12/05/2014, 00.00
VATICANO
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Papa: y ¿si mañana un marciano me pidiese el bautismo?

No se pueden poner límites al Espíritu Santo que hace "ir adelante" a la Iglesia, también por caminos del todo nuevos y no se le puedan cerrarle las puertas. "cuando el Señor nos hace ver al camino, quiénes somos nosotros para decir "No, Señor ¡no es prudente! ¡No, hagamos así!".

Ciudad del Vaticano (AsiaNews)- El Espíritu Santo hace "ir adelante" a la Iglesia, también en caminos del todo nuevos y no se le pueden cerrar las puertas: ¿qué sucedería "si mañana viniese una expedición de marcianos" y uno me pidiese el bautismo? La pregunta fue hacha esta mañana durante la misa celebrada en la casa S. Marta para denunciar la tentación de "dirigir" una indicación que viene de Dios.

El Papa, refiere la Radio Vaticana, comentaba el pasaje del Evangelio y Pedro es testigo ocular del descenso del Espíritu Santo sobre ellos, pero antes duda tener contacto con lo que había considerado "impuro" y luego sufre duras críticas de los cristianos de Jerusalén, escandalizados por el hecho que su jefe había comido con los "no circuncidados" y los habría hasta bautizado.

"Es una cosa que no se podía pensar aquella". "Si mañana viniese una expedición de marcianos, por ejemplo, y algunos de ellos viniesen a vernos, y...marciano, ¿no? Verdes con esa nariz larga y grande orejas, como los pintan los niños...Y uno de ellos me dijese: "Pero yo, quiero el bautismo", ¿Qué sucedería?"

Pedro comprende el error cuando una visión lo ilumina una verdad fundamental: lo que fue purificado por Dios no puede ser llamado "profano" por nadie. Y en el narrar estos hechos a la multitud que lo critica, el apóstol clama a todos con esta afirmación: "Si entonces Dios a ellos el mismo don que nos dio a nosotros, para haber creído en el Señor Jesús, ¿quién soy yo para poner un impedimento a Dios?

"Cuando el Señor nos hace ver el camino, ¿Quiénes somos nosotros para decir: NO, Señor, no es prudente!? ¡No, hagamos así!... Y Pedro en aquella primera diócesis- la primera diócesis fue Antioquía- toma esta decisión: ¿Quién soy yo para poner impedimentos?". Una hermosa palabra para los obispos, para los sacerdotes y también para los cristianos. Pero, ¿Quiénes somos nosotros para cerrar puertas? En la Iglesia antigua, hasta hoy, está siempre ese ministerio del hostiario (portero). Y, ¿qué hacía el hostiario? Abría las puertas, recibía a la gente, la hacía pasar. Pero, ¡Jamás existió el ministerio del que cierra la puerta, jamás!

También hoy Dios ha dejado la guía de la Iglesia "en las manos del Espíritu Santo". "El Espíritu Santo es aquel, como dice Jesús nos ha enseñado". "El Espíritu Santo es la presencia viva de Dios en la Iglesia". ES aquel que hace caminar a la Iglesia". "Siempre más, más allá de los límites, más adelante". El Espíritu con sus dones guía a la Iglesia. No se puede entender a la Iglesia sin este Paráclito, que el Señor nos envía del cielo para esto. Y hace estas elecciones impensables, ¡Pero impensables! Para usar una palabra de S. Juan XXIII: "Es propiamente el Espíritu Santo que actualiza a la Iglesia: realmente, justamente la actualiza y la hace ir para adelante". Y nosotros cristianos debemos pedir al Señor la gracia de la docilidad al espíritu Santo. La docilidad a este Espíritu santo, que nos habla en las circunstancias de la vida, nos habla en la vida eclesial, en la comunidad cristiana, nos habla siempre". 

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