza la casa común, es entonces que no podemos quedarnos mirando, de brazos cruzados. No, esto es desolador. Con  la mirada fija en Jesús (cfr Heb 12,2), y con la certeza de que su amor obra mediante la comunidad de sus discípulos, debemos actuar todos juntos, con la esperanza de generar algo distinto y mejor. La esperanza cristiana, arraigada en Dios, es nuestra ancla. Esta sostiene la voluntad de compartir y fortalece nuestra misión como discípulos de Cristo, que compartió todo con nosotros”. 

Francisco afirmó una vez más que “la pandemia nos ha puesto a todos en crisis. Pero recuerden: de una crisis, no se puede salir iguales. O salimos mejores, o salimos peores. Esta es nuestra elección. Después de la crisis, ¿continuaremos con este sistema económico de injusticia social, que desprecia el cuidado del ambiente, de la creación, de la casa común? Pensemos en esto. Que las comunidades cristianas del siglo XXI puedan recuperar esta realidad - el cuidado de la creación y la justicia social: van de la mano… - dando así testimonio de la Resurrección del Señor. Si cuidamos los bienes que el Creador nos regala, si ponemos en común lo que tenemos, de modo que a nadie le falte, entonces realmente podremos inspirar esperanza para regenerar un mundo más sano y más justo”. 

En el saludo a los polacos y recordando que hoy la Iglesia polaca celebra la solemnidad de la Virgen Negra de Czestochowa, el pontífice invitó a rezar a nuestra “Santísima Madre, para que interceda por todos, y sobre todo por aquellos que, de distinta manera, sufren a causa de la pandemia, y les lleve su alivio”.

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