19/06/2018, 16.23
VATICANO
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Sínodo: acompañar a los jóvenes en su elección de vida

Se presentó el “Instrumentum laboris” del Sínodo sobre los jóvenes. Para la Iglesia, es una ocasión para abordar el tema del discernimiento vocacional, a fin de descubrir cómo puede responder mejor, hoy, a su llamada a ser alma, luz, sal y levadura de nuestro mundo.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – Acompañar la decisión de vida de los jóvenes de hoy, que son “grandes buscadores de sentido”, que viven en una “extrañeza recíproca” con los adultos, que tienen “desinterés” y “apatía” en el tema de la fe, pero que muestran atención a varias formas de religiosidad y están inmersos en un mundo digital que aísla, promueve el egoísmo y la “post-verdad”. Es proponiendo una concepción de la vida como “vocación” que se “invita al ser humano a renunciar a la mentira de la auto-fundación y a la alusión de la autorrealización narcisista , para dejarse interpelar a través de la historia del designio con el cual Dios nos destina a que seamos para el bien de los demás (n. 90).

Estos son, en una primera aproximación, los objetivos del Sínodo de obispos que en el próximo mes de octubre afrontará el tema de “Los jóvenes, la fe y del discernimiento vocacional”, del cual hoy fue presentado el documento preparatorio o Instrumentum laboris. Será un sínodo, dijo hoy el Card. Lorenzo Baldisseri, secretario general del Sínodo, que tiene como objetivo principal “hacer que toda la Iglesia tome conciencia de su importante y nada facultativa tarea de acompañar a cada joven, sin que quede ninguno excluido, hacia la alegría del amor; en segundo lugar, tomando esta misión en serio, la Iglesia misma podrá readquirir un renovado dinamismo juvenil; en tercer lugar también es importante para la Iglesia aprovechar esta oportunidad  de discernimiento vocacional, con el fin de descubrir cómo puede responder mejor hoy a su llamada a ser alma, luz, sal y levadura de nuestro mundo.”.

El acompañamiento vocacional, siendo el objetivo que se propone la Iglesia en relación a “todos los jóvenes” es fruto del discernimiento, que se articula en tres verbos: reconocer, interpretar, elegir. La división del documento de 67 páginas en tres partes responde a estos tres verbos.   

En el mundo contemporáneo, marcado por la globalización, resalta el documento, prevalecen “el individualismo, el consumismo, el materialismo y el hedonismo, y en el cual dominan las apariencias”. Es una realidad en la cual no sólo hay extrañeza en la relación con los adultos, sino que también es difícil el vínculo con la familia, la escuela, la universidad. En cuanto a la Iglesia, si bien “un cierto número de jóvenes, que puede variar dependiendo de los distintos contextos, se siente parte viva de la Iglesia y lo manifiesta con convicción, a través de un compromiso activo dentro de ella” (n. 31), a menudo sucede que hay desinterés hacia la religión. Y con frecuencia, “los jóvenes se esfuerzan tratando de hallar un espacio en la Iglesia” y “su experiencia los conduce a pensar que la Iglesia los considera demasiado jóvenes e inexpertos” (n. 33).

 

El documento luego destaca que los jóvenes viven en una cultura “digital”, que tiende a aislar, y que “con mucha frecuencia” son víctimas de la cultura del descarte, que tanto suele denunciar el Papa Francisco. “Al mismo tiempo, no hay que olvidar que los jóvenes pueden estar impregnados de esta cultura y poner en acto comportamientos que producen el ‘descarte’ de otras personas o el degrado del ambiente, como consecuencia de opciones de consumo irresponsables. Por último, debemos reconocer que a veces incluso algunos responsables eclesiales son conniventes con dicho modo de pensar, contribuyendo a generar indiferencia y exclusión (n. 41)”.

“Otro rasgo que atraviesa a muchas sociedades contemporáneas es la fragilidad de las instituciones y la disminución de la confianza en relación a ellas, y en esto se incluye a la Iglesia. Las respuestas al cuestionario online resaltan que sólo una minoría de jóvenes (16,7%) considera que tiene posibilidades de incidir en la vida pública de su país  (n. 59)”.

Sin embargo, ante semejante panorama, “la secularización no parece afirmarse como el destino ineluctable de la humanidad”. Se reconoce un “retorno de lo sagrado”. “Este fenómeno coexiste con una caída de las vocaciones sacerdotales y religiosas, y con el vaciamiento de las iglesias que puede verse en algunas partes del mundo: por ende, no estamos frente a un retorno al pasado, sino ante el surgimiento de un nuevo paradigma de religiosidad, descripta como poco institucionalizada o cada vez más ‘líquida’, marcada por una radical variedad de caminos individuales, incluso entre aquellos que se declaran pertenecientes a la misma confesión (n. 63)”. La consecuencia de ello es que, sobre todo en áreas muy secularizadas, “un número importante de jóvenes”, “no cuestionan nada a la Iglesia, porque no la consideran un interlocutor significativo para su existencia. Algunos incluso piden expresamente ser dejados en paz, porque sienten su presencia como algo fastidioso y hasta irritante” (n. 66)”.

