19/11/2018, 14.06
ISRAEL-PALESTINA
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Mons. Pizzaballa: no hay paz ni diálogo. Hay que proteger la estabilidad de Tierra Santa

Gracias a algunos “canales de comunicación” pudo evitarse la “inútil” escalada en Gaza. Los cristianos de la Franja constituyen una realidad activa, cuya obra se orienta a “reforzar” las relaciones inter-religiosas y sociales. La unidad entre las Iglesias es “fundamental” para asegurar un futuro en la región. Un testimonio del administrador apostólico del Patriarcado latino de Jerusalén. 

Jerusalén (AsiaNews) – La violencia en Gaza, de desatarse nuevamente, sólo llevaría a un derramamiento de sangre inútil”, que no cambiaría nada “a nivel territorial”, y esta es una conclusión a la que “han llegado todos”. En Tierra Santa, urge una “estabilidad”, también por el hecho de que “hace años que no se habla [...] de negociaciones de paz”. Es lo que cuenta a AsiaNews Mons. Pierbattista Pizzaballa, el administrador apostólico del Patriarcado de Jerusalén de los latinos, subrayando que “los canales de comunicación por debajo de la mesa” han favorecido una rápida solución a la reciente crisis en la Franja. En este contexto, los cristianos, aún siendo un “presencia pequeña”, operan “para reforzar las relaciones inter-religiosas y sociales”.

El 24 de junio de 2016, el ex custodio de Tierra Santa fue nombrado Administrador Apostólico del Patriarcado de Jerusalén de los Latinos, con sede vacante, tras la renuncia del patriarca Fouad Tal, por haber alcanzado el límite edad. El arzobispo de 53 años recibió la consagración episcopal el 10 de septiembre de 2016 en la catedral de Bérgamo (Italia), en su diócesis de origen. Fino conocedor de la cultura judía, incluso ha enseñado hebreo bíblico en la Facultad Franciscana de Ciencias Bíblicas y Arqueológicas de Jerusalén y mantiene muchas relaciones con personalidades judías israelíes de primera plana. A continuación, les hacemos llegar la entrevista que Mons. Pizzaballa concedió a AsiaNews.   

 

Su Excelencia, ¿cómo ha sido la atmósfera encontrada por Usted al llegar a Gaza, con ocasión de la reciente visita?

La comunidad cristiana es pequeña, son poco más de 800 personas y viven una situación surrealista. La realidad de Gaza es la misma para todos: no hay trabajo, hay muy pocas perspectivas y siendo cristianos todo se vuelve aún más difícil, porque no se les brinda empleo. Desde una mirada social y económica, es una situación bastante complicada. Dicho esto, debo decir también que los vi muy unidos. Una comunidad activa, que se reúne, en cuya iglesia el patio siempre está lleno de niños. Están bien organizados y en este sentido, saben protegerse y ayudarse entre ellos. Este es un punto real, importante.  

 

¿Qué valor tienen hoy su presencia y su testimonio en la Franja?

Como ya he dicho, son 800 frente a dos millones de personas, por ende, la relación ya se hace evidente en los números. A pesar de ello, hay tres escuelas cristianas, un hogar para discapacitados, doce religiosas muy activas y un hospital cristiano [de los anglicanos] importante.  A pesar de ser una presencia muy pequeña, es muy activa y vivaz. Una característica de los cristianos de Tierra Santa es que jamás están de manos cruzadas: siempre están moviéndose, no sólo para custodiar su presencia y su historia, sino también para reforzar las relaciones inter-religiosas y sociales.  

 

Por lo tanto, una evangelización a través de la obras, como a menudo sucede en Oriente Medio, donde la mayoría de la población es musulmana…

¡Exacto! Esta es única actitud clara que podemos tener para afirmar quiénes somos y a quién pertenecemos.

 

Mons. Pizzaballa, ¿era de esperar un estallido de violencia tan repentino?   

¡Gaza sorprende siempre! Y nos sorprende esto de que siempre sorprenda, aún con todo. Incluso causó asombro la reacción [del gobierno de Israel] de buscar a toda costa un cese del fuego, que luego devino en la presentación de la renuncia del ministro de Defensa [Avigdor Lieberman]. Se percibe que por debajo de la mesa se están dando canales de comunicación, aunque esto sea frente una explosión de violencia repentina que no debe maravillarnos. Espero estar equivocado, pero no deja de ser probable que suceda algo más.

 

Aunque esta vez se haya tratado de limitar los daños y hallar una salida lo antes posible...

Creo que está habiendo mucho realismo, porque una nueva explosión de violencia no cambiará nada a nivel territorial, ni para Israel, ni para los palestinos. Sólo traerá un mayor odio y complicará aún más las cosas, pero en términos militares y políticos no cambiaría nada. Sería sólo un derramamiento de sangre inútil, y creo que ésta es la conclusión a la que han llegado todos, porque ciertamente, no es la primera vez que se registra una crisis en Gaza. Es claro que debe hallarse otra solución.

 

Por otra parte, las políticas americanas y de otros actores del la región no ayudan a lograr una perspectiva de paz...

Los únicos que siguen hablando de coloquios de paz son los periodistas y los columnistas. Nosotros decimos que necesitamos estabilidad, cambiar la marcha, pero de negociaciones de paz, de tratativas, de búsqueda del diálogo, lamentablemente ya no se habla más de ello, desde hace años. El problema es que no se discute: de un lado, no se afronta más la cuestión israelí-palestina; del otro, las dos partes en la causa no se hablan más El punto fundamental está totalmente aquí.

 

En cuanto al rol de los cristianos como puente, ¿sigue siendo válido y factible?

Ante todo, se hace necesario aclarar que este no es el momento de hacer grandes gestos, grandes iniciativas, que puedan cambiar la historia del Oriente Medio. Es el momento de trabajar en el territorio de las realidades pequeñas: las escuelas, los hospitales, las relaciones intrafamiliares… éste es el ámbito donde podemos expresarnos y llevar una contribución positiva a la vida social. En este momento no hay otra opción.

 

¿Cómo es posible sostener esta misión vuestra?

Ane todo, con la oración. Y luego, con las peregrinaciones, que son importantes porque son principalmente una ocasión de trabajo. [La ocupación] es una gran necesidad en Tierra Santa. Y luego hablar de esta realidad, dar a conocerla a un número cada vez mayor más personas.

 

Ha hablado de las peregrinaciones. Después de un período de crisis, la tendencia se ha invertido...

Sí, hay muchísimas y casi no se encuentra lugar donde hospedar a los peregrinos. Y las próximas fiestas de Navidad son una buena ocasión para emprender esta experiencia.

 

Excelencia, ¿qué urgencias habrá de llevar la Iglesia de Tierra Santa al próximo encuentro de patriarcas de Oriente, a celebrarse en Bagdad a fin de mes?

Como patriarcado latino, llevaremos nuestra realidad, hablaremos de nuestros problemas y escucharemos los de los demás. Esta es una oportunidad para compartir y ver los problemas en común, además de las posibles iniciativas que podrían ponerse en marcha. Un reforzamiento de la unidad entre Iglesias es fundamental y esto se ve un poco en todo el Oriente Medio, desde Irak hasta Siria, en Jordania y en Tierra Santa. Sin duda, con dinámicas diversas, pero las relaciones son mucho mejores.   

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