08/09/2017, 02.02
VATICANO-COLOMBIA
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Papa: “Colombia, ¡Abre tu corazón de pueblo de Dios y déjate reconciliar!”

En el parque Las Malocas, contando con la presencia de las víctimas de la violencia, militares, agentes de policía y ex guerrilleros, el Papa Francisco celebra el Gran Encuentro para la Reconciliación Nacional. Los testimonios de algunas víctimas y de dos ex guerrilleros. Colombia “tierra santa” porque “bañada con la sangre de miles de víctimas inocentes y con el dolor lacerante de sus familiares y conocidos”.

Villavicencio (AsiaNews)- : “Colombia, ¡abre tu corazón de pueblo de Dios y déjate reconciliar! ¡No tengan temor a pedir y a ofrecer el perdón!. No se resistan a la reconciliación para acercarse, reencontrarse como hermanos y superar las enemistades. No tengan temor a pedir y a ofrecer el perdón. No se resistan a la reconciliación para acercarse, reencontrarse como hermanos y superar las enemistades”: es la invitación que el Papa Francisco hizo a todo el pueblo colombiano en la tarde de hoy en el Parque Las Malocas durante el Gran Encuentro para la Reconciliación en el país que después de decenios de guerra y centenares de miles de víctimas, comienza a ver algún signo de paz.

El encuentro es la culminación de este viaje del Papa, que quiere alentar a “dar el primer paso” hacia la Reconciliación en el país que después de decenios de guerra y centenares de miles de víctimas, comienza a ver algún signo de paz.

Antes del discurso de Francisco, algunas muchachas representaron el salmo 85 (“misericordia y verdad se encontrarán, justicia y paz se besarán) y los testimonios de dos ex guerrilleros, Juan Carlos y Deisy, que abandonaron las FRAC y el grupo de Auto-defensa unida y que ahora trabajan en la recuperación de los jóvenes de la droga y de la militancia. A ellos siguieron los testimonios de dos víctimas de la violencia, Pastora Mira García y Luz Dary, comprometidas en la rehabilitación de las personas marcadas por desórdenes psicológicos y por las heridas físicas causadas por los atentados.

El Papa siguió con profunda atención sus testimonios y dijo que “ya desde el primer día deseé que aconteciera este momento de nuestro encuentro… Estoy aquí, puntualizó el Papa Francisco para estar cerca de ustedes y mirarlos a los ojos, para escucharlos y abrir mi corazón a su testimonio de vida y de fe”.

Francisco definió a Colombia como “una tierra santa” “bañada con la sangre de miles de víctimas inocentes y con el dolor lacerante de sus familiares y conocidos”. Tal santidad está subrayada por la presencia del Cristo de Bojayá, una estatua del crucificado sin brazos, ni piernas y ennegrecido por los explosivos detonados en le iglesia el 2 de mayo de 2002, que provocaron decenas de muertes de fieles.

Al mirarla, comentó Francisco, mutilado y herido, nos interpela. Ya no tiene brazos y su cuerpo ya no está, pero conserva su rostro y con él nos mira y nos ama. Cristo roto y amputado, para nosotros es «más Cristo» aún, porque nos muestra una vez más que Él vino para sufrir por su pueblo y con su pueblo; y para enseñarnos también que el odio no tiene la última palabra, que el amor es más fuerte que la muerte y la violencia. Nos enseña a transformar el dolor en fuente de vida y resurrección, para que junto a Él y con Él aprendamos la fuerza del perdón, la grandeza del amor”.

“Refiriéndose luego a los testimonios escuchados, él dijo:” Son historias de sufrimiento y amargura, pero también y, sobre todo, son historias de amor y perdón que nos hablan de vida y esperanza; de no dejar que el odio, la venganza o el dolor se apoderen de nuestro corazón”.

“Citando las palabras de Pastora Mira, agregó:tú lo has dicho muy bien: Quieres poner todo tu dolor, y el de miles de víctimas, a los pies de Jesús Crucificado, para que se una al suyo y así sea transformado en bendición y capacidad de perdón para romper el ciclo de violencia que ha imperado en Colombia. Tienes razón: la violencia engendra más violencia, el odio más odio, y la muerte más muerte. Tenemos que romper esa cadena que se presenta como ineludible, y eso sólo es posible con el perdón y la reconciliación”. 

