27/01/2020, 13.55
ISLAM-ARGELIA
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La libertad de expresión está muriendo, bajo los golpes de la Inquisición islamista

de Kamel Abderrahmani

El estudioso Kamel Abderrahmani reflexiona sobre las presiones que sufren aquellos que critican las ideologías dominantes en el mundo musulmán. En los países islámicos, la “yihad judicial” toma como blanco a intelectuales, investigadores e incluso a los islamólogos que se atreven a tener una mirada crítica sobre la religión.

París (AsiaNews) – Silenciar cualquier crítica al pensamiento islamista, sobre todo en materia de religión: es el objetivo de lo que Kamel Abderrahmani define como la “yihad judicial”. Ésta opera valiéndose de mecanismos variados, cuando es actuada en Occidente o en países donde el islam es la religión de Estado. En Argelia, una de sus víctima es es el islamólogo reformista Saïd Djabelkhir. A continuación publicamos la reflexión del joven estudioso musulmán (traducción de AsiaNews). 

 

En el mundo musulmán, la libertad de expresión está muriendo. Nadie puede expresarse libremente, si lo que piensa va más allá de la estructura del pensamiento único y mayoritario. Cuando se habla de religión, la presión se multiplica, aumenta y el debate es prácticamente imposible. En otras palabras, colocar un bozal a la voz del pensamiento crítico sobre la religión es una acción que forma parte de la “yihad judicial”. Es decir, entregar a la justicia a una persona cuyas palabras, risotadas y opiniones, desenmascaran, critican o desmitifican la naturaleza violenta de los seguidores de aquella que – a pesar de todo – dice ser una religión de paz, pero que apunta a silenciar a los críticos. 

Para hacerlo, la “yihad judicial” opera con mecanismos que varían dependiendo de si es actuada en Occidente o en países donde el islam es la religión de Estado. El modo en que se conduce depende del lugar geográfico y de la naturaleza de los sistemas políticos. Por ejemplo, en Occidente nos escondemos detrás de organizaciones – generalmente, laboratorios de los Hermanos Musulmanes – orientadas a combatir el racismo o la “islamofobia”; mientras tanto, los intelectuales son perseguidos por la justicia, ¡solo porque en sus escritos consideran el islam como una religión peligrosa! 

En los países musulmanes, la “yihad judicial” tiene bajo su mira a los intelectuales, investigadores e inclusive a los islamólogos que se atreven a tener una mirada crítica hacia la religión, a hacer una lectura crítica del islam y a interpretar los textos religiosos de un modo que difiere de la versión oficial y dominante. A menudo son perseguidos por “ultraje al islam y al profeta” o por “atentar contra los preceptos del islam y sembrar discordia en la sociedad”. En otras palabras, ¿como podemos reformar esta religión, cuando se prohíbe la libertad de pensamiento y de expresión y esta es aporreada y perseguida? ¿Cómo fingir que se está contra del terrorismo islamista, si al mismo tiempo se emanan leyes liberticidas? ¿Cómo podemos revolucionar el islam, si el intelectual es silenciado y se lo obliga a pensar según los dictámenes de una ideología, bajo la amenaza de la ley?  

Uno de los intelectuales de Argelia que ha quedado bajo la mira en los últimos cinco años es el controvertido islamólogo Saïd Djabelkhir. Luego de recibir varias amenazas de muerte en su página de Facebook y a pesar de las denuncias presentadas contra los “yihadistas electrónicos”, el Estado argelino permaneció inerte: sus reclamos fueron rechazados. Ahora, una vez más, él es víctima de una denuncia por una polémica sobre la celebración del Año Nuevo bereber, el “Yennayer” -porque el muftí salafita  Mohamed Ali Ferkous considera que se trata de una festividad pagana e ilícita. 

Este gurú salafista emitió una fetua para que se prohiba el Yennayer y para que éste sea erradicado de las costumbres y tradiciones argelinas. Esta fetua no difiere mucho de aquella emitida por el Wahabismo en Arabia Saudita, que considera herética cualquier celebración – inclusive el Mawlid al-Nabī [día en que se celebra el nacimiento de Mahoma, ndr] - al margen de las dos festividades sunitas: el Aïd el-Fitr y el Eid al-Adha.

Luego de esta deriva salafista – que, en parte, consiste en clasificar a los argelinos en base a su religión – y antes del silencio del ministro de Asuntos religiosos, el islamólogo Saïd Djabelkhir tomó posición al respecto. En su pagina de Facebook, él afirmó que el Yennayer no tiene una connotación religiosa que justifique su prohibición en nombre del islam; y que el islam incluye algunas prácticas paganas, como la peregrinación y el sacrificio de las ovejas para el Aïd.

Las tesis que sostiene Saïd Djabelkhir están bien argumentadas y son sólidas. Fue así que el islamólogo se atrajo la ira del ministro de Asuntos Religiosos. Refiriéndose al intelectual en una conferencia sobre la unidad nacional en el patrimonio bereber, el funcionario llamó a “bloquear el camino a cuantos se aprovechan del pluralismo cultural argelino para sembrar la discordia en la sociedad”. Aquí surge un interrogante: ¿quién es el que quiere dividir a los argelinos? ¿Quién defiende su pluralismo o quién quiere clasificarlos según la religión que profesan? 

Por su parte, el organismo Coordinador de los imanes a nivel nacional, los diputados que obedecen al islamismo y algunos radicales pidieron que Saïd Djabelkhir sea procesado por “haber atentado contra los preceptos del islam y por sembrar la discordia en la sociedad argelina”. Estas amenazas se trasladaron a una denuncia presentada ante el Tribunal de Sidi M'hamed – una aldea situada en la provincia de Argel – por un siniestro profesor de la Universidad Djilali Liabes de Sidi Bel Abbès. El documento se apoya en el artículo 144 bis 02 del Código Penal. Esta es una normativa que revela el carácter híbrido del régimen argelino, que mezcla dictadura y religión. En la denuncia, se  acusa al islamólogo de “delito de escarnio referido a las ciencias de la religión y a los ritos islámicos”, y de “ultraje al profeta Mahoma”; es decir, ¡blasfemia! Financiado por la hidra islamista, el denunciante movilizó tres abogados para materializar el expediente.  

Por su lado, Saïd Djabelkhir, puede estar tranquilo por partida doble. Lo que ha declarado no es fruto del azar, sino de años de investigaciones y labor en la materia. Todas sus posiciones pueden ser justificadas con textos religiosos que los estudiosos sunitas tratan de ocultar a los musulmanes. Pero también es cierto que siendo un islamólogo, Saïd Djabelkhir constituye un peligro para el pensamiento oscurantista, que los islamistas utilizan para mantener a la sociedad bajo su control.

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