21/11/2019, 15.28
SIRIA - TURQUÍA
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Erdogan dice defender a los cristianos, pero las comunidades sirias y turcas tienen miedo

El presidente turco dice ser “sensible” a los problemas de la minoría, y promete y “contribuir” a la reconstrucción. Sin embargo, la ofensiva contra los kurdos es fuente de una creciente violencia, que también se despliega contra los cristianos. Fiel en Diyarbakir: “No recibimos ninguna ayuda del Estado”, Comunidades sirias: “Tememos por nuestros hijos y por nuestras familias”.

Damasco (AsiaNews) - Los asirios y caldeos, tanto en Turquía como del otro lado de la frontera, en el noreste de Siria, se han convertido en el blanco de una creciente violencia, pese a que el presidente Recep Tayyip Erdogan, afirma ser un defensor de las minorías, según declaraciones que también fueron difundidas por agencias católicas. La represión y los ataques han aumentado en las últimas semanas, coincidiendo con  la ofensiva turca emprendida por el “sultán” contra los kurdos de Siria, que ya se ha transformado en una suerte de “limpieza étnica soft” en la que los cristianos también se han visto afectados. 

En los años ‘60 del siglo pasado, había cientos de familias cristianas en Diyarbakir, la ciudad más importante del sudeste de Turquía, con población mayoritaria chiíta. Hoy, apenas han quedado cuatro personas, y dos de ellas viven en la parroquia de la Virgen María, en el distrito de Sur. “Han escapado por distintos motivos: presiones económicas, políticas”, cuenta Saliba Acis, de 43 años. Una pequeña parte se transfirió a Estambul, pero la mayoría optó por huir a Europa, Australia o América. Desde la guerra en Siria, hasta la violencia del Estado Islámico (EI, ex ISIS), son numerosos los motivos que han favorecido la diáspora de los cristianos en el Oriente Medio. Pero lo que más temen los fieles de la parroquia de la Virgen María, es la guerra contra los kurdos, librada por el presidente Erdogan, y la destrucción de una memoria viva (la historia y la cultura cristianas) perpetrada por el Estado turco. 

En el pasado mes de agosto, en Estambul, Erdogan había participado en la colocación de la primera piedra de una iglesia en el distrito de Yesilkoy. En aquella ocasión, él afirmó que “el verdadero objetivo de los grupos terroristas es nuestra patria común” y el mejor modo de combatirlos es “valorizar las diferencias”, que constituyen una “riqueza”.

Recientemente, al término de un encuentro con Trump, el mandatario dijo que el gobierno turco es “sensible” respecto a la situación de los cristianos, y ha prometido una “contribución” en la reconstrucción de las iglesias y santuarios. Ankara, agregó, ya ha elaborado “planes” en favor de las comunidades presentes en las áreas fronterizas, comenzando por “la asistencia sanitaria y la ayuda humanitaria”. 

Palabras que suenan huecas en Diyarbakir, donde la congregación dice tener muy pocos motivos para agradecer al presidente turco. “No recibimos ninguna ayuda del Estado - afirma Acis - ; si esta iglesia sigue en pie, viva, es gracias a la obra de la comunidad”. 

El mismo temor y preocupación que se respira al otro lado de la frontera, en las aldeas y ciudades cuya población es mayoritariamente cristiana, en el noreste de Siria, y que con tremendos esfuerzos lograron huir del reciente pasado de violencia del ISIS. Hoy, miran el avance turco con temor. Simon, de 56 años, oriundo de la localidad de Tal Kefji, ha dejado su casa, que estaba no muy distante de la zona de combate, y halló un refugio en Tal Tamr, más al sur. “Las mujeres escapamos  - cuenta - porque teníamos miedo de las bombas”. Solo queremos paz, agrega. “He dejado atrás tantos recuerdos… mi marido, mi casa, mi familia, mis vecinos”. El hombre, como muchos, se ha unido a una pequeña milicia cristiana que desde el 2015 lucha para defender los pueblos asirios, que en el pasado se enfrentaron al ISIS y hoy resisten ante el avance turco. 

La ofensiva impulsada por Erdogan ha provocado la muerte de 150 civiles, entre los cuales figuran cristianos, y la huida de 300.000 personas, hoy desplazadas. “La amenaza turca, en el sentido de que vayan a atacar nuestros pueblo”, es real, confirma Aisho Nissan, asirio, de 48 años de edad. “Muchos han huído”. “El destino de nuestra región es incierto - concluye -;  tememos por nuestros hijos y por nuestras familias”.

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