16/11/2019, 11.04
CHINA - EUROPA
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Los puertos europeos son centrales para la Belt and Road china

de Emanuele Scimia

Xi Jinping magnificó las nuevas Rutas de a Seda durante su reciente viaje a Grecia. Varios países europeos afrontan un estancamiento en su economía y están en una búsqueda desesperada de inversiones chinas, con el riesgo de convertirse en vasallos de Beijing.  Occidente debería crear una alternativa seria al megaproyecto de infraestructuras chino.

Roma (AsiaNews) – El presidente chino Xi Jinping no puede estar más que orgulloso por el genuino interés que los europeos han mostrado por la Belt and Road Initiative (BRI), su ambicioso programa de infraestructuras que apunta a re-inaugurar la antigua Ruta de la Seda, mejorando las conexiones terrestres y marítimas entre China, Europa y África. 

El 11 de noviembre pasado, durante una visita a Grecia, Xi afirmó que las inversiones de China en el puerto de Pireo son lás más importantes desde el punto de vista de la BRI. Él considera dicha escala griega - cuyo administrador y mayor accionista es el gigante chino  Cosco Shipping - como “la cabeza del dragón” en la estrategia de las Nuevas Rutas de la Seda. 

En sintonía con su huésped ilustre, el primer ministro griego Kyriakos Mitsotakis subrayó que la cooperación con China es esencial para transformar a Grecia en un puente logístico entre el Extremo Oriente y Europa.

Numerosos puertos europeos trabajan sin cesar para convertirse en los principales centros de operaciones de la BRI. El hecho de que semejante red de relaciones comerciales centrada en el poder chino pueda amenazar el orden internacional forjado por Occidente no ha impedido que muchos en Europa hagan negocios con Beijing. Y esto se ha vuelto mucho más evidente luego de que el Banco Europeo de Inversiones concedió un préstamos de 140 millones de euros para ayudar a Cosco a expandir y potenciar el puerto de Pireo.  

Los chinos controlan o bien poseen cuotas de participación en una docena de puertos situados en Grecia, Italia, Malta, España, Francia, Bélgica y los Países Bajos. El 90% del comercio exterior chino viaja por mar, y todos estos países quieren obtener su tajada de la BRI. El 5 de noviembre, por ejemplo, la Autoridad portuaria de Trieste firmó un protocolo de entendimiento con China Communications Construction Company para crear plataformas de logística y distribución en las áreas de Shanghai, Ningbo y Shenzhen. Estas estructuras estarán conectadas a Trieste, pero también debieran utilizarse otros puertos italianos. 

El problema es que la BRI podría condenar a los socios comerciales de China a depender del poder y de la riqueza chinos. Al controlar los puertos extranjeros, Beijing terminará manejando las rutas de transporte internacional -y por tanto, el comercio mundial. 

Se trata de un renacimiento moderno del antiguo sistema tributario chino, que ahora se despliega de forma globalizada. Las nuevas Rutas de la Seda se convierten así en sutiles instrumentos de hegemonía, con una China que esgrime promesas de inversiones y préstamos para someter a los clientes de la BRI. A diferencia de sus aliados en Europa, los líderes estadounidenses están convencidos de que el mega-proyecto chino no es más que una respuesta asimétrica a la vasta red americana de alianzas y colaboración en materia militar. 

En una reciente sesión en el Congreso de los EEUU, Carolyn Bartholomew, presidente de la US-China Economic and Security Review Commission, afirmó que China podría usar sus intereses financieros en los puertos asiáticos, europeos y africanos para controlar una fracción significativa de su cadena de abastecimiento de materias primas, además de las rutas comerciales de salida para sus exportaciones. Según la experta estadounidense, en caso de un conflicto, Beijing podría aprovecharse del control de estos puertos para obstaculizar el acceso comercial a otras nacionales. Pero lo que Bartholomew no ha dicho es que los inversionistas chinos están modernizando los puertos europeos y creando puestos de trabajo en un contexto económico de depresión. Como consecuencia, los aliados de los EEUU en Europa están dispuestos a bloquear las inversiones de China en sus estructuras portuarias. 

Más de una vez, Trump ha amenazado con aplicar penas a los miembros europeos de la OTAN que adquieran tecnología 5G de Huawei, el coloso chino de las telecomunicaciones. Lo cierto es que muchos Estados europeos están apostando a la cooperación china justamente porque quieren transformar sus estructuras marítimas en puertos inteligentes. Una integración de la UE al plan orientado a reforzar la conectividad entre Europa y Asia con el  “Blue Dot Network”, un esquema de infraestructuras promovido por los EEUU, Japón y Australia, podría disuadir a los europeos de montar el dragón chino.

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