25/12/2018, 11.54
VATICANO
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Papa: es Navidad si superamos el egoísmo que hace que pocos tengan tanto y muchos, tan poco

En la misa de la noche de Navidad, Francisco advierte que “el hombre se ha vuelto ávido y voraz. Tener, llenarse de cosas para muchos parece ser el sentido de la vida. Una insaciable codicia atraviesa la historia humana hasta llegar a las paradojas de hoy, cuando son pocos los que festejan generosamente y demasiados, los que no tienen siquiera el pan para vivir”. 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – “Ir a Belén”, como hicieron los pastores en la noche en la que nació Jesús. Pero para ir donde Jesús, hay que superar un camino “de subida”, “superar la cima del egoísmo”, no resbalar “en los barrancos de la mundanidad y del consumismo”. Y de la codicia, por la cual hoy “pocos festejan generosamente y demasiados no tienen siquiera el pan para vivir”. Ir donde Jesús como aquella noche hicieron los pastores,  fue la invitación de Papa Francisco en la misa de la noche de Navidad, celebrada en la Basílica de San Pedro.

Belén significa “casa del pan”. A esta “casa”, hoy nos llama a venir, hoy, el Señor de la humanidad. Él sabe que necesitamos comida para vivir y que “los nutrientes del mundo no sacian el corazón”. En la Escritura, el pecado original es asociado al fruto prohibido, a tomar una comida: “Lo cogió y lo comió. El hombre se volvió ávido y voraz. Tener, llenarse de cosas, para muchos parece ser el sentido de la vida. Una insaciable codicia atraviesa la historia humana, hasta las paradojas de hoy, cuando pocos festejan generosamente, y demasiados no tienen siquiera el pan para vivir”.

En Belén, en cambio, “descubrimos que la vida de Dios corre por las venas de la humanidad. Si la recibimos, la historia cambia a partir de cada uno de nosotros. Porque cuando Jesús cambia el corazón, el centro de la vida ya no es más mi yo hambriento y egoísta, sino Él, que nace y vive por amor. Llamados esta noche a subir a Belén, casa del pan, al entrar en la gruta, al percibir en la tierna pobreza del Niño una nueva fragancia de vida, la de la simplicidad, preguntémonos: ¿de verdad necesito de muchas cosas, de recetas complicadas para vivir? ¿Logro prescindir de tantos acompañamientos superfluos, para optar por una vida más simple? En Belén, junto a Jesús, vemos a gente que ha caminado, como María, José y los pastores. Jesús es el Pan del camino. No le agradan las digestiones pesadas, largas y sedentarias, sino que pide levantarse rápido de la mesa para servir, como panes que se parten para los demás. Preguntémonos: en Navidad, ¿parto mi pan con quien no lo tiene?”.

Nuestra vida puede ser una espera, que incluso en la noche de los problemas, se encomienda al Señor y lo desea; entonces recibirá su luz. O bien puede ser una pretensión, donde sólo cuentan las propias fuerzas y los propios medios; pero en este caso, el corazón permanece cerrado a la luz de Dios. “Al Señor le gusta ser esperado, y uno no puede esperarlo tendido en un diván, durmiendo. De hecho, los pastores se mueven: salieron sin dilación”.

Ir a Belén, “porque es allí donde me esperas. Y darme cuenta de que Tú, recostado en un pesebre, eres el pan de mi vida. Necesito de la fragancia tierna de tu amor para ser, a mi vez, pan que se parte para el mundo. Cárgame sobre tus hombros, Buen Pastor: al ser amado por ti, también yo podré amar y tomar de la mano a los hermanos. Entonces será Navidad, cuando pueda decirte: ‘Señor, Tú lo sabes todo, sabes que te amo’ (cfr. Juan 21,17)”.

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