19/09/2018, 13.05
VATICANO
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Papa: “Honra a tus padres y ‘si te has alejado, haz un esfuerzo y vuelve a lo de ellos’

“Honrar al padre y a la madre quiere decir reconocer su importancia también con hechos concretos, que expresan dedicación, afecto y cuidado”. “La palabra ‘felicidad’ en el Decálogo aparece sólo ligada a la relación con los padres. Esta sabiduría pliri-milenaria declara lo que las ciencias humanas han sabido elaborar sólo poco más de hace un siglo: que esta marca de la infancia marca toda la vida”.

 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews)- “ Honrar a nuestros padres con la libertad de hijos adultos y con misericordiosa acogida de sus límites” y “si te has alejado, haz un esfuerzo y vuelve a lo de ellos”. Estuvo dedicada al Cuarto mandamiento la audiencia general de hoy en la cual el Papa Francisco, continúa ilustrando el Decálogo, pidió, hablando libremente: “Por favor, “Jamás se debe insultar a los padres. Nunca insultes a los padres! ¡Nunca! ¡Jamás! Tomen esta decisión interna, jamás insultaré a mi madre o a mi padre, jamás”.

“El Honra a tu padre y a tu madre’- subrayó saludando a los fieles polacos- no es una insensible intimación ni un pío deseo, sino que es un mandamiento de Dios”.

Pero, había dicho en el discurso dirigido a las 30 mil personas presentes en la plaza de S. Pedro, “¿Qué es este ‘honor? El término hebreo indica la gloria, el valor, literalmente el ‘peso’, la consistencia de una realidad. No es cuestión de formas exteriores sino de verdad, Honrar a Dios, en las Escrituras, quiere decir reconocer su realidad, dar cuenta con su presencia”.

“Es decir, que esa honra se expresa también con los ritos, pero, sobre todo, otorgando a Dios su lugar propio en la existencia. Honrar al padre y a la madre quiere decir, por lo tanto, reconocer su importancia también mediante los ritos, pero implica sobre todo el dar a Dios el justo lugar en la propia existencia”.

Honrar al padre y a la madre quiere decir por lo tanto reconocer su importancia también con hechos concretos, que expresan dedicación, afecto y cuidado”.
“Pero, no se trata solo de esto. La Cuarta Palabra tiene su característica: es el mandamiento que contiene un éxito. De hecho dice: “Honra a tu padre y a tu madre, como el Señor, tu Dios te mandó, para que se prolunguen tus días y tú seas feliz en el país que el Señor tu Dios, te da” (Deut. 5,16). Honrar a los padres lleva a una larga vida feliz. La palabra ‘felicidad’ en el Decálogo aparece sólo ligada a los padres.  Esta sabiduría pluri-milenaria declara lo que las ciencias humanas han sabido elaborar sólo poco más de hace un siglo: que esta marca de la infancia marca toda la vida”. “Puede ser fácil, a menudo, entender si alguien ha crecido en un ambiente sano y equilibrado. Pero también percibir si una persona viene de experiencias de abandono o de violencia. Nuestra infancia es un poco como una marca indeleble, se expresa en los gustos, en los modos de ser, aunque si algunos intentan cubrir las heridas de sus propios orígenes”.

“Pero el Cuarto Mandamiento dice aún más. No habla de la bondad de los padres, no pide que los padres y las madres sean perfectos. Habla de un acto de los hijos, prescindiendo de los méritos de los padres y dice una cosa extraordinaria y liberante; aunque si no todos los padres sean buenos y no todas las infancias son serenas, todos los hijos pueden ser felices, porque el logro de una vida plena y feliz depende del justo reconocimiento hacia aquellos que nos han traído al mundo. Pensemo en cuanto esta Palabra puede ser constructiva para tantos jóvenes que vienen de historias de dolor y para todos aquellos que han sufrido en su propia juventud. Muchos santos- y muchísimos cristianos- después de una infancia dolorosa vivieron una vida luminosa, porque gracias a Jesucristo, se reconciliaron con la vida”.
“El hombre, de cualquier historia que venga, recibe de este mandamiento la orientación que conduce a Cristo: en Él, en efecto, se manifiesta el verdadero Padre, que nos ofrece “renacer de lo alto (Cfr Jn 3,3-8). Los enigmas de nuestras vidas se iluminan cuando se descubre que Dios desde siempre nos prepara a una vida como hijos suyos, donde cada acto es una misión recibida de ël”.

“Nuestras heridas comienzan a ser potencialidades cuando por gracia descubrimos que el verdadero enigma ya no es ¿por qué?, sino ¿para quién? ¿En vista de qué obra me forjó Dios a través de mi historia? Aquí todo se invierte, todo se vuelve precioso, todo se vuelve constructivo.
“Pero esta vida maravillosa nos es ofrecida, no impuesta: renacer en Cristo es una gracia que hay que recibir libremente (Cfr Jn 1,11-13) y es el tesoro de nuestro Bautismo, en el cual por obra del Espíritu Santo, uno solo es el Padre nuestro, el del cielo (Cfr Mt 23,9; 1Cor. 8,6, Ef 4,6)”.
 

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