24/03/2019, 13.45
VATICANO
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Papa: las posibilidades para convertirse no son ilimitadas: hay que aprovecharlas de inmediato

Hoy se celebra la Jornada en memoria de los misioneros mártires: “a lo largo del 2018, en todo el mundo, numerosos obispos, sacerdotes, religiosas y fieles laicos han sufrido la violencia; fueron asesinados cuarenta misioneros, casi el doble, en comparación con el año anterior.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – La misericordia de Dios nos da tiempo para convertirnos, pero “la posibilidad de conversión no es ilimitada; por tanto, es necesario aprovecharla enseguida; de lo contrario, esta se habrá perdido para siempre”. Es la advertencia que el Papa Francisco toma de la parábola de la higuera estéril, contenida en el Evangelio de hoy, que fue comentada antes del rezo del Ángelus.

Dirigiéndose a las 20.000 personas presentes en la plaza San Pedro para el rezo de la oración mariana, el Papa también recordó que hoy se celebra la Jornada en memoria de los misioneros mártires y que “a lo largo del 2018, en todo el mundo, numerosos obispos, sacerdotes, religiosos y fieles han sufrido la violencia; fueron asesinados cuarenta misioneros, casi el doble, en comparación con el año anterior. Recordar este calvario contemporáneo, de los hermanos y hermanas que son perseguidos o asesinados a causa de su fe en Jesús –dijo- es un deber para toda la Iglesia, como gratitud, pero también un estímulo para testimoniar con coraje nuestra fe, y nuestra esperanza en Aquél que en la Cruz, con su amor, venció el odio y la violencia para siempre”.   

Previo a ello, Francisco había recordado que en la parábola narrada por Jesús, un hombre ha plantado una higuera en su viña, pero dado que no produce frutos, él decide cortarla. Pero el campesino al que le encomienda la tarea le pide al patrón que tenga paciencia y le solicita una prórroga de un año. “El patrón –resaltó Francisco- representa a Dios Padre y el viñador es la imagen de Jesús, mientras que la higuera es símbolo de la humanidad indiferente y árida. Jesús intercede ante el Padre en favor de la humanidad, así lo hace siempre, y le ruega esperar y concederle más tiempo, para que en ella puedan brotar frutos de amor y de justicia. La higuera, que el patrón de la parábola quiere arrancar, representa una existencia estéril, incapaz de entregarse, de hacer el bien. Es el símbolo de aquél que solo vive para sí mismo, saciado y tranquilo, tendido en sus comodidades, incapaz de dirigir la mirada y el corazón a cuantos lo rodean y se encuentran en situaciones de sufrimiento, pobreza y angustia. A esta actitud de egoísmo y de esterilidad espiritual, se contrapone el gran amor del viñador por la higuera: tiene paciencia, sabe esperar, le dedica su tiempo y su trabajo. Le promete al patrón que cuidará especialmente de este árbol desdichado”.

 

“Esta metáfora manifiesta la misericordia de Dios, que nos otorga tiempo para la conversión. Todos necesitamos convertirnos y Dios tiene paciencia y nos ofrece la posibilidad de cambiar y de progresar por el camino del bien. Pero el aplazamiento, implorado y concedido, a la espera de que el árbol finalmente dé frutos, señala también la urgencia de la conversión. El viñador le dice al patrón: «Déjala aún este año» (v. 8). La posibilidad de conversión no es ilimitada; por tanto, es necesario aprovecharla enseguida; de lo contrario se la habrá perdido para siempre”. Hoy, debemos  pensar qué debemos hacer esta Cuaresma para convertirnos, y no puedo decir que lo haré en la próxima Cuaresma. “¿Acaso estarás vivo en la próxima Cuaresma?”. “Podemos encomendarnos grandemente a la misericordia de Dios, pero sin abusar de ella. No debemos justificar la pereza espiritual, sino incrementar nuestro compromiso para corresponder solícitamente a este misericordia, con un corazón sincero”.

 “En el tiempo de Cuaresma, el Señor nos invita a la conversión. Cada uno de nosotros debe sentirse interpelado por esta llamada, corrigiendo algo en la propia vida, en el modo de pensar, de actuar y de vivir las relaciones con el prójimo. Al mismo tiempo, debemos imitar la paciencia de Dios, que tiene confianza en la capacidad que todos tienen de poder ‘levantarse otra vez’, de retomar el camino. Él no apaga la llama débil, sino que acompaña y cuida de quien es débil, para que se fortalezca y contribuya con amor a la comunidad. Que la Virgen María –concluyó- nos ayude a vivir estos días de preparación para la Pascua como un tiempo de renovación espiritual y de confiada apertura a la gracia de Dios y a su misericordia”.  

Luego del rezo del Ángelus, Francisco recordó que desde el 27 de febrero “en Nicaragua se están desarrollando importantes coloquios para resolver la crisis socio-política que atraviesa el país. Acompaño con la oración la iniciativa y aliento a las partes a hallar lo antes posible una solución pacífica, por el bien de todos”.

Por último, el Papa recordó que mañana irá a Loreto y que allí firmará el documento que surgió como fruto del Sínodo de Jóvenes.  

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