27/11/2019, 13.31
JAPÓN – VATICANO
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Sobreviviente de Hiroshima: No solo la guerra atómica, sino todas las ‘guerras’ de mi país

de Yurie Miyawaki

Katsuzo Ishimaru, un artista de fama mundial que sobrevivió al bombardeo nuclear de 1945, comenta el viaje de Papa Francisco al país del Sol Naciente. Convivir con el terror ha influido en su arte, y él espera una “revolución” de parte de los jóvenes, que deben volver a vivir en contacto con la naturaleza. Los desafíos que plantean la inteligencia artificial, la polución, el calentamiento global, “deben ser afrontados de inmediato”.

Hiroshima (AsiaNews) – A pesar de no guardar recuerdos de la bomba en mi memoria, “he vivido toda mi vida sumido en el terror de la bomba atómica. Pero no alcanza con condenar el [armamento] nuclear, frente a  las numerosas ‘guerras’ que atraviesa mi país”. En diálogo con AsiaNews, son las declaraciones de Katsuzo Ishimaru (foto 1), curador del Museo de Arte Contemporáneo de Hiroshima y artista de fama innternacional. El hombre es un “ibakusha”, un sobreviviente al bombardeo nuclear de 1945: en aquella época, él tenía apenas dos años.  

Al comentar el viaje de Papa Francisco a Japón, subraya la importancia de afrontar las numerosas cuestiones que planteó el pontífice. Como la que surgió durante el encuentro con los sobrevivientes de Fukushima, cuando Francisco pidió repensar no solamente el tema energético, sino también la cohesión social. A continuación, su testimonio.

 

Nací el 10 de agosto de 1943 en Hiroshima, precisamente en NishiKaniya (en el noreste de la ciudad, a unos 2,5 km del centro de la explosión). Estaba en casa con mi mamá y mi hermano mayor. Mi padre estaba en la fábrica. La casa se desplomó en un instante, pero logramos salir de abajo de los escombros, y huir. Pudimos reecontrarnos poco después. Como era pequeño, no tenía ni dos años de edad, no recuerdo los hechos con claridad. 

Recuerdo una frase de Juan Pablo II: “la guerra es obra del hombre. La guerra es la destrucción de la vida humana. La guerra es muerte”. Una frase clarísima: la abolición total de las armas nucleares es algo completamente acertado. 

Han pasado 38 años desde que fueron pronunciadas esas palabras, y deseo reflexionar más a fondo sobre ello. El mundo ha cambiado mucho y no podemos limitar nuestra atención al problema de la potencia nuclear, sino que también debemos abordar la IA [inteligencia artificial, ndr], es decir, la tecnología. En efecto, ya ha comenzado un mundo más terrible en comparación al de 100 años atrás. 

Hay una línea que no se debe cruzar, y esto es harto evidente. Pero los hombres de hoy en día tienen la capcidad de cruzarla fácilmente. Y es por eso que ha comenzado una época terrible.

Las personas matan, existe el mal de la guerra, pero no basta con la mera discusión de estos temas. También hay otras problemáticas que derivan del desarrollo de la ciencia y de la técnica: por ejemplo, el problema de la polución, el problema del CO2, del núcleo atómico, el calentamiento de la Tierra, la manipulación genética, etc. Los hombres siguen adelante pero sin hallar una solución a estas problemáticas. 

Quisiera escuchar una palabra que se refiera, no solamente a los hombres, sino también a los animales y al mundo vegetal, es decir a toda la naturaleza. Quisiera ser guiado en esto, sobre cómo podemos vivir en armonía con la naturaleza. 

Porque ahora los hombres está viviendo como quieren, vivien como les viene la gana, instintivamente. Parece que viven solo del instinto, y es evidente que esto no es correcto.

Yo tengo un gran deseo de vivir en armonía con la naturaleza, quiero vivir, vivir junto con los animales y las plantas. 

Estoy viviendo usando el mínimo de energía, y siempre invito a los jóvenes a hacer la experiencia de estar con la naturaleza. 

No tengo una experiencia de la bomba atómica a través de mis cinco sentidos, no guardo recuerdos de eso, porque era muy pequeño. De modo que comencé a tener miedo de la radioactividad a la edad de diez años, a través de los medios de comunicación, el cine y los documentales, que en aquél entonces empezaban a difundirse. 

Cuando salían películas sobre la bomba atómica, me generaban tal terror que no soy caoaz de explicarlo en palabras; es algo que he vivido como un trauma. Hay muchas personas que, como yo, tienen este terror, a pesar de no haber tenido la experiencia con los cinco sentidos, sin que tengan un recuerdo real de la bomba atómica. Este terror está conectado con el de Fukushima 3.11 (el terremoto del 11 de marzo, y el tsunami que siguió después), y también con el de Chernobyl, Nevada y Three Mile Island. El terror existe, aún cuando no se lo haya visto. 

Esto es, en verdad, “obra del hombre”. Pero acaso, ¿no puede detenerse? Esta pregunta siempre sigue presente en mi actividad artística, como un hilo conductor. Trato de plasmar el sentido del terror, la importancia que revisten las cosas, con un modo de vida antes que con palabras.  Ante todo, en estos treinta años siempre he colaborado en la organización de la fiesta de “Inoko” (la fiesta de los niños, muy popular en Hiroshima). Con la fuerza de 88 cañas de bambú se levanta una enorme roca hasta el cielo. Se ruega por la felicidad y por la salud de los niños (foto 2).

El bambú simboliza la naturaleza, y los movimientos de los 88 troncos de bambú representan la comunicación entre el cielo y la tierra. Los jóvenes que preparan los bambúes deben ir primero a la montaña, tomarlos y luego llevarlos a la ciudad. 

De esta forma, mi intención es empujar a los jóvenes a vivir en comunión con la naturaleza. 

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