15/05/2018, 14.04
VATICANO
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Ser monja de clausura en la era de Internet

Un documento vaticano dedicado a regular la vida de los institutos que viven la separación del mundo, se ocupa de la autonomía de los monasterios, las federaciones de monasterios, la separación del mundo y la formación. Los nuevos medios de comunicación social “deben ser usados con sobriedad y discreción, no sólo en los referido a los contenidos, sino también a la cantidad de información y al tipo de comunicación”.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – En la actualidad, la vida contemplativa femenina, caracterizada por la clausura, se encuentra teniendo que afrontar fenómenos como la descristianización y la crisis de las vocaciones religiosas, pero también realidades como son la difusión de los medios de comunicación social y la necesidad de entablar una mayor relación entre los institutos. Éstos son algunos de los aspectos que afronta la instrucción “Cor orans” de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, que fue dado a conocer hoy. Un documento que, según fue expresado por Mons. José Rodríguez Carballo, O.F.M., secretario de la Congregación, “refleja muy bien todo lo que las monjas han planteado, en las respuestas al cuestionario que, hace algunos años, fuera enviado a todos los monasterios del mundo”.

“Corazón orante, en la Iglesia y por la Iglesia –afirma el documento-, la vida contemplativa femenina, custodia de gratuidad y de rica fecundidad apostólica, siempre ha sido testigo visible de misteriosa y multiforme santidad, y enriquece la Iglesia de Cristo con frutos de gracia y de misericordia”.

Por lo tanto, la característica y la finalidad de los institutos de vida consagrada, religiosos, es la separación del mundo. Ésta se “corresponde con el dictado paulino de no conformarse a la mentalidad de este siglo, huyendo de todas las formas de mundanidad (n. 156)”. De aquí surge la regla de la clausura, es decir, “el espacio monástico separado del exterior y reservado a las monjas, en el cual sólo en caso de necesidad puede ser admitida la presencia de extraños. Debe ser un espacio de silencio y de recogimiento, donde pueda desarrollarse la búsqueda permanente del rostro de Dios, según el carisma del Instituto”.  

Entre las novedades que ha introducido la Instrucción -que se ocupa de la autonomía de los monasterios, las federaciones de monasterios, la separación del mundo, la formación- figura la normativa en torno a los nuevos medios de comunicación social (n. 68), con toda la variedad en que éstos se presentan hoy en día. Se “apunta a la salvaguarda del recogimiento y del silencio: en efecto, puede vaciarse el silencio contemplativo cuando se llena la clausura de rumores, de noticias y de palabras. El recogimiento y el silencio es de suma importancia para la vida contemplativa, dado que es el ‘espacio necesario de escucha y de la ruminatio de la Palabra de Dios, al mismo tiempo que el presupuesto para una mirada de fe que se percate de la presencia de Dios en la historia personal y en la de las hermanas […] y en las circunstancias del mundo’. Por tanto, tales medios (n. 169) deben ser usados con sobriedad y discreción, no sólo en lo referido a los contenidos, sino también a la cantidad de información y al tipo de comunicación, ‘para que estén al servicio de la formación en la vida contemplativa y de las comunicaciones necesarias, y que éstas no sean ocasión de disipación o de evasión de la vida fraterna en la fraternidad, ni un daño para vuestra vocación, como tampoco un obstáculo para vuestra vida, dedicada por entero a la contemplación”.

Como consecuencia, siendo que aquellos Institutos enteramente dedicados a la contemplación ocupan un lugar siempre eminente en el cuerpo místico de Cristo, “sin importar cuán urgente sea la necesidad del apostolado activo, los miembros de dichos institutos no pueden ser llamados a prestar la ayuda de su obra en los diversos ministerios pastorales”.   

Las transformaciones que se han ido sucediendo a lo largo del tiempo se reflejan en numerosos puntos, como cuando se afirma que en la elección del lugar donde habrá de fundarse un monasterio “se debe prestar particular atención a las exigencias de la vida sacramental y espiritual del nuevo monasterio, dado que la carencia de clero en algunas iglesias particulares no siempre permite localizar un presbítero que tenga la idoneidad y sensibilidad espiritual para acompañar a la comunidad de un monasterio de monjas  (n. 27)”. O cuando se señalan como criterios que pueden contribuir a la decisión de cerrar un monasterio: “el número de monjas, la edad avanzada de la mayor parte de los miembros, la capacidad real de gobierno y de formación, la ausencia de  candidatas durante muchos años, la carencia de la vitalidad necesaria para vivir y transmitir el carisma en la fidelidad dinámica (n. 70)”. Pero “sin embargo, debe evitarse absolutamente el reclutamiento de candidatas de otros países cuando el único fin de ello sea salvaguardar la supervivencia del monasterio”. (n. 257)”.

Siendo la vida monástica un encuentro personal con el Señor, la misma “se inicia con la llamada de Dios, y la decisión de cada una de seguir las huellas de Cristo según el propio carisma, como discípula Suya, bajo la acción del Espíritu Santo (n. 221). Y, por ende “a pesar de que siga siendo importante la adquisición de conocimientos, lo cierto es que la formación en la vida consagrada, y particularmente en la vida monástica contemplativa, consiste, sobre todo, en la identificación con Cristo (n. 222)”.

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