02/03/2020, 10.52
LÍBANO
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La crisis financiera está afectando a los migrantes: salarios reducidos a la mitad, deseos de huir

Las dificultades del sistema bancario y la falta de dólares hacen que se utilice la moneda local.  La depreciación de los salarios y una caída radical de los ingresos. Para agravar las condiciones de los trabajadores el sistema de "kafala", una forma de "esclavitud moderna". Muchos están presionando para regresar a su país de origen.

Beirut (AsiaNews) - "No hay más dólares y todo se ha vuelto más caro. Ya no es como antes, la vida es difícil". Las palabras de Jasmin Bighoun, de 32 años, trabajadora doméstica originaria de Bangladesh, confirman una vez más las dificultades que experimentan hoy en día los migrantes económicos en el Líbano, abrumados por la crisis económica y política que ha afectado al país de los cedros durante meses. Hace un tiempo, la mujer confiesa a la Afp, lograba enviar a su familia en la patria hasta 300 dólares; hoy puede enviar menos de 150. "Mi 'señora' -agrega- dice que no tiene más dólares [...] no puedo hacer nada al respecto" y si es necesario regresará a casa con su marido.

Debilitado por una creciente deuda, el Líbano está experimentando la peor crisis financiera desde la guerra civil del decenio de 1990, lo que ha provocado las protestas de la población y los repetidos llamamientos de la Iglesia maronita. Muchos de los cientos de miles de trabajadores migrantes están sin salario o han visto caer sus salarios. "Antes ganaba 400 dólares [...], pero hoy recibo mi salario en liras libanesas", dice la criada Mary, de 18 años, y "ya no puedo enviar dinero a Etiopía".

Los activistas libaneses y las ONG internacionales de derechos humanos han hecho repetidos llamamientos para que se cancele el sistema de "kafala", que favorecería -como en muchas otras naciones de Oriente Medio- lo que se define como "esclavitud moderna". En el Líbano, como en otros lugares, este modelo de "patrocinio" atrapa a los trabajadores extranjeros, los ata a su empleador y los priva de todos sus derechos fundamentales.

En el Líbano -desde el 17 de octubre pasado sacudido por las masivas manifestaciones callejeras contra la corrupción y el mal gobierno- hay unos 250.000 migrantes económicos, la mayoría de ellos procedentes de Etiopía, Sudán, Bangladesh, Nepal, Sri Lanka y Filipinas y empleados como trabajadores domésticos. Algunos de ellos son menores de edad y viven en condiciones que han sido criticadas y condenadas en el pasado por grupos de activistas y gobiernos de sus países de origen. Se encuentran entre las categorías más afectadas por el colapso de la moneda local, las restricciones a los depósitos y las transacciones bancarias, debido a la falta del dólar como moneda de referencia para los locales y los extranjeros.

Hoy, los trabajadores reciben sus salarios - al menos los que son pagados - en liras libanesas, con una clara disminución del poder adquisitivo. Para los inmigrantes la situación se complica aún más, porque para enviar dinero a sus familias tienen que convertir la suma en dólares, perdiendo hasta un 30% del valor.

La falta de liquidez ha reducido drásticamente el acceso al dinero verde y ha desencadenado una grave crisis para decenas de miles de trabajadores migrantes. La devaluación ha reducido los salarios hasta en un tercio, como confirma María, pero quiere "exonerar" a su empleador: "Ellos no tienen la culpa, el problema es el Estado".

Antes de la crisis, la mayoría de estos trabajadores extranjeros ganaban entre 150 y 400 dólares al mes. Ahora, parte de estos trabajadores están pensando volver a casa y abarrotan las embajadas y oficinas consulares. A finales de diciembre, al menos mil filipinos se reunieron en la representación diplomática en el Líbano esperando un billete de vuelta gratis. La mayoría de ellos eran trabajadores domésticos con sus hijos en los brazos. "El tiempo es precioso", dice Divine de 38 años, en la Tierra de los Cedros durante 15 años y cuatro meses sin paga. "Con todos los sacrificios que he hecho y la paciencia que he tenido", concluyó, "me merezco mi dinero”.

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