26/11/2018, 15.43
VATICANO
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Papa: Dios nos libre del consumismo y nos dé la gracias de la generosidad

La ayuda a los pobres, también con “pequeñas cosas”, ensancha el corazón y lleva a la magnanimidad. Frente a las estadísticas de la pobreza en el mundo, a los niños que mueren de hambre, la actitud buena es preguntarse: “Pero, ¿cómo puedo resolver esto?”. Nace de la preocupación de hacer el bien.  

 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews)- Pidamos a Dios que nos libre del consumismo, que nos rinde esclavos, dependientes del gastar y nos dé la gracia de la generosidad, “que ensancha el corazón y lleva a la magnanimidad”. lo dijo el Papa Francisco en la homilía de la misa celebrada esta mañana en la casa Santa Marta, partiendo del pasaje del Evangelio del óbolo de la viuda (Lc 21, 1-4), que es “una llamada a la generosidad”.

La ayuda a los pobres, también con las “pequeñas cosas”, ensancha el corazón y lleva a la magnanimidad. Tantas veces, evidenció el Papa, Jesús muestra el contraste entre ricos y pobres, basta pensar en el rico Epulón y en Lázaro o en el joven rico. Un contraste que lleva a decir al Señor: “Es mucho más difícil que un rico entre el el reino de los cielos”. Alguno, comentó Francisco, puede etiquetar a cristo como “comunista”, “pero el Señor, cuando decía estas cosas, sabía que detrás de las riquezas había siempre un espíritu malo. el señor del mundo”. Por esto dijo una vez: “No se puede servir a dos señores: servir a Dios o servir a las riquezas”.

También en el pasaje del Evangelio de hoy hay un contraste entre los ricos “que daban sus ofrendas en el tesoro” y una viuda pobre que ponía dos moneditas. estos ricos son diversos del rico Epulón: “no son malos”. “Parece ser gente buena que va al Templo y da la oferta”. Se trata, por lo tanto, de un contraste diferente. El Señor quiere decirnos otra cosa cuando afirma que la viuda dio más de todos porque dio “todo aquello que tenía para vivir”. “La viuda, el huérfano y el migrante, el extranjero, eran los más pobres en la vida de Israel”, tanto que cuando se quería hablar de los más pobres se hacía referencia a ellos. Esta mujer “dio lo poco que tenía para vivir” porque tenía confianza en Dios, era una mujer de las Bienaventuranzas, era muy generosa: “da todo porque el Señor es más de todo. El mensaje de este pasaje del Evangelio es una invitación a la generosidad”, evidenció Francisco.

Frente a las estadísticas de la pobreza del mundo, a los niños que mueren de hambre, la actitud buena es preguntarse: “Pero, ¿cómo puedo resolver esto?”. Nace de la preocupación de hacer el bien. Y cuando una persona que tiene un poco de dinero, se pregunta si lo poco que hace sirva, el Papa responde que sirve, “como las dos moneditas de la viuda”. “Una llamada a la generosidad. Y la generosidad es una cosa de todos los días, es una cosa que nosotros debemos pensar. ¿Cómo puedo ser generoso, con los pobres, con los necesitados… cómo puedo ayudar más? ‘Pero usted sabe, Padre, que nosotros no llegamos hasta fin de mes’. ‘Pero ¿alguna monedita te sobra? Piensa: se puede hacer con aquellas…’. Piensa. Las pequeñas cosas: hagamos, por ejemplo, un viaje a nuestras habitaciones, una mirada en nuestros roperos. ¿Cuánta ropa tengo? Uno, dos, tres, cuatro, quince, veinte.. cada uno lo puede decir...Yo conocí a un monseñor que tenía 40...pero, si tienes tantos calzados, dona la mitad. ¿Cuánta ropa que no uso o uso una vez al año? Es un modo de ser generoso, de dar aquello que tenemos, de compartir”.

Francisco contó sobre una señora que cuando hacía las compras, siempre compraba para los pobres el diez por ciento de aquello que gastaba: daba el “diezmo” a los pobres. “Nosotros podemos hacer milagros con la generosidad. La generosidad de las pequeñas cosas, pocas cosas. Quizás no hacemos esto porque no se nos pasa por la mente. El mensaje del Evangelio nos hace pensar: ¿cómo puedo ser yo más generoso? Un poco más, no demasiado… ‘Es verdad, Padre, es así pero...no sé porque siempre existe el miedo…’. pero, hay una enfermedad, que es la enfermedad contra la generosidad, hoy: es la enfermedad del consumismo”.

Y consiste en comprar siempre cosas. “¡Una enfermedad grave (la) del consumismo, de hoy! Yo no digo que todos nosotros hacemos esto, no. Pero el consumismo, el gastar más de aquello que necesitamos, una falta de austeridad de vida: este es un enemigo de la generosidad. Es la generosidad material-pensar en los pobres, ‘esto lo puedo dar para que puedan comer, para que se vistan’- estas cosas, tiene otra consecuencia: ensancha el corazón y te lleva a la magnanimidad”.

Se trata, por lo tanto, de tener un corazón magnánimo donde entran todos. “Aquellos ricos que daban dinero eran buenos; aquella viejita era santa”, concluyó el Papa que exhortó a recorrer el camino de la generosidad, iniciando con “una inspección en casa”, o sea pensando en “qué no me sirve, qué serviría a otro, por un poco de austeridad”. Se necesita rezar al Señor “para que nos libre” de aquel mal tan peligroso que es el consumismo, que nos hace esclavos, una dependencia del gastar: “es un enfermedad psiquiátrica”. “Pidamos esta gracia al Señor: la generosidad, que nos ensanche el corazón y nos lleve a la magnanimidad”.

 

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