17/11/2019, 13.01
VATICANO
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Papa: Estando con los pobres, aprendemos los gustos de Jesús, comprendemos qué es lo que permanece y qué es lo que pasa

En la Jornada Mundial de los Pobres, el Papa Francisco habla de los pobres como "los porteros del Cielo". Facilitan el acceso a Dios que es amor. La tentación de la "prisa" y del "todo e inmediatamente", que hace quedar como "inútiles" y "descartes" los que quedan detrás: "los ancianos, los no nacidos, los discapacitados, los pobres". La tentación de hablar "el lenguaje del yo" y no "el lenguaje de Jesús", que es "el lenguaje del tú". "Yo, un cristiano, ¿tengo por lo menos un pobre como amigo?

 

 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - Estando con los pobres, sirviendo a los pobres, aprendemos los gustos de Jesús, comprendemos qué es lo que permanece y qué es lo que pasa": esta mañana el Papa Francisco lo ha subrayado en la homilía pronunciada en la misa celebrada en la Basílica de San Pedro con ocasión de la tercera Jornada Mundial de los Pobres, que él quería como conclusión del Jubileo de la Misericordia en 2016.

Algunos sectores de la basílica estaban llenos de pobres, necesitados y migrantes, acompañados por voluntarios y miembros de organizaciones caritativas.

En su homilía, el Papa explica el valor del Día de los Pobres con el Evangelio del domingo (33º al año, C, Lucas 21,5-19), en el que Jesús anuncia la destrucción del templo de Jerusalén, junto con guerras, catástrofes. A nosotros, dijo el pontífice, “nos parecen hechos de primera página, pero el Señor los pone en segunda página. En la primera queda lo que no pasará jamás: el Dios vivo, infinitamente más grande que cada templo que le construimos, y el hombre, nuestro prójimo, que vale más que todas las crónicas del mundo.

Para Francisco hay que tener cuidado con dos tentaciones. "La primera es la tentación de la prisa, de lo inmediato... este todo y ahora mismo, no viene de Dios. Si nos afanamos por el ahora mismo, olvidamos al que permanece para siempre: seguimos las nubes que pasan y perdemos de vista el cielo. Atraídos por el último grito, no encontramos más tiempo para Dios y para el hermano que vive a nuestro lado. ¡Qué verdad es esta hoy! En el afán de correr, de conquistarlo todo y rápidamente, el que se queda atrás molesta y se considera como descarte. Cuántos ancianos, niños no nacidos, personas discapacitadas, pobres considerados inútiles. Se va de prisa, sin preocuparse que las distancias aumentan, que la codicia de pocos acrecienta la pobreza de muchos.... Jesús, como antídoto a la prisa propone hoy a cada uno la perseverancia: «con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas» (v. 19). Perseverancia es seguir adelante cada día con los ojos fijos en aquello que no pasa: el Señor y el prójimo".

La segunda tentación, o "engaño", "es la tentación del "yo". El cristiano, así como no busca lo inmediato sino lo de siempre, no es discípulo del "yo", sino del "tú". No sigue, es decir, las sirenas de sus caprichos, sino la llamada del amor, la voz de Jesús... Es necesario hablar la misma lengua de Jesús, la del amor, la lengua del tú. No habla la lengua de Jesús quien dice yo, sino quien sale del propio yo. Y, sin embargo, cuántas veces, aun al hacer el bien, reina la hipocresía del yo: hago lo correcto, pero para ser considerado bueno; doy, pero para recibir a cambio; ayudo, pero para atraer la amistad de esa persona importante. De este modo habla la lengua del yo. La Palabra de Dios, en cambio, impulsa a un «amor no fingido» (Rm 12,9), a dar al que no tiene para devolvernos (cf. Lc 14,14), a servir sin buscar recompensas y contracambios (cf. Lc 6,35). Entonces podemos preguntarnos: ¿Ayudo a alguien de quien no podré recibir? Yo, cristiano, ¿tengo al menos un pobre como amigo?".

“Los pobres son preciosos a los ojos de Dios porque no hablan la lengua del yo; no se sostienen solos, con las propias fuerzas, necesitan alguien que los lleve de la mano. Nos recuerdan que el Evangelio se vive así, como mendigos que tienden hacia Dios. La presencia de los pobres nos lleva al clima del Evangelio, donde son bienaventurados los pobres en el espíritu (cf. Mt 5,3). Entonces, más que sentir fastidio cuando oímos que golpean a nuestra puerta, podemos acoger su grito de auxilio como una llamada a salir de nuestro proprio yo, acogerlos con la misma mirada de amor que Dios tiene por ellos. ¡Qué hermoso sería si los pobres ocuparan en nuestro corazón el lugar que tienen en el corazón de Dios! Estando con los pobres, sirviendo a los pobres, aprendemos los gustos de Jesús, comprendemos qué es lo que permanece y qué es lo que pasa”.

“Volvemos así a las preguntas iniciales. Entre tantas cosas penúltimas, que pasan, el Señor quiere recordarnos hoy la última, que quedará para siempre. Es el amor, porque «Dios es amor» (1 Jn 4,8), y el pobre que pide mi amor me lleva directamente a Él. Los pobres nos facilitan el acceso al cielo; por eso el sentido de la fe del Pueblo de Dios los ha visto como los porteros del cielo. Ya desde ahora son nuestro tesoro, el tesoro de la Iglesia, porque nos revelan la riqueza que nunca envejece, la que une tierra y cielo, y por la cual verdaderamente vale la pena vivir: el amor."

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