Pero yendo a lo general, los jóvenes desean, sobre todo, una “Iglesia auténtica” que brille por su “ejemplaridad, competencia, corresponsabilidad y solidez cultural”, que comparta “su situación de vida a la luz del Evangelio más que dedicándose a la prédica”, que sea “transparente, acogedora, honesta, atractiva, comunicativa, accesible, alegre e interactiva”. Una Iglesia “menos institucional y más relacional, capaz de acoger sin prejuzgar”, una Iglesia “amiga, cercana”, una comunidad eclesial que sea “una familia donde uno se siente acogido, escuchado, custodiado e integrado (n. 68). Y que tenga un estilo de diálogo, interno y externo. “Muchos jóvenes piden a la Iglesia un pragmatismo operativo, que toca varios puntos: estar realmente a favor de los pobres, preocupación por la cuestión ecológica, hacer opciones visibles de sobriedad y transparencia, ser autentica y clara, y también audaz cuando se trate de denunciar el mal con radicalidad, no sólo en la sociedad civil y en el mundo, sino en la Iglesia misma (n. 71)”.

Por lo tanto, al Sínodo “se le pide iluminar de manera convincente el horizonte vocacional de la existencia humana en cuanto tal. Los jóvenes mismos piden a la Iglesia que los ayude a “encontrar una comprensión clara y simple del significado de la “vocación”, que pueda ser entendida en su sentido más amplio. El Concilio Vaticano II ha utilizado dicho término para expresar “tanto el destino de todos los hombres a la comunión con Cristo (cfr. LG 3.13; GS 19.32) como la llamada universal a la santidad (cfr. LG 39-42), incorporando luego en dicho horizonte interpretativo la comprensión de las vocaciones individuales: las del ministerio ordenado y aquellas a la vida consagrada, como también la vocación laical  (cfr. LG 31), especialmente en la forma conyugal (cfr. LG 35; GS 48.49.52)” (n. 87). Frente a semejante enfoque, hay una dificultad objetiva: los jóvenes tienen “una visión que reduce” el término vocación, y la pastoral vocacional es vista como “una actividad orientada exclusivamente al ‘reclutamiento’ de sacerdotes y religiosos”. De aquí surge la necesidad de repensar la pastoral juvenil vocacional, de modo que sea “a largo plazo” y “significativa para todos los jóvenes”. Y junto a las opciones del ministerio sacerdotal y del matrimonio aparecen también los solteros. “Algunas conferencias episcopales se preguntan cuál es la colocación vocacional de las personas que eligen permanecer ‘solteras sin ninguna referencia a una consagración en particular ni al matrimonio. Teniendo en cuenta el aumento numérico en la Iglesia y en el mundo, es importante que el Sínodo reflexione sobre la cuestión (n. 105)”.

Y si cada joven, de hecho, tiene una vocación que les es propia y que puede expresarse en variados ámbitos –en la familia, la profesión, la política- es central, entonces, el tema del acompañamiento”. “Toda la tradición de la espiritualidad insiste en cuán fundamental es el acompañamiento, en particular durante el proceso de discernimiento vocacional. (n. 120). “El acompañamiento de los jóvenes por parte de la Iglesia asume, de esta manera, una variedad de formas, directas o indirectas, se cruza con una pluralidad de dimensiones y recurre a múltiples instrumentos, dependiendo del contexto en que se coloca, y del grado de involucramiento eclesial y de fe de quien es acompañado (n.122)”. Y se trata de encontrar “los instrumentos más oportunos para permitir a la Iglesia realizar la propia misión en relación a los jóvenes; ayudarlos a encontrar al Señor, sentirse amados por Él y responder a Su llamada, a la alegría del amor (n. 138)”.

“La llamada a la alegría y a la vida plena se coloca siempre dentro de un contexto cultural y en marco de relaciones sociales. Es frente a las circunstancias de la vida cotidiana, que los jóvenes desean ser acompañados, formados, volverse protagonistas. Por eso, la Iglesia es llamada a «salir, ver, llamar» (DP III, 1.3), es decir, a invertir tiempo para conocer y medirse con los vínculos y oportunidades de los diversos contextos sociales y culturales y hacer resonar en ellos, de un modo comprensible, la llamada a la alegría del amor. (n. 144).

El Documento sinodal se concluye recordando la vocación universal a la santidad. Y dado que “la juventud es un tiempo para la santidad”, ésta debe proponerse como un “horizonte de sentido accesible a todos los jóvenes”. “También vale la pena recordar que junto a los ‘Santos jóvenes’ es necesario presentar ‘la juventud de los Santos’ a los jóvenes. En efecto, todos los Santos han pasado a través de la edad juvenil, y sería útil mostrar a los jóvenes de hoy de qué manera vivieron los Santos la época de su juventud. De esta manera, se podrían interceptar muchas situaciones juveniles que no son simples ni nada fáciles, donde, sin embargo, Dios está presente y activo, misteriosamente. Mostrar que Su gracia está obrando a través de caminos tortuosos, de paciente construcción de una santidad que madura a lo largo del tiempo y por tantas vías imprevistas, puede ayudar a todos los jóvenes, sin excluir a ninguno de ellos, a cultivar la esperanza de una santidad siempre posible (n. 214)”.

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