18/02/2019, 12.52
VATICANO
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Papa: Dios nos pregunta, a cada uno de nosotros: ¿dónde está tu hermano enfermo, preso, hambriento?

 “¿Hay lugar en nuestro corazón, para esta gente? O sí, hablamos de la gente, y limpiamos nuestra conciencia dando una limosna”. Pero que “por favor, no molesten demasiado con estas cosas sociales de la Iglesia”, porque termina pareciendo “un partido comunista y esto nos hace mal”.   

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – “¿Dónde está tu hermano?”. La pregunta que Dios hace a Caín vuelve a surgir en la homilía de la misa celebrada esta mañana en la Casa Santa Marta, como una pregunta a la cual se debe responder personalmente. Pero no con respuestas dadas de compromiso, para huir del problema. En efecto, el Papa ha subrayado que se está hablando del hermano enfermo, preso, hambriento, como se expresa en el capítulo 25 del Evangelio de Mateo.

La ocasión para comentar esto fue brindada por la Primera Lectura de la liturgia de hoy, referida a Caín y Abel. En ella vemos las “preguntas incómodas y las respuestas de puro compromiso”, que aparecen con frecuencia en la Biblia. En efecto, es una “pregunta incómoda” la que Dios le hace a Caín: “¿Dónde está tu hermano?”. Y la respuesta que da es “un poco, por compromiso”, como para defenderse: “¿Y yo qué tengo que ver con la vida de mi hermano? ¿Acaso soy su custodio? Yo me lavo las manos. Y con esto, Caín trata de huir de la mirada de Dios”.  

Francisco luego se detuvo sobre las “preguntas incómodas” que Jesús nos ha hecho. Muchas veces se las planteó a Pedro, por ejemplo, cuando le preguntó tres veces: “¿Me amas?”. Tanto, que al final, Pedro ya no sabía qué responder. De la misma manera, preguntó a sus discípulos: “¿Qué dice la gente de mí?” Y ellos respondieron: “un profeta, el Bautista…”. “Y ustedes, ¿qué dicen?”, les preguntó. “Una pregunta incómoda”, por tanto. A Caín, Dios le hizo otra pregunta: ¿dónde está tu hermano? “Esta –subrayó el Papa- es una pregunta incómoda: mejor no hacerla. Y conocemos muchas respuestas a ella: pues mira, es su vida, yo la respeto, me lavo las manos… no me inmiscuyo en la vida ajena”. Ante estas preguntas incómodas, “respondemos con principios algo genéricos, que no expresan nada pero dicen todo, todo lo que hay en el corazón”.

Hoy, el Señor, a cada uno de nosotros, nos hace la siguiente pregunta: “¿Dónde está tu hermano?”. Y el Papa subrayó que se está hablando del hermano hambriento, del enfermo, del que está preso, del que es perseguido por la justicia: “‘¿Dónde está tu hermano?’ ‘No lo sé. –‘Pero, ¡tu hermano está hambriento!’ –‘Sí, sí, seguramente está almorzando en Caritas, en la parroquia, sí, seguramente le darán de comer’, y con esta respuesta –de compromiso- salvo mi pellejo. ‘No, el otro, el enfermo…’ –‘¡Seguro que está en el hospital!’ –‘¡Pero no hay lugar en el hospital! ¿Tiene los medicamentos?’ –‘Pues mira, es una cuestión suya, yo no puedo inmiscuirme en la vida ajena… seguro tendrá parientes que le den los medicamentos’, y me lavo las manos. ‘¿Dónde está tu hermano, el preso?’ –‘Ah, él está pagando lo que se merece. Si las hizo, que las pague. Estamos cansados de tener tantos delincuentes en la calle: que pague’. Sin embargo, quizás tú jamás sientas esta respuesta de la boca del Señor. ¿Dónde está tu hermano? ¿Dónde está tu hermano explotado, el que trabaja en negro, nueve meses al año, para retomar, después de tres meses, otro año? Y así no hay seguridad [social], no hay vacaciones… ‘Y bueno, hoy en día no hay trabajo, y uno toma lo que puede…’: otra respuesta de compromiso”.

En síntesis, el Papa pide que cada uno tome esta palabra del Señor como si estuviese dirigida a cada uno de nosotros, personalmente. “El Señor me pregunta a mí: ‘¿dónde está tu hermano?’, y hay que poner el nombre de los hermanos que el Señor nombra en el capítulo 25 de Mateo: el enfermo, el hambriento, el sediento, el que no tiene con qué vestirse, el hermanito pequeño que no puede ir a la escuela, el que está drogado, el preso… ¿dónde está? ¿Dónde está tu hermano, en tu corazón? ¿Hay lugar para esta gente en tu corazón? O nosotros sí,  hablamos, de la gente, limpiamos un poco nuestra conciencia dando una limosna”.  Pero por favor, no molesten demasiado “con estas cosas sociales de la Iglesia”, ya que termina pareciéndose a “un partido comunista, y esto nos hace mal. Está bien, pero el Señor lo ha dicho: ¿dónde está tu hermano? No es el partido, es el Señor”. “Estamos acostumbrados a dar respuestas de compromiso, respuestas para huir del problema, para no ver el problema, para no tocar el problema”.

El pecado está agazapado a tu puerta, dice el Señor a Caín, y “cuando llevamos esta vida oscura, sin hacernos cargo de los que el Señor Jesús nos ha enseñado, a la puerta está el pecado, agazapado, esperando para entrar. Y destruirnos”, recordó Francisco, exhortando asimismo a hacerse otra pregunta contenida en el Libro del Génesis, la que Dios dirige a Adán luego del pecado: “Adán, ¿dónde estás? “Y Adán se esconde por vergüenza, por miedo. Tal vez sintamos esta vergüenza. ¿Dónde está tu hermano? ¿Dónde estás? ¿De qué manera vives, que no te das cuenta de estas cosas, de estos sufrimientos, de estos dolores? ¿Dónde está tu hermano?... ¿Dónde estás? No te escondas de la realidad. Hemos de responder abiertamente, con lealtad, incluso con alegría, a estas dos preguntas del Señor”. 

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