04/10/2018, 17.08
PAKISTÁN - VATICANO
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Delegado paquistaní en el Sínodo: Que los obispos, además de escucharnos, nos guíen

de Anna Chiara Filice

La distinción sustancial entre los jóvenes de Pakistán entre quien estudia y los pobres que no van a la escuela. Para los cristianos existe una ulterior discriminación en el lugar de trabajo, donde a menudo son marginados por la fe. Daniel Bashir: “Los obispos deben ayudarnos a resolver las tensiones que hay en nosotros, a través de la fe”.

 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews)- “Obispos católicos, además de escucharnos, deben guiarnos”. Es el pedido que el delegado paquistaní Daniel Bashir lanza a través de AsiaNews, al Sínodo sobre los jóvenes. Él está entre los poquísimos jóvenes “auditores” a nivel mundial (en total 36) invitados a participar en el encuentro de los obispos, que debería llevar a la Iglesia a comprender más a los jóvenes y marcar su destino, renovándolos en la fe y en el aliento vocacional. Por esto, según Daniel, la tarea de las jerarquías católicas reunidas en el Vaticano hasta el 28 de octubre es “aconsejarnos”. Muchos de nosotros no sabemos qué hacer de nuestras propias vidas, qué recorrido hacer o elegir. Ayúdennos a través de la fe”.

Daniel es un joven médico de Karachi y coordinador de Jesus Youth, un movimiento internacional de misioneros laicos. La suya es, admite, es una existencia afortunada, porque no todos los jóvenes de su país tienen la posibilidad de estudiar. Si se quiere realmente entender cómo viven los jóvenes de Pakistán, refiere, “la primera distinción que es necesario hacer es aquella de aquellos que estudian de los que no lo hacen. Todo depende de esto”. Si luego se mira a los jóvenes de la minoría cristiana, “vienen también las distinciones basadas sobre la instrucción. Podemos también ser ingenieros, arquitectos, médicos: el punto fundamental es que en muchos lugares de trabajo somos discriminados por nuestra fe. Algunos empleos son sólo reservados para los musulmanes, mientras que las ocupaciones más degradantes están destinados a los jóvenes de la minoría. A veces

esto es muy frustrante, sobre todo para aquellos que no han estudiado. Es muy triste para todos nosotros”.

Los jóvenes católicos de Pakistán, agrega, viven “en un modo muy simple”. “Aquellos más devotos van a misa todas las mañanas, antes de ir a la escuela o al trabajo”. “La celebraciones se hacen a propósito a las 6.30 de la mañana en muchas parroquias”. La distinción fundamental la hace el dinero: “Los estudiantes tienen una jornada marcada por las horas de estudio y cuando crecen, por la búsqueda de un trabajo. Para los jóvenes de las familias pobres en cambio la vida es diversa. Son en su mayoría trabajadores jornaleros, por lo tanto si no van al trabajo, no comen. Este es el motivo por el cual tantos se alejan de la fe, porque no pueden ir a misa el sábado o el domingo (que en Pakistán no son considerados días festivos)”.

Desde el punto de vista espiritual, en los últimos años algo está cambiando y es determinado “por la edad joven de los sacerdotes. Hasta hace unos 10 años el clero era anciano, y estaba distante de la gente. En cambio ahora, hay más sacerdotes jóvenes, que atraen a los fieles, y que hacen más simples las confesiones, nos enseñan mejor cómo vivir como testigos de Jesús en medio de los musulmanes”. La espontaneidad que distingue a los jóvenes religiosos, continúa Daniel, “consiste en el instaurar también un clima más familiar con los jóvenes. Por esto a menudo son llamados ‘hermanos’ en vez de ‘padres’. Nos hacen sentir que somos amados, como si todos viviésemos todos en una misma familia”.

El problema fundamental