09/06/2019, 15.07
VATICANO
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Papa:El Espíritu Santo es la primera y última necesidad de la Iglesia

En la misa de Pentecostés, el Papa Francisco subraya que el Espíritu “cambia la vida” de la Iglesia. Él crea “la armonía dentro del hombre” y “también afuera, entre los hombres”. “Sin el Espíritu Santo Jesús permanece como un personaje del pasado, con el Espíritu es persona viva hoy; sin el Espíritu la Escritura es letra muerta, con el Espíritu es Palabra de vida. Un cristianismo sin el Espíritu es un moralismo sin alegría; con el Espíritu es vida”. “Sin el Espíritu la Iglesia es una organización, la misión propaganda, la comunión un esfuerzo” “Recemos cada día”. Un pedido por la paz en Sudán.

 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews)- “El Espíritu Santo es la primera y última necesidad de la Iglesia”: esta frase de san Pablo VI es la síntesis de la homilía que el Papa Francisco pronunció esta mañana en la plaza de san Pedro en la misa de la solemnidad de Pentecostés, junto a decenas de cardenales, obispos y sacerdotes.

Tomando el ejemplo de los apóstoles, que de personas miedosas, ahora “ahora ya no tienen miedo de morir”; de silenciosos, ahora “ ahora hablan con parresia (valentía)”; de  “encerrados en el Cenáculo, ahora salen a anunciar a todas las gentes”, el pontífice afirma que el Espíritu Santo “es la persona más concreta, más cercana, aquella que nos cambia la vida”.

El Espíritu cambia creando ante todo “armonía dentro del hombre:  “es una armonía tan profunda que puede cambiar las las persecuciones en Bienaventuranzas”. Él nos libra del “nerviosismo”. “Hoy, con las prisas que nos impone nuestro tiempo, parece que la armonía está marginada: reclamados por todas partes, corremos el riesgo de estallar, movidos por un continuo nerviosismo que nos hace reaccionar mal a todo. Y se busca la solución rápida, una pastilla detrás de otra para seguir adelante, una emoción detrás de otra para sentirse vivos. Pero lo que necesitamos sobre todo es el Espíritu: es Él quien pone orden en el frenesí. Él es la paz en la inquietud, la confianza en el desánimo, la alegría en la tristeza, la juventud en la vejez, el valor en la prueba”.

“Sin el Espíritu, Jesús sigue siendo un personaje del pasado, con el Espíritu es una persona viva hoy; sin el Espíritu la Escritura es letra muerta, con el Espíritu es Palabra de vida. Un cristianismo sin el Espíritu es un moralismo sin alegría; con el Espíritu es vida”.

El Espíritu Santo no solo trae armonía “dentro”, sino también “fuera, entre los hombres”: es capaz de crear unidad entre personas “diversas”, sin aplanar, sin homologar”.

En el mundo marcado por las “desarmonías” convertidas en verdaderas y propias “divisiones”, “necesitamos el Espíritu de unidad, que nos regenere como Iglesia, como Pueblo de Dios y como humanidad fraterna... El Espíritu Santo, reúne a los distantes, une a los alejados, trae de vuelta a los  dispersos. Mezcla diferentes tonos en una sola armonía, porque ve sobre todo lo bueno, mira al hombre antes que sus errores, a las personas antes que sus acciones. El Espíritu plasma a la Iglesia y al mundo como lugares de hijos y hermanos. Hijos y hermanos... El que vive según el Espíritu, ... lleva paz donde hay discordia, concordia donde hay conflicto. Los hombres espirituales devuelven bien por mal, responden a la arrogancia con mansedumbre, a la malicia con bondad, al ruido con el silencio, a las murmuraciones con la oración, al derrotismo con la sonrisa.

“Para ser espirituales, concluyó-, para gustar la armonía del Espíritu, debemos poner su mirada por encima de la nuestra. Entonces todo cambia: con el Espíritu, la Iglesia es el Pueblo santo de Dios; la misión, el contagio de la alegría; los otros hermanos y hermanas, amados por el mismo Padre. Pero sin el Espíritu, la Iglesia es una organización; la misión, propaganda; la comunión, un esfuerzo. El Espíritu es la primera y última necesidad de la Iglesia (cfr. S. PABLO VI, Audiencia general, 29 noviembre 1972). Él «viene donde es amado, donde es invitado, donde se lo espera» (S. BUENAVENTURA, Sermón del IV domingo después de Pascua). Recémosle todos los días. Espíritu Santo, armonía de Dios, tú que transformas el miedo en confianza y la clausura en don, ven a nosotros. Danos la alegría de la resurrección, la juventud perenne del corazón. Espíritu Santo, armonía nuestra, tú que nos haces un solo cuerpo, infunde tu paz en la Iglesia y en el mundo.

“Haznos artesanos de concordia, sembradores de bien, apóstoles de esperanza”.

Al final de la comunión y antes del canto y de la oración pascual de la Regina Caeli, Francisco lanzó un breve pedido por la situación en Sudán, donde la población, que rechazó al dictador Omar al Bashir, que se encuentra hoy contrarrestando al ejército que tomó el poder. “Provocan dolor y preocupación- dijo el Papa- las noticias que nos llegan en estos días de Sudán. Recemos por este pueblo, para que cesen las violencias y se busque el bien común en el diálogo”

El pontífice también recordó que ayer en Cracovia, fue confirmado el culto del beato Miguel Giedroyc, laico agustiniano del siglo XV, “modelo de humildad y de caridad evangélica”. El nuevo beato era lituano, pero trabajó en Cracovia. En la ceremonia han participado obispos polacos y lituanos. “Este evento- comentó Francisco- alienta a los polacos y a los lituanos fortaleciendo las relaciones en el signo de la fe y de la veneración al Beato Miguel”.

 

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