12/01/2021, 15.29
VATICANO
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Papa: la relación personal entre el enfermo y quienes lo cuidan es necesaria

En el Mensaje de la XXIX Jornada Mundial del Enfermo, Francisco recuerda que la salud es un bien común primario. La pandemia ha mostrado carencias en los sistemas de salud, y no siempre los ancianos y los más vulnerables tienen garantizado el acceso a la atención de manera equitativa. Al mismo tiempo, la pandemia también ha puesto en evidencia la dedicación y generosidad de muchas personas.

 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - La enfermedad despierta en la persona una pregunta sobre el sentido de la vida, y la fe puede darle una respuesta, que incluye la cercanía con el otro, el compartir su sufrimiento, que tantas veces mostró Jesús. La pandemia ha mostrado las limitaciones y carencias de los sistemas de salud, así como el egoísmo político y humano, pero también puso en evidencia la dedicación de muchas personas que atienden a los enfermos y la necesidad de construir una relación de confianza entre el paciente y quienes lo cuidan.

Así lo subraya el Papa Francisco en el mensaje para la XXIX Jornada Mundial del Enfermo, que, como es habitual, se celebrará el 11 de febrero, memoria litúrgica de la Virgen María de Lourdes. El mensaje fue publicado hoy y se titula "Uno solo es su Maestro y todos ustedes son hermanos (Mt 23: 8). La relación de confianza, fundamento del cuidado del enfermo".

El mensaje comienza diciendo que está dedicado a “quienes sufren en todo el mundo los efectos de la pandemia del coronavirus. A todos, especialmente a los más pobres y marginados, les expreso mi cercanía espiritual, al mismo tiempo que les aseguro la solicitud y el afecto de la Iglesia.".

“La experiencia de la enfermedad -hace que sintamos nuestra propia vulnerabilidad y, al mismo tiempo, la necesidad innata del otro. Nuestra condición de criaturas se vuelve aún más nítida y experimentamos de modo evidente nuestra dependencia de Dios. Efectivamente, cuando estamos enfermos, la incertidumbre, el temor y a veces la consternación, se apoderan de la mente y del corazón; nos encontramos en una situación de impotencia, porque nuestra salud no depende de nuestras capacidades o de que nos “angustiemos” (cf. Mt 6,27).La enfermedad impone una pregunta por el sentido, que en la fe se dirige a Dios; una pregunta que busca un nuevo significado y una nueva dirección para la existencia, y que a veces puede ser que no encuentre una respuesta inmediata. Nuestros mismos amigos y familiares no siempre pueden ayudarnos en esta búsqueda trabajosa”.

La pandemia "ha sacado a la luz muchas deficiencias en los sistemas de salud y deficiencias en la asistencia a las personas enfermas. El acceso a la atención no siempre está garantizado para las personas mayores, los más débiles y vulnerables, y no siempre es justo. Esto depende de las opciones políticas, la forma en que se gestionan los recursos y el compromiso de quienes ocupan puestos de responsabilidad. La inversión de recursos en la atención y asistencia de los enfermos es una prioridad vinculada al principio de que la salud es un bien común primordial ”.

La pandemia “ha sacado a la luz numerosas insuficiencias de los sistemas sanitarios y carencias en la atención de las personas enfermas. Los ancianos, los más débiles y vulnerables no siempre tienen garantizado el acceso a los tratamientos, y no siempre es de manera equitativa. Esto depende de las decisiones políticas, del modo de administrar los recursos y del compromiso de quienes ocupan cargos de responsabilidad. Invertir recursos en el cuidado y la atención a las personas enfermas es una prioridad vinculada a un principio: la salud es un bien común primario”.

“Al mismo tiempo, la pandemia ha puesto también de relieve la entrega y la generosidad de agentes sanitarios, voluntarios, trabajadores y trabajadoras, sacerdotes, religiosos y religiosas que, con profesionalidad, abnegación, sentido de responsabilidad y amor al prójimo han ayudado, cuidado, consolado y servido a tantos enfermos y a sus familiares”. Todos ellos, “por el hecho de pertenecer a la misma familia humana” han ovrecido esa cercanía “que brinda apoyo y consuelo a quien sufre en la enfermedad. Como cristianos - agrega Francisco - vivimos la projimidad como expresión del amor de Jesucristo, el buen Samaritano, que con compasión se ha hecho cercano a todo ser humano, herido por el pecado”.

El documento se detiene, por último, en la importancia del “aspecto relacional” entre el enfermo y quien lo atiende. “Para que haya una buena terapia - afirma el documento - es decisivo el aspecto relacional, mediante el que se puede adoptar un enfoque holístico hacia la persona enferma. Dar valor a este aspecto también ayuda a los médicos, los enfermeros, los profesionales y los voluntarios a hacerse cargo de aquellos que sufren para acompañarlos en un camino de curación, gracias a una relación interpersonal de confianza (cf. Nueva Carta de los agentes sanitarios [2016], 4). Se trata, por lo tanto, de establecer un pacto entre los necesitados de cuidados y quienes los cuidan; un pacto basado en la confianza y el respeto mutuos, en la sinceridad, en la disponibilidad, para superar toda barrera defensiva, poner en el centro la dignidad del enfermo, tutelar la profesionalidad de los agentes sanitarios y mantener una buena relación con las familias de los pacientes”.

“Precisamente esta relación con la persona enferma encuentra una fuente inagotable de motivación y de fuerza en la caridad de Cristo, como demuestra el testimonio milenario de hombres y mujeres que se han santificado sirviendo a los enfermos”.

“El mandamiento del amor, que Jesús dejó a sus discípulos - termina diciendo Francisco - encuentra una realización concreta en la relación con los enfermos. Una sociedad es tanto más humana cuanto más sabe cuidar a sus miembros frágiles y que más sufren, y sabe hacerlo con eficiencia animada por el amor fraterno. Caminemos hacia esta meta, procurando que nadie se quede solo, que nadie se sienta excluido ni abandonado”.

 

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