20/01/2021, 10.12
RUSIA
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Putin se sumerge en el agua helada con ocasión de la fiesta del Bautismo

de Vladimir Rozanskij

El presidente ruso quería mantener la tradición, en un cuasi desafío a sus oponentes. Lavrov: La cultura ortodoxa rusa, atacada por los EE.UU. y el Patriarca de Constantinopla. El metropolitano Ilarion aconsejó no bañarse en aguas heladas. En Moscú se bañaron 3.000 fieles; en San Petersburgo 15.000. En el Océano Pacífico, a 20 grados bajo cero, se bañaron 500 marineros y gente de Vladivostok. Patriarca Kirill: El Espíritu Santo no transforma al hombre en superhombre, pero le abre la posibilidad de entrar en comunión con Dios.

 

Moscú (AsiaNews) - A pesar de los temores vinculados a la pandemia, ayer, 19 de enero, muchas iglesias ortodoxas rusas celebraron el rito "extremo" de la inmersión en aguas heladas, a través de las aberturas en forma de cruz (kupely o "fuentes bautismales") realizadas en las cuencas disponibles. El presidente Vladimir Putin quiso dar un buen ejemplo, como en años anteriores (foto 1). En uno de los más de 200 kupelys preparados en la provincia de Moscú (foto 2), cerca de su dacha-bunker, hizo la caminata "regeneradora" de la Teofanía vistiendo pantalones de baño, casi como para aceptar el "desafío deportivo" de su oponente Aleksej Navalny, que acababa de regresar para cuestionar su autoridad.

La fiesta litúrgica fue de hecho una nueva oportunidad para reafirmar la singularidad de la sociedad rusa frente a quienes quisieran "destruirla", como declaró una vez más el Ministro de Relaciones Exteriores Sergei Lavrov. Exaltando la cultura religiosa de Rusia, Lavrov declaró que se está llevando a cabo un plan para arruinar la pureza de su Ortodoxia, en particular con la complicidad del Patriarcado de Constantinopla, al que se dice que los americanos han ofrecido muchos fondos para provocar un cisma con los rusos. Un miembro de la Comisión Sinodal de Liturgia, el proto-diácono y profesor de historia Vladimir Vasilik, ha especulado que incluso el cismático de los Urales, Sergius Romanov, es en realidad un agente americano, que trabaja para dividir la Iglesia rusa desde dentro.

Las afirmaciones de orgullo nacional-religioso suelen ir acompañadas de los ritos del Bautismo, que sólo en Rusia se asocian a los máximos rigores del invierno, tanto que se les llama "las heladas del Bautismo". Este año, el “audaz” gesto de devoción adquiere un valor aún más simbólico, para afirmar el poder de la fe contra las debilidades del cuerpo y los ataques del virus (foto 4)..

En realidad, algunos jerarcas como el Metropolita Ilarion (Alfeev) advirtieron que no era aconsejable arriesgar la salud que ya estaba debilitada en este difícil período, y en muchas zonas, especialmente las más septentrionales, se suspendieron las inmersiones sagradas por orden de los obispos locales. Las autoridades sanitarias también emitieron comunicados recomendando no participar del rito. A los que decidieron someterse al ritual se les recordó que deben "comer mucho antes, no abusar del alcohol, no permanecer en el agua más de un minuto; los que se sumergen deben vacunarse una semana antes o una semana después". Las inmersiones en las kupely se efectuaron "respetando el distanciamiento social". Esto sumó dificultades, ya que hubo que esperar más tiempo en la cola, en medio de un frío polar.

El Patriarca Kirill se limitó a celebrar la liturgia bautismal en la Catedral de Cristo Salvador en Moscú, recordando que "el Espíritu Santo no transforma al hombre en un superhombre, pero le abre la posibilidad de entrar en comunión con Dios y apoyarse en su poder, para obtener la salvación". Sin embargo, también en Moscú se prepararon siete kupely, en las que se sumergieron más de 3 mil fieles. Mucho más intensa fue la devoción de la gente de San Petersburgo, donde casi 15 mil fieles acudieron a los Kupely de la ciudad. El mayor ejemplo de "devoción extrema" fue el de 500 marineros establecidos en el Golfo de Amur, próximo a las costas de Japón, cerca de la ciudad de Vladivostok. Un sacerdote local, el padre Oleg, bendijo las aguas heladas (a  una temperatura de -20 grados) de las costas del Océano Pacífico (foto 3), y toda la flota se sumergió entonces detrás del vicealmirante Sergei Rekish, seguido de los miembros de sus familias y los residentes de Vladivostok, en el kupel preparado gracias a un sistema de poleas y puentes.

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