15/04/2019, 15.20
A. SAUDITA - EAU - SUDÁN
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La revuelta en Jartum preocupa a sauditas y emiratíes; los intereses en la región, en juego

Riad y Abu Dabi siguen de cerca el desarrollo de los hechos y abogan por la “estabilidad” y una “transición pacífica” del poder. Los dos países están dispuestos a apoyar al consejo militar de transición y ejercen presiones para que el control permanezca en manos del ejército. El silencio de Qatar. Preocupa el clima de inestabilidad que se propaga en el área.

Riad (AsiaNews/Agencias) - La crisis política e institucional que rige en Sudán –donde las protestas han estallado a raíz del elevado costo de vida, llevando a la caída del régimen del presidente y dictador Omar al-Bashir, que se mantuvo treinta años en el poder - preocupa a las potencias del Golfo, y en particular a Arabia Saudita y a los Emiratos Árabes Unidos (EAU). Según los analistas y expertos, las dos monarquías sunitas siguen de cerca el desarrollo de la situación, en un intento por proteger sus intereses en la región.

Jartum juega un rol clave para Riad y sus aliados, tanto en la lucha (proporcionan hombres y medios) contra las milicias chiitas en Yemen, como en la política orientada a contener a Irán, el enemigo  número uno de los sauditas en el área medio-oriental. Ayer, tras semanas de silencio. Arabia Saudita y los Emiratos difundieron una (primera) tibia declaración en relación al derrocamiento de Bashir, invocando la “estabilidad” y abogando por una “transición pacífica” del poder.  

Riad y Abu Dabi -según subraya el director del French Institute for International and Strategic Affairs, Karim Bitar- son “por naturaleza, contrarias a todos los movimientos populares y revoluciones”. “Son poderes que, por su misma naturaleza –agrega el experto- privilegian el status quo.  Consideran que cualquier movimiento de protesta puede difundirse como un reguero de pólvora, por contagio”.

En Sudán, las protestas de las últimas semanas se desataron a raíz del aumento del precio del pan y de los alimentos de la canasta básica, y se transformaron en un movimiento popular que condujo al derrocamiento del régimen de Bashir, que se mantuvo treinta años en el poder y ahora ha sido expulsado por un golpe militar. El ejército ha creado un consejo que, de momento, actúa como un gobierno transitorio y ha dispuesto –entre sus primeras medidas- el arresto de todos los miembros del gobierno anterior.

Los militares han prometido no reprimir las manifestaciones, que aún se despliegan, a pesar del arresto del ex hombre fuerte. La población tiene intenciones de presidiar las plazas hasta tanto no sea constituido un nuevo poder Ejecutivo de carácter civil. En las últimas horas, un vocero del consejo militar ha invitado a los grupos de oposición a elegir un nuevo Primer Ministro y anunció la suspensión de la censura que regía sobre los medios y la liberación de los policías y manifestantes que habían sido arrestados por defender a los manifestantes.

Riad y Abu Dabi afirman que el consejo de transición cuenta con su respaldo y los sauditas ya han prometido ayudas económicas y artículos de primera necesidad para la población de Sudán “a fin de aliviar sus sufrimientos”. El gobierno sigue “muy de cerca” el desarrollo de la situación y “hará todo lo que esté a su alcance” para que el pasaje se logre “en un contexto de continuidad”. En otras palabras, para el reino wahabita es esencial que el país “permanezca bajo el control militar”, respetando al mismo tiempo la voluntad de transición hacia un poder Ejecutivo civil.  

En el seno del consejo militar, el ascenso del general Abdel Fattah al-Burhan no desagrada a los sauditas y a los emiratíes, porque representa una figura capaz de garantizar “estabilidad”, además de mantener estrechos lazos con Abu Dabi [en clave anti-iraní] en el marco del conflicto en Yemen. El objetivo al que se apunta es evitar que sucedan tragedias similares a las ocurridas en Libia, Siria e Irak. Mustafa Alani, del Gulf Research Center, desde su sede de Ginebra, subraya que “el cambio en Sudán y Argelia es algo inevitable” y “las instituciones militares habrán de monitorearlo”.  

El único Estado del Golfo que hasta ahora ha permanecido en silencio es Qatar, que desde hace dos años protagoniza una grave crisis política y diplomática con Riad. La partida de Bashir quiebra los equilibrios para Doha, que tendrá que decidir si habrá de sostener al nuevo gobierno, sobre todo, teniendo en mente las decisiones que tomará el nuevo Ejecutivo de Jartum respecto al conflicto en Yemen.

Hay un punto en el cual concuerdan la mayor parte de los expertos: la expulsión de Bashir representa un momento crucial para la región del Golfo. Con una sensación de precariedad que se difunde en la región, una “transición controlada” del poder es claramente la mejor solución para todos.

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