10/02/2019, 13.09
VATICANO
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Papa: Una oración a Santa Josefina Bakhita, contra la trata de personas

En el Ángelus, el Papa Francisco pide a los gobiernos afrontar “con decisión” las causas de la  trata.  Y solicita a todos “colaborar, denunciando los casos de explotación y esclavitud”. Jesús ayudó a Pedro y a sus colegas pescadores “a no caer víctimas de la decepción y del desaliento ante las derrotas”. Los abrió a volverse anunciadores y testigos de la palabra y del reino de Dios”. En el Ángelus, el Papa Francisco pide a los gobiernos afrontar “con decisión” las causas de la  trata.  Y solicita a todos “colaborar, denunciando los casos de explotación y esclavitud”. Jesús ayudó a Pedro y a sus colegas pescadores “a no caer víctimas de la decepción y del desaliento ante las derrotas”. Los abrió a volverse anunciadores y testigos de la palabra y del reino de Dios”. 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – Una oración a Santa Josefina Bakhita, para que ayude “a todos aquellos que se encuentran atrapados en la esclavitud”, víctimas de la trata de personas. Es la propuesta que el Papa Francisco hizo hoy a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro para el rezo del Ángelus. La santa, siendo niña, fue vendida como esclava y luego liberada por su amo, un italiano. Entonces se volvió religiosa canossiana en Venecia, para luego vivir en Schio (Vicenza). Con ocasión de su fiesta, que se celebra el 8 de febrero, se llevó a cabo la quinta “Jornada Mundial contra la Trata de Personas”, bajo el título “Unidos contra la trata”.

“Es una invitación –dijo el Papa- para aunar fuerzas a fin de vencer este desafío. Agradezco a todos aquellos que combaten en este frente, particularmente a tantas religiosas. Hago un especial llamamiento a los gobiernos, para que se afronten con decisión las causas de semejante flagelo y para que las víctimas sean protegidas. Sin embargo, todos podemos y debemos colaborar, denunciando los casos de explotación y esclavitud de hombres, mujeres y niños. La oración es la fuerza que sostiene nuestra labor común”.

Junto a los peregrinos, Francisco luego rezó la oración, que fue distribuida a todas las personas presentes en la plaza.

Previo a ello, él había comentado el Evangelio de hoy (5to Domingo del Año, ciclo C, Lucas 5, 1-11) donde se narra que Simón estaba “cansado y desilusionado, porque aquella noche no habían pescado nada” y donde se habla de la invitación de Jesús a ir mar adentro y echar las redes para pescar. Enseguida, “Simón responde con una objeción, pero luego, “inspirado por la presencia de Jesús y por su Palabra, dice: «...pero en tu palabra, echaré las redes» (v. 5). “Es la respuesta de la fe –explicó- que también nosotros somos llamados a dar; es la actitud de disponibilidad que el Señor pide a todos sus discípulos, sobre todo a cuantos tienen tareas de responsabilidad en la Iglesia. Y la obediencia confiada de Pedro genera un resultado prodigioso: «haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse» (v. 6)”.

“Se trata de una pesca milagrosa…: cuando nos ponemos a su servicio con generosidad, Él cumple en nosotros cosas grandes. Él obra así con cada uno de nosotros: nos pide que lo recibamos en la barca de nuestra vida, para zarpar con él y surcar un nuevo mar, que revela estar cargado de sorpresas. Su invitación a salir al mar abierto de la humanidad de nuestro tiempo, para ser testigos de la bondad y de la misericordia, da un nuevo sentido a nuestra existencia, que muchas veces corre el riesgo de volverse chata y replegada sobre sí misma.

Y al comentar las resistencias de Pedro, que muestra su “inadecuación” («Señor, aléjate de mí, porque soy un pecador»), y el aliento que Jesús le brinda («No temas; de ahora en más serás pescador de hombres»), concluyó: “El milagro más grande que Jesús realizó por Simón y los otros pescadores desilusionados y cansados, no fue tanto la red llena de peces, sino el haberlos ayudado a no caer víctimas de la desilusión y del desaliento antes las derrotas. Los abrió a volverse anunciadores y testigos de su palabra y del reino de Dios. Y la respuesta de los discípulos fue diligente y total: «Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron» (v. 11).  Que la Santísima Virgen, modelo de diligente adhesión a la voluntad de Dios, nos ayude a sentir cuán fascinante es la llamada del Señor y nos vuelva disponibles a colaborar con Él para difundir por todas partes su palabra de salvación”. 

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