19/06/2019, 13.23
VATICANO
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Papa: La Iglesia nace del fuego del amor, a partir de un ‘incendio’ que arde en Pentecostés

En la audiencia general, el Papa Francisco explica el advenimiento de Pentecostés, la “irrupción de Dios” como “viento” y como “fuego”. La palabra de los apóstoles, encendida por el Espíritu, habla “el lenguaje de la verdad y del amor, que es un idioma universal: hasta los analfabetos pueden entenderlo”. “El Espíritu Santo es el artífice de la comunión, es el artista de la reconciliación”. Él ayuda a la Iglesia “a ir más allá de los límites humanos, de los pecados y de cualquier escándalo”. El saludo a los grupos asiáticos y a los Jóvenes Mensajeros de Paz provenientes de Hiroshima y Nagasaki (Japón).

 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – “La Iglesia nace del fuego del amor, de un ‘incendio’ que arde en Pentecostés”, gracias al poder del Espíritu Santo. Es justamente el Espíritu Santo, “el que une y compone armónicamente las diversidades” en la Iglesia; Él “es el artífice de la comunión, es el artista de la reconciliación que sabe derribar las barreras entre judíos y griegos, entre esclavos y libres, para hacer de ellos un solo cuerpo. Él edifica la comunidad de los creyentes, armonizando la unidad del cuerpo y la multiplicidad de los miembros. Hace crecer la Iglesia, ayudándola a ir más allá de los límites humanos, de los pecados y de cualquier escándalo”.

Estas son algunas de las frases destacadas de la catequesis que el Papa Francisco dio esta mañana en la audiencia general en la Plaza San Pedro, sobre el tema: “Lenguas como de fuego. El Pentecostés y la dynamis del Espíritu, que enciende la palabra humana y la vuelve Evangelio”, aludiendo al pasaje de los Hechos de los Apóstoles (2,3).

El pontífice describió, ante todo, el advenimiento de Pentecostés: la “irrupción de Dios” que “abre las puertas de par en par”, que se presenta como “un viento que recuerda el ruah, el soplo primordial”; es como un “fuego, que evoca la zarza ardiente y el Sinaí”; capaz de dar energía y fuerza a la “débil” palabra de Pedro.

“La palabra de los Apóstoles -continuó- se impregna del Espíritu del Resucitado y se convierte en una palabra nueva, distinta, que sin embargo, puede ser comprendida, como si fuera traducida simultáneamente a todas las lenguas: en efecto, «cada uno los oía hablar en su propia lengua» (Hch 2,6). Se trata del lenguaje de la verdad y del amor, que es un idioma  universal: los analfabetos también pueden comprenderlo.

El Espíritu Santo no solo se manifiesta mediante una sinfonía de sonidos que une y compone armónicamente las diversidades, sino que también se presenta como el director de orquesta que da sonido a las partituras de las alabanzas por las «grandes obras» de Dios. El Espíritu Santo es el artífice de la comunión, es el artista de la reconciliación que sabe derribar las barreras entre judíos y griegos, entre esclavos y libres, para hacer de ellos un solo cuerpo. Él edifica la comunidad de los creyentes, armonizando la unidad del cuerpo y la multiplicidad de los miembros. Hace crecer la Iglesia, ayudándola a ir más allá de los límites humanos de los pecados y de cualquier escándalo”.  

“Es tal la maravilla, que alguno se pregunta si esos hombres están ebrios. Entonces Pedro toma la palabra en nombre de todos los Apóstoles y relee aquél acontecimiento a la luz de Joel 3, donde se anuncia una nueva efusión del Espíritu Santo. Los seguidores de Jesús no están ebrios, sino que viven lo que San Ambrosio define como «la sobria embriaguez del Espíritu Santo», que enciende, en medio del pueblo de Dios, la profecía a través de sueños y visiones. Este don profético no está reservado a unos pocos, sino a todos aquellos que invocan el nombre del Señor.  

De ahora en más, el Espíritu de Dios mueve los corazones a recibir la salvación, que pasa a través de una Persona, Jesucristo, Aquél que los hombres han clavado en el madero de la cruz y que Dios ha resucitado de los muertos, «liberándolo de los dolores de la muerte (Hch 2,24). Es Él el que ha liberado ese Espíritu que orquesta la polifonía de alabanzas que todos pueden escuchar… Solo el Espíritu de Dios… tiene el poder de humanizar y hermanar cualquier contexto, a partir de aquellos que lo reciben”.

“Pidamos al Señor -concluyó- que nos haga experimentar un nuevo Pentecostés, que Él ensanche nuestros corazones y sintonice nuestros sentimientos con los de Cristo, para que anunciemos sin vergüenza su palabra transformadora y demos testimonio del poder del amor, que llama a la vida a todo lo que encuentra en su camino”.

Al dirigirse a los grupos lingüísticos, el Papa Francisco saludó a algunos grupos asiáticos provenientes del Oriente Medio, de la India, de Indonesia y a un grupo de Jóvenes Mensajeros de Paz, oriundos de Hiroshima y Nagasaki (Japón).

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