01/01/2019, 13.54
VATICANO
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Papa: Jesucristo es nuestra paz, para cada persona y para toda la familia humana

En el Ángelus, el Papa Francisco recuerda su Mensaje para la Jornada Mundial por la Paz, inaugurada por Pablo VI hace 52 años. “Todos somos responsables de la vida de la ‘ciudad’, del bien común”. La bendición israelítica en el “nombre” y en el “rostro” del Señor. 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – “Jesucristo, Salvador del mundo. Él es la Bendición para cada persona y para la familia humana entera. Él es fuente de gracia, misericordia y paz”: de esta manera, Francisco vinculó la solemnidad de hoy, la de la Santa Madre de Dios, a la Jornada Mundial por la Paz, que se celebra el primero de enero. Al dirigirse a las decenas de miles de fieles, reunidos en la plaza San Pedro para el Ángelus, el pontífice explicó: “Es por eso que el Santo Papa Pablo VI quiso que el primero de enero fuese la Jornada Mundial por la Paz; y hoy celebramos la quincuagésima, cuyo tema es: La buena política está al servicio de la paz. No pensemos que la política está reservada exclusivamente a los gobernantes: todos somos responsables de la vida de la ‘ciudad’, del bien común; y, asimismo, la política es buena en la medida en que cada uno  hace su parte al servicio de la paz. Que la Santa Madre de Dios nos ayude en este compromiso cotidiano”.  

Tanto la misa de esta mañana como la reflexión del Ángelus estuvieron dedicadas al enfoque cristiano y teológico de la paz en la sociedad.

Previo a ello, el Papa se detuvo en la bendición que se relata en la primera lectura de la misa de hoy (Números 6, 24-26) en la cual el sacerdote israelita, imponiendo las manos sobre el pueblo, invocaba “el nombre” y “el rostro” del Señor: “En la Biblia... el nombre representa la realidad misma que se invoca, de modo que “poner el nombre” del Señor sobre una persona, sobre una familia, una comunidad, significa ofrecerles la fuerza que brota de Él”.

“Sabemos que, según las Escrituras, el rostro de Dios es inaccesible para el hombre: nadie puede ver a Dios y seguir con vida. Esto expresa la trascendencia de Dios, la infinita grandeza de su gloria. Pero la gloria de Dios es toda Amor y, por tanto, aún permaneciendo inaccesible, como un Sol que no puede ser mirado de frente, irradia su gracia sobre todas las creaturas y, de un modo especial, sobre aquellos hombres y mujeres en los que se refleja especialmente.

«Al llegar la plenitud de los tiempos» (Gal 4,4), Dios se reveló en el rostro de un hombre, Jesús, «nacido de mujer». Y aquí volvemos al ícono de la fiesta que se celebra hoy, con la que comenzamos: el ícono de la Santa Madre de Dios, que nos muestra al Hijo, Jesucristo, Salvador del mundo”.

Al concluirse el Ángelus, Francisco bendijo a la multitud, precisamente con las palabras de la bendición judía.

Al final, al saludar a los participantes, el Papa agradeció las “innumerables iniciativas de oración y de compromiso por la paz que en esta Jornada se desarrollan en todas partes del mundo, promovidas por las comunidades eclesiales” y recordó particularmente la marcha organizada por la comunidad de San Egidio y aquella que se llevó a cabo ayer en Matera. 

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