24/01/2020, 17.14
VATICANO
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Papa: la envidia es la semilla de la guerra, pero Dios nos muestra que es una pompa de jabón

En el “parloteo consigo mismo”, el envidioso “es incapaz de ver la realidad”, y solo “un hecho muy fuerte” puede abrirle los ojos. “Y al final, es una gracia de Dios cuando el celoso se topa con una realidad, como le sucedió a Saúl: los celos estallan como una pompa de jabón, porque los celos y la envidia no tienen consistencia”.

 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – La carcoma de la envidia y los celos “nos lleva a juzgar mal a la gente” y “siembra una guerra”, un “parloteo” con nosotros mismos que mata al otro. Pero esperemos que el Señor siempre nos conceda la gracia de entender que esto “no tiene consistencia”, y que acabe como “una pompa de jabón”. Son las palabras que pronunció Francisco en la homilía de la misa celebrada este mañana en la Casa Santa Marta. El punto de partida fue la Primera Lectura, que describe cómo se hinchan los celos del rey Saúl hacia David.

La envidia del rey, descrita en el primer Libro de Samuel, surge del canto de victoria de los jóvenes, por Saúl, que ha matado a mil enemigos, mientras que David ha dado muerte a diez mil. Así comienza “la inquietud de los celos”, es como “una carcoma que te erosiona desde adentro”. Así, “Saúl sale con el ejército para matar a David”. “Los celos son criminales - dijo Francisco - siempre tratan de matar”. Y a quien dice “Sí, tengo celos de aquél, pero no soy un asesino”, cabe recordar: “ahora. Pero si continúas, la cosa puede terminar mal”. Porque se puede matar fácilmente “con la lengua, con la calumnia”. 

La envidia, continuó Francisco, crece “cuando uno habla consigo mismo”. En el “parloteo consigo mismo”, el celoso “es incapaz de ver la realidad”, y solamente “un hecho muy fuerte” puede abrirle los ojos. De la misma manera, en la fantasía de Saúl, “la envidia lo llevó a creer que David era un asesino, un enemigo”. “Lo mismo nos sucede a nosotros cuando nos toma la envidia, los celos…¡hacemos lo mismo, eh! Que cada uno de nosotros piense: ‘¿Por qué esta persona me resulta insoportable? ¿Por qué no quiero ni ver a esta otra? Es que esa otra persona…’. Que cada uno de nosotros piense el por qué. Muchas veces buscaremos el por qué y hallaremos que son meras fantasías nuestras. Fantasías que, sin embargo, crecen en ese parloteo con uno mismo”.  “Y al final, es una gracia de Dios cuando el celoso se topa con una realidad, como le sucedió a Saúl: los celos estallan como una pompa de jabón, porque los celos y la envidia no tienen consistencia”.

El Papa subrayó que la salvación de Saúl está en el amor de Dios, que “le había dicho que si no obedecía, le quitaría el reino, pero que lo amaba”. Y así, “le concede la gracia de hacer estallar esa pompa de jabón que no tenía consistencia”. 

Saúl va a “hacer sus necesidades” y entra a la caverna donde David y los suyos se ocultan. Los amigos le dicen a David que aprovechen la oportunidad para matar al rey, pero él se niega: “jamás pondré mis manos sobre el ungido del Señor”. Se destaca “la nobleza de David, frente a los celos asesinos de Saúl” De esta forma, en silencio, corta un trozo de tela del borde del manto del rey, “y se lo lleva consigo”.

Entonces, David sale de la caverna y llama a Saúl, con respeto: “Oh mi rey y señor”, y lo hace aún sabiendo que “él trata de matarlo”. Y le dice: “¿Por qué escuchas la voz de quien dice: ‘He aquí David, ¿buscas tu mal?. Y le deja ver el borde del manto: “Yo podría haberte matado. Pero no lo hice”. Esto, resaltó el Papa, “hace que estalle la pompa de jabón de la envidia de Saúl”, que entonces reconoce a David “como si fuera un hijo, y vuelve a la realidad”, diciendo: “Tú eres más justo que yo, porque me has hecho el bien, mientras que yo te hice daño”. 

“Es una gracia - comentó Francisco - cuando el envidioso, el celoso se topa con una realidad que hace estallar esa burbuja de jabón que es el vicio de los celos y la envidia”. Y cuando somos antipáticos con una persona, cuando no la apreciamos, debemos  preguntarnos: ¿Qué hay dentro de mí? ¿Es la carcoma de la envidia que crece, porque esta persona tiene algo que yo no tengo, o hay un enojo escondido? Debemos proteger nuestro corazón de esta enfermedad, de este parloteo con uno mismo, que hace crecer esta burbuja de jabón que luego demuestra no tener consistencia, pero que sin embargo hace tanto daño. Y también, cuando alguien viene a “hablarnos mal de otra persona”, debemos hacerle entender que muchas veces, no está hablando con calma, sino con “pasión”. Y en esa pasión “está el mal de la envidia y el mal de los celos”. “Estemos atentos, porque esto es un gusano que entra en el corazón de todos nosotros - ¡de todos! - y nos lleva a juzgar mal a la gente, porque allí dentro hay una rivalidad: él tiene algo que yo no tengo. Y así comienza la rivalidad. Nos lleva a descartar a la gente, nos lleva a una guerra; a una guerra doméstica, a una guerra de vecindarios, a una guerra por los puestos de trabajo. Pero precisamente en el origen está la semilla de una guerra: la envidia y los celos”. 

Estemos atentos, concluyó, “cuando sintamos esta antipatía por alguien” y “pidamos al Señor la gracia de tener un corazón transparente como el de David. Un corazón transparente que solamente busca la justicia, la paz. Un corazón amigable, un corazón que no quiete matar a nadie, porque los celos y la envidia matan”. 

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