20/10/2020, 14.25
VATICANO
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Los encuentros en el 'Espíritu de Asís' y el escepticismo del mundo

de Bernardo Cervellera

Esta tarde se celebrará en Roma un encuentro interreligioso, en Santa María en Aracoeli y luego en la Piazza del Campidoglio, sobre el tema “Nadie se salva solo. Paz y Fraternidad ". Estarán presentes el Papa Francisco, Bartolomé I y representantes judíos, musulmanes y budistas. El escepticismo de una parte del mundo cristiano que teme el nacimiento de una "religión universal". El escepticismo del mundo tecnocrático, para el cual Dios ya es algo inútil.

 

Roma (AsiaNews) - Esta tarde, organizado por la comunidad de San Egidio, se celebrará en la Ciudad Eterna el 34º encuentro internacional en el "Espíritu de Asís". La reunión de hoy es una continuación del histórico encuentro de 1986 en la ciudad de san Francisco, cuando decenas de miembros de las religiones del mundo se reunieron con Juan Pablo II para orar por la paz. Este año, aunque dentro de los límites impuestos por las normas sanitarias, estarán junto al Papa Francisco líderes judíos, musulmanes y budistas. A las 4 de la tarde habrá un momento de oración cristiana en la basílica de S. María en Aracoeli, a la que asistirá el pontífice y el patriarca Bartolomé I de Constantinopla. Simultáneamente, los invitados judíos rezarán en la sinagoga de Roma y budistas y musulmanes rezarán en algunas salas de los Museos Capitolinos.

A las 17.15 horas, todos los líderes religiosos estarán en la plaza del Campidoglio para un momento conclusivo, en el cual se ha previsto también la firma de un llamamiento común por la paz.

El tema de la jornada sigue una frase que el Papa Francisco pronunció al comienzo de la pandemia, junto con otras palabras de su nueva encíclica "Hermanos todos", que también se firmó en el "Espíritu de Asís", sobre la tumba de san Francisco y con la contribución del gran imán de Al Azhar. El tema del día es “Nadie se salva solo. Paz y Fraternidad". Se puede suponer que seguirán las pistas sobre la manera de afrontar la situación pandémica y la situación post-Covid, cuidándonos unos a otros y cuidando la casa común.

Desde el primer encuentro en 1986, estas reuniones interreligiosas han enfrentado dos tipos de escepticismo. El primero está muy extendido entre los cristianos, que consideran la relación con miembros de otras religiones como un cuestionamiento automático de la verdad del cristianismo, que irá cayendo poco a poco una "religión" común universal compuesta de respetabilidad y consignas pacifistas o ecológicas. En realidad, desde la época de Juan Pablo II siempre se ha intentado explicar que los miembros de las religiones "se encuentran para rezar" y no que "rezan juntos". Es decir que cada uno permanece fiel a su tradición, y eso no lo desvía ni lo opone a la búsqueda religiosa del otro. Por supuesto, las muchas violencias que se producen en el mundo a causa de las religiones, o con las religiones utilizadas como pantalla, no facilitan la fraternidad que esperan y apoyan el Papa Francisco y el gran imán de Al Azhar, pero el hecho es que las personas que miran fuera de sí mismas, a Dios, y que caminan impulsadas por la fuerza de la fe, también son importantes para los cristianos que han conocido el rostro humano de Dios en Jesucristo, y por eso saben acoger las semillas del Verbo esparcidas en toda la humanidad.

El segundo tipo de escepticismo proviene del mundo ateo o secularizado, que se ha vuelto tan poderoso con la tecnología moderna que Dios le parece inútil. Para este tipo de mentalidad, dominante en el mundo político, económico y cultural, el "Espíritu de Asís" es una especie de spray bondadoso, lleno de buenos sentimientos, pero ineficaz en los temas candentes que acechan al planeta. Sin embargo, los papas - desde Pablo VI hasta el Papa Francisco - han demostrado continuamente que los pasos hacia la paz y la convivencia son imposibles sin salvaguardar la dignidad de uno mismo y del otro, y solo se pueden garantizar mediante una concepción religiosa de la realidad. Al mismo tiempo, mostraron que las contradicciones en las que el mundo se debate (ecología, guerra, convivencia, justicia, economía, ...) son fruto de una mentalidad que, precisamente porque prescinde de Dios, queda sumida en la violencia, el aislamiento, la indiferencia y el peligro de destruir todo el planeta, mientras se felicita por los logros en ciencia y tecnología. Cabe recordar que el discurso de Benedicto XVI en Ratisbona tocó precisamente este punto: la razón positivista corre el riesgo de no poder afrontar los problemas de la convivencia en el planeta, si no se abre también a la dimensión religiosa, que a todos los efectos se considera parte esencial de la razón humana.

De todos modos y precisamente por esos escepticismos, celebrar momentos en el "Espíritu de Asís" significa sentar continuamente las bases de un crecimiento más verdadero de la fe y del mundo.

 

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