21/09/2017, 14.49
TIERRA SANTA
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En Beit Jimal, extremistas atacan la iglesia de San Esteban. Mons. Marcuzzo: Deriva fanática

El lugar de culto de los salesianos se levanta a 27 km al oeste de Jerusalén. Los asaltantes provocaron daños inmensos, destruyeron estatuas y vidrieras. La condena de los jefes de la Iglesia católica de Tierra Santa. Vicario de Jerusalén: es un acto vandálico que “encaja con la marca dejada en los episodios ocurridos en el pasado” 

Jerusalén (AsiaNews) – A los “daños inmensos” provocados por la destrucción de las estatuas y de las vidrieras, se agrega el profundo dolor causado “por el fanatismo de estos grupos de personas, que no quieren aceptar la diversidad y la fe del otro”. De esta manera, Mons. Giacinto-Boulos Marcuzzo, flamante vicario patriarcal para Jerusalén y Palestina, comenta a AsiaNews el ataque perpetrado en altas horas de la noche de ayer “por algunos fanáticos” [como él mismo los define, siendo lo más probable que se haya tratado de “extremistas judíos”] en la iglesia de San Esteban, en Beit Jimal.  El lugar de culto forma parte de un complejo gestionado por los salesianos, que abarca un monasterio y un cementerio, y que en 2016 fue escenario de una profanación.

“Estamos en un período de fiesta –cuenta Mons. Marcuzzo- por el año nuevo judío [Rosh Ha-shanà] y musulmán [Hégire]. En medio de este clima de alegría y celebración, ayer hemos recibido la noticia de este nuevo ataque. Los vándalos irrumpieron en el interior de la iglesia y han destruido las cruces, la estatua de la Virgen y las vidrieras artísticas, además del rostro de los santos”.

El daño, prosigue el obispo, no es sólo económico, sino que se debe “al mensaje fanático que encierra este ataque: una ideología que no acepta la fe, la visión del otro. En el Antiguo Testamento está escrito acerca de destruir las estatuas, por ser símbolo de idolatría. He aquí estas personas que distorsionan las Escrituras y promueven el fanatismo. Quizás no es un ataque dirigido a los cristianos, pero ciertamente es un mensaje contra cuantos no comparten su ideología, y esto da miedo, porque muestra que no hay respeto por los demás, es minada la convivencia social”.

El episodio ocurrió “ayer, en la vigilia de la fiesta -explica el vicario patriarcal-, un día que tiene un valor simbólico y una peso que es incluso superior a la fiesta misma”. “Estamos frente a un evento extremadamente negativo –agrega-, también por el hecho de que se cumple en la vigilia de una celebración que llama a la alegría, a la colaboración fraterna”.

El pueblo está situado a unos 27 km al oeste de Jerusalén, y reviste un gran valor histórico. En el pasado reciente, en las inmediaciones del lugar fue hallada un lápida que revelaría el lugar donde fue sepultado el mismo santo, y hace más de un siglo allí también se habían descubierto importantes mosaicos. El ataque sucedió a menos de un kilómetro del punto en el cual se levanta la capilla dedicada a San Esteban. En la zona actualmente sólo han permanecido los salesianos, un grupo de monjes y algunos miembros de la comunidad de la Familia monástica de Belén, de la Asunción de la Virgen María y de San Bruno.  

En un comunicado, los responsables de la Iglesia católica de Tierra Santa condenan el episodio “desagradable y escandaloso” y piden al Estado [de Israel] y a todas las instituciones pertinentes “castigar a los agresores y educar a las personas para que no lleven a cabo semejantes actos”. Por último, los líderes cristianos relanzan el objetivo en común “de aprender a vivir juntos”.  

En los últimos años, extremistas judíos y colonos han atacado diversos objetivos cristianos y musulmanes, de acuerdo a la lógica del llamado “price tag”: el precio que cristianos y musulmanes deben pagar, según los extremistas israelíes, por haber “sustraído su tierra”. En una época el fenómeno sólo se había difundido en las áreas ubicadas sobre la frontera con Cisjordania y en Jerusalén, pero hoy se ha extendido en gran parte del territorio.   

Entre los últimos episodios figura el incendio en la iglesia de la Multiplicación de los panes y de los peces, en Tabgha. En el mes de julio, la Corte israelí de Nazaret condenó a Yinon Reuveni, un extremista judío de 22 años de edad, hallándolo culpable del ataque. Él también sería el presunto autor del atentado incendiario ocurrido en febrero de 2015 en la basílica de la Dormición de Jerusalén, y de planificar el incendio de las mezquitas que rodean el puesto de avanzada judío de Baladim, contra Cisjordania, en la provincia de Binyam.

El ataque de ayer, concluye Mons. Marcuzzo, “encaja con la marca de los episodios ocurridos en el pasado. Puede ser que se trate de extremistas judíos, esto no lo sabemos con certeza, y por el momento no ha habido hallazgos al respecto. Pero la matriz es la que se oculta detrás de los ataques efectuados en Tabgha o en otros edificios cristianos de Tierra Santa”. (DS)

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