10/12/2019, 12.41
VATICANO
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Papa: el Buen Pastor consuela, pero también castiga a su pueblo, y lo hace con ternura

“Cuántas veces nos lamentamos, y cuántas veces pensamos que nuestros pecados, nuestros límites, no pueden ser perdonados. Y es ahí cuando viene la voz del Señor que nos dice : ‘Yo te consuelo, yo estoy cerca de ti’, y nos toma con ternura. El Dios poderoso, que ha creado el cielo y al tierra, el Dios-héroe, para usar palabras simples, es nuestro hermano, que se dejó llevar hasta la cruz para morir por nosotros, es capaz de acariciarnos y decir: ‘No llores’. 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – El Señor consuela, pero también corrige a su pueblo, y siempre lo hace con la ternura de un padre, de un pastor, que “carga a los corderos contra su pecho, y conduce suavemente a las ovejas que han sido madres”. Es lo que ha dicho el Papa Francisco en la homilía de la misa celebrada esta mañana en la Casa Santa Marta, para responder a las preguntas: “¿Cómo consuela, cómo corrige el Señor?”, que surgieron del pasaje del Libro de la consolación de Israel, del profeta Isaías, que se abre -subrayó el Papa - con un “anuncio de esperanza”. “Consuelen, consuelen a mi pueblo”, son las palabras de Dios que cita el profeta, “habla al corazón de Jerusalén, y grítale que su tribulación ha llegado a su fin, que su culpa ha sido saldada”. 

“El Señor nos consuela siempre que nos dejemos consolar”. Dios “corrige con la consolación, ¿pero cómo lo hace? Esto lo señala otro pasaje de Isaías, el que habla del Señor como buen pastor, que “con su brazo” reúne al rebaño, “lleva a los corderitos contra el pecho” y con suavidad, conduce a las ovejas que han dado a luz”. “¡Este -comenta - es un pasaje de ternura! ¿Cómo consuela el Señor? Con ternura. ¿Cómo corrige el Señor? Con ternura. ¿Cómo castiga el Señor? Con ternura”. “¿Te imaginas sobre el pecho del Señor, luego de haber pecado?”. 

“El Señor conduce, el Señor guía a su pueblo, el Señor corrige; incluso diría: el Señor castiga con ternura. Es la ternura de Dios, son las caricias de Dios. No es una actitud didáctica o diplomática de Dios: es algo que viene de sus entrañas, es la alegría que Él siente cuando un pecador se acerca. Y la alegría lo vuelve tierno”.

Francisco recordó “la parábola del Hijo Pródigo”, el papá ve al hijo “de lejos”: y esto es porque lo esperaba, “salía a la terraza para ver si su hijo regresaba. Un corazón de padre”. Y cuando el hijo llega y comienza “con ese discurso de arrepentimiento”, él le tapa la boca y hace una fiesta. “La cercanía tierna del Señor”. En el Evangelio, regresa el pastor que tiene cien ovejas y ve que una se ha perdido. “¿Acaso no dejará a las 99 en el monte e irá a buscar a la que se ha perdido?” Y “si consigue encontrarla, se alegrará mucho más por ella que por las 99 que no se han perdido”. Esta es “la alegría del Señor frente al pecador”, “frente a nosotros, cuando nos dejamos perdonar, cuando nos acercamos a Él para que nos perdone”. Una alegría que “se transforma en ternura, y esa ternura nos consuela”. 

“Muchas veces  – continuó el Papa - nos quejamos de las dificultades que tenemos: el diablo quiere que caigamos en un ánimo de tristeza”, que nos sintamos “amargados por la vida” o “por nuestros pecados”. “Conocí a una persona consagrada a Dios a quien llamaban ‘Queja’, porque no hacía otra cosa que quejarse”, era “el premio Nobel de las quejas”.  “Cuántas veces nos lamentamos, y cuántas veces pensamos que nuestros pecados, nuestros límites, no pueden ser perdonados. Y ahí, viene la voz del Señor que nos dice : ‘Yo te consuelo, yo estoy cerca de ti’, y nos toma con ternura. El Dios poderoso, que ha creado el cielo y al tierra, el Dios-héroe, para usar palabras simples, es nuestro hermano, que se dejó llevar hasta la cruz para morir por nosotros, es capaz de acariciarnos y decir: ‘No llores’”.

“Con cuánta ternura habrá acariciado el Señor a la viuda de Naín cuando le dijo: ‘No llores’ - prosiguió Francisco. Porque “ese sí que era un desastre”, “Tenemos que creer en este consuelo del Señor”, ya que después “está la gracia” del perdón. “Padre, tengo tantos pecados, son tantos los errores que cometí en la vida’  – ‘Pero déjate consolar’ – ‘¿Y quién me consuela?’ – ‘El Señor’ – ‘¿Y dónde debo ir?’ – ‘A pedir perdón: vé, ¡ve ya mismo! Sé valiente. Abre la puerta. Y Él te acariciará’. Él se acercará con la ternura de un padre, de un hermano: como un pastor que lleva a pacer a su rebaño y lo reúne con su brazo, carga a los corderitos contra su pecho y conduce dulcemente a las ovejas madres, así nos consuela el Señor”. 

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