“Y tú, querida Pastora, y tantos otros como tú, nos han demostrado que es posible. Y tú, querida Pastora, y tantos otros como tú, nos han demostrado que es posible … Es el crucificado de Bojará que te ha dado la fuerza de perdonar y amar”.

Dirigiéndose luego al testimonio de Luz Dary: “Nos conmueve también lo que ha dicho Luz Dary que le regaló su muleta (la otra la regaló a otra persona que la necesitaba., Francisco comentó: “Esta muleta tuya es un símbolo de esa otra muleta más importante, y que todos necesitamos, que es el amor y el perdón. Con tu amor y tu perdón estás ayudando a tantas personas a caminar en la vida”.

“Luego el pontífice comentó el “testimonio elocuente de Deisy y Juan Carlos”, ambos ex guerrilleros. Ellos Nos hicieron comprender que todos, al final, de un modo u otro, también somos víctimas, inocentes o culpables, pero todos víctimas. Todos unidos en esa pérdida de humanidad que supone la violencia y la muerte. Deisy lo ha dicho claro: comprendiste que tú misma habías sido una víctima y tenías necesidad de que se te concediera una oportunidad. Y comenzaste a estudiar, y ahora trabajas para ayudar a las víctimas y para que los jóvenes no caigan en las redes de la violencia y de la droga. También hay esperanza para quien hizo el mal; no todo está perdido. Es cierto que en esa regeneración moral y espiritual del victimario la justicia tiene que cumplirse”.

“Resulta difícil aceptar el cambio de quienes apelaron a la violencia cruel para promover sus fines, para proteger negocios ilícitos y enriquecerse o para, engañosamente, creer estar defendiendo la vida de sus hermanos. Ciertamente es un reto para cada uno de nosotros confiar en que se pueda dar un paso adelante por parte de aquellos que infligieron sufrimiento a comunidades y a un país entero. Es cierto que en este enorme campo que es Colombia todavía hay espacio para la cizaña… Ustedes estén atentos a los frutos, cuiden el trigo y no pierdan la paz por la cizaña”.

Para la reconciliación es necesaria también la verdad. El Papa cita a Juan Carlos, que ha subrayado este aspecto: “Como ha dejado entrever en su testimonio Juan Carlos, en todo este proceso, largo, difícil, pero esperanzador de la reconciliación, resulta indispensable también asumir la verdad. Es un desafío grande pero necesario. La verdad es una compañera inseparable de la justicia y de la misericordia. Juntas son esenciales para construir la paz y, por otra parte, cada una de ellas impide que las otras sean alteradas y se transformen en instrumentos de venganza sobre quien es más débil. La verdad no debe, de hecho, conducir a la venganza, sino más bien a la reconciliación y al perdón. Verdad es contar a las familias desgarradas por el dolor lo que ha ocurrido con sus parientes desaparecidos. Verdad es confesar qué pasó con los menores de edad reclutados por los actores violentos. Verdad es reconocer el dolor de las mujeres víctimas de violencia y de abusos”.

Colombia, concluyó- abre tu corazón de pueblo de Dios y déjate reconciliar. No temas a la verdad ni a la justicia. Queridos colombianos: No tengan temor a pedir y a ofrecer el perdón. No se resistan a la reconciliación para acercarse, reencontrarse como hermanos y superar las enemistades. Es hora de sanar heridas, de tender puentes, de limar diferencias. Es la hora para desactivar los odios, renunciar a las venganzas y abrirse a la convivencia basada en la justicia, en la verdad y en la creación de una verdadera cultura del encuentro fraterno. Que podamos habitar en armonía y fraternidad, como desea el Señor. Pidamos ser constructores de paz, que allá donde haya odio y resentimiento, pongamos amor y misericordia”.

Francisco dijo: “Deseo poner todas estas intenciones ante la imagen del crucificado, el Cristo negro de Bojayá”.

El gran Encuentro terminó con una oración atribuida a S. Francisco (“Señor hazme instrumento de tu paz”) y con el saludo de algunos niños.

El pontífice luego se dirigió en auto al Parque de los Fundadores donde se encuentra la Cruz de la Reconciliación, con un Cristo lacerado que recuerda al Crucifijo de Bojayá. También plantó un árbol como recuerdo, ayudado por dos niñas.

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