16/09/2020, 13.36
INDONESIA
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Ex investigador de la ONU: Nuevo llamamiento por los Rohinyás

de Ati Nurbaiti

Para Marzuki Darusman, hay que ayudar al grupo étnico, víctima de atrocidades en Myanmar, a dilucidar su futuro. Es necesario incrementar la presión internacional sobre Naipyidó y sostener a Bangladés, que aloja en su suelo a un millón de refugiados de la minoría islámica. Otros países, sobre todo aquellos de la ASEAN, debe acoger a los Rohinyás.

Yakarta (AsiaNews) – Aunque las perspectivas parecen sombrías para los Rohinyás, la esperanza de un futuro mejor sigue viva para esta minoría, una de las más perseguidas del mundo. Son las declaraciones que ayer brindó a AsiaNews un ex investigador de las Naciones Unidas sobre las atrocidades cometidas en Myanmar (ex Birmania). El experto aboga por el grupo étnico “apátrida” y pide que se lo ayude a determinar su futuro. A tal fin, sostiene, es necesario ejercer presiones internacionales sobre Naipyidó y sostener a Bangladés, que actualmente aloja a más de un millón de refugiados Rohinyás. 

A principios de septiembre, cerca de 30 rohinyás murieron en su viaje por mar rumbo a Malasia, desde su refugio en Bangladés. Otros 395 refugiados, que deambularon por siete meses intentando reunirse con sus familias, desembarcaron en Aceh, en el norte de Indonesia. Dos de ellos murieron por una enfermedad respiratoria, despertando el temor de posibles contagios de Covid-19.

Bali Process, un foro de naciones de la región Asia-Pacífico en el que participan Indonesia y Australia, fue criticado por su falta de idoneidad para asistir a los “boat people” Rohinyás, cuya gran mayoría es víctima del contrabando. 

Marzuki Darusman encabezó el equipo de la ONU cuya misión fue investigar los hechos de violencia cometidos contra los Rohinyás en Myanmar. Él enumera “cuatro medidas sumamente urgentes” para poner fin al sufrimiento de la minoría musulmana: que los rohinyás participen en los coloquios que debaten su futuro, es decir, reconocerlos como parte en el proceso; movilizar recursos y fondos para asistir a Bangladés; afrontar el discurso con otros países dispuestos a brindar asilo a los refugiados que temen regresar a Myanmar; reactivar mecanismos multilaterales en la ONU, para permitir que todas estas medidas centren la atención sobre el comportamiento de Myanmar.  

El equipo independiente de la ONU sacó a la luz las “intenciones genocidas” del ejército birmano contra la minoría, que en el 2017 empujó a más de 725.000 personas a huir del país. Los Rohinyás, apodados “Bangla” en la ex Birmania, son acusados por las autoridades de Naipyidó de ser migrantes ilegales que provienen de Bangladés. La mayoría de ellos no tiene patria, porque carecen de los documentos requeridos por la ley de “ciudadanía de las etnias no reconocidas oficialmente”, que rige actualmente en Myanmar.

El 11 de septiembre, en el Consejo de Seguridad de la ONU, tras el debate sobre la situación en Myanmar, ocho países -entre ellos, Estados Unidos, el Reino Unido, Francia y Alemania - solicitaron a Naipyidó que permitiera de inmediato “el retorno seguro, voluntario, sostenible y digno de los refugiados” y que acatara lo dispuesto por la Corte Internacional de Justicia, que en enero ordenó al gobierno local “prevenir” el genocidio de los Rohinyás.

La consejera de Estado y ministra de Relaciones exteriores de Myanmar, Aung San Suu Kyi inisitió en que las matanzas son el resultado de una “guerra interna” contra grupos terroristas. Días atrás, el Parlamento Europeo excluyó a Suu Kyi de la comunidad del Premio Sakharov, el reconocimiento que ella había recibido en 1990 por su labor contra la dictadura militar. La Corte Penal Internacional abrió una investigación para verificar si los líderes militares de Myanmar cometieron crímenes a gran escala contra los Rohinyás.

Durante su reciente reunión ministerial, los países de la ASEAN (Asociación de las Naciones del Sudeste asiático, de la cual Myanmar es miembro) solicitaron a Naipyidó que elabore un plan para repatriar a miles de Rohinyás, y le ofrecieron su apoyo.

Para muchos observadores, las presiones ejercidas sobre Myanmar han probado ser ineficaces. “Los líderes de ASEAN “están más preocupados por las relaciones entre los Estados miembros que por las poblaciones oprimidas, aún cuando su deber es protegerlas”, dijo Kyaw Win, líder del Burma Human Rights Network de Londres.

Además de China, los principales socios económicos de Myanmar son los países occidentales y algunas naciones de la ASEAN (Singapur, Malasia y Tailandia). Considerando esto, “¿los Estados de la ASEAN están realmente dispuestos a hacerle frente a Myanmar?”, se pregunta Rosalia Sciortino, directora del SEA Junction de Bangkok.

Según Darusman, el hecho de que Indonesia cuente con un escaño no-permanente en el Consejo de Seguridad pone a Yakarta en una buena posición para facilitar las iniciativas multilaterales orientadas al respeto de los derechos humanos en Myanmar.  De hecho, éstas fueron presentadas con el patrocinio del secretario general de la ONU, del relator especial de derechos humanos en Myanmar y del enviado especial de las Naciones Unidas en el país asiático. 

“Se requiere creatividad – afirma Darusman – , en vez de “intervenciones irrealistas”, como el pedido de modificar la ley de ciudadanía de Myanmar”. El ex investigador cita la cooperación global en favor de los refugiados de Vietnam en la década del ‘70, que fueron alojados en la isla indonesia de Galang, y lo destaca como un ejemplo “extraordinario” a seguir. 

“Aunque más no sea por interés económico”, observa Darusman, el principal aliado de Myanmar, China, puso a disposición fondos y medios de transporte para la repatriación de los refugiados en condiciones seguras. Beijing está construyendo una central hidroeléctrica y un puerto en el Estado de Rakhine, la tierra de los Rohinyás. Esta central forma parte de su “Belt and Road Initiative”, que se extiende desde Asia hasta Europa.

Darusman y Kyaw Win advirtieron que si no se pone un freno a la violencia contra la minoría musulmana, la situación podría agravarse y derivar en otros abusos contra los grupos étnicos minoritarios en Myanmar, y en otras partes. 

“Los Rohinyás se niegan a ser repatriados a Myanmar, si no se brindan garantías para su seguridad. Sin embargo, en este momento es difícil hallar otros países que estén dispuestos a recibirlos”, dijo Sciortino. “Países como Australia y EEUU, que tradicionalmente están abiertos a acoger refugiados, han adoptado políticas contrarias a la inmigración, y Europa debe hacer frente a los arribos de Oriente Medio y del África”.  

Para Sciortino, las naciones de la ASEAN podrían, al menos, “repartirse” los refugiados entre los distintos países del grupo. El problema es que incluso un país como Malasia, el más robusto de la región desde el punto de vista económico, ha declarado que ya no podrá acoger más Rohinyás, además de los 150.000 que hospeda actualmente.  

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