29/07/2021, 12.40
SIRIA
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La posguerra en Siria y las heridas de una nación que perdió la esperanza

La población, extenuada y en estado de shock, se debate entre las sanciones internacionales, la corrupción interna y la inflación. Operadora humanitaria: no hay confianza en el futuro y el hambre es un problema cotidiano para la mayor parte de los ciudadanos. Se multiplican las familias que piden ayuda, mientras otras rechazan la comida para no “viciar o engañar” a los hijos. El apoyo del exterior y de la diáspora se reduce cada vez más.

Damasco (AsiaNews) - "Mi voz es la voz de todos los sirios, un pueblo que parece haber perdido la esperanza y que sufre a diario entre las sanciones internacionales del exterior y la corrupción interna. Estamos realmente cansados". En diálogo con AsiaNews, son las palabras de María Sargi [nombre ficticio para proteger su identidad, ed.], una personalidad institucional que ha estado activa en el campo de la diplomacia y el activismo internacional desde los primeros días del conflicto. "Vivimos sumidos en un estado de shock y frustración, porque nos sentimos faltos de confianza. No hablo de mí, de mi familia, de mis compañeros de trabajo, sino de toda la sociedad y de la gente con la que me topo cada día, en cada rincón del país". 

“Durante las fases más sangrientas de la guerra", dice María, que ha pasado mucho tiempo apoyando a los sectores más vulnerables de la población, "sobrevivimos porque teníamos la esperanza de que, terminada la guerra, volveríamos a ser felices. Pero a medida que avanzaba la tregua, "comenzó algo mucho más grave: empezaron a verse las heridas de la guerra, de la destrucción, las heridas interiores del alma y del espíritu, que demuestran ser cada vez más profundas". 

Hoy, “la realidad es aún más dura y difícil, si cabe, sobre todo a nivel económico: todas las semanas me llama una familia pidiendo ayuda, porque no tienen comida. La mayoría de las familias sirias viven en una situación de hambruna, porque no tienen qué comer. Y el apoyo de la comunidad internacional, de los países ricos o de los sirios en el extranjero se debilita más a medida que pasan los días. Se percibe que la opinión pública está harta de Siria y de sus historias de violencia. Además, la pandemia [de Covid-19] asestó un nuevo golpe, poniendo en dificultades a toda la comunidad global”.

En Damasco, al igual que en Alepo y en muchos otros centros urbanos más o menos importantes de Siria, la situación sigue siendo crítica debido al hambre, la falta de trabajo y una emergencia sanitaria agravada por la pandemia de Covid-19. Como han denunciado figuras de la Iglesia local, entre ellas el Vicario Apostólico de Alepo y el Arzobispo Maronita de Damasco, a las medidas punitivas ya habituales se ha sumado la Ley César, que afecta a la población tanto como la inflación. En esta situación dramática, las palabras de solidaridad del Papa Francisco y sus llamamientos por la paz cobran aún más valor.

“La mayoría de la gente", prosigue María Sargi, "lucha todos los días para asegurar un solo plato de una humilde comida para sus hijos. Muchas familias de la Guta Oriental [los suburbios de Damasco] que vivieron el asedio me dijeron que la vida era más fácil en ese momento, porque el hambre y la falta de comida los afectaba a todos. Ahora ven alimentos frescos en los puestos del mercado, pero no pueden permitirse nada. Los niños piden comida, pero sus padres no tienen dinero para alimentarlos. Estamos realmente deprimidos, en todas partes te encuentras con gente negativa, pesimista sobre el futuro, a causa de la crisis económica, los precios elevados y la inflación, que sigue aumentando". 

En esta dramática situación, incluso los pequeños gestos de caridad parecen no tener cabida. “La semana pasada envié una cesta de alimentos a una familia que no tenía nada para alimentar a sus hijos”, cuenta la operadora humanitaria. “Eran algunos alimentos frescos y un poco de verduras. La madre me pidió que dejara de ayudarles, porque está avergonzada y no quiere "viciar o engañar" a su familia, con alimentos que no podrá comprar en el futuro. Más que nunca, Siria y su pueblo viven en un clima de profunda incertidumbre”.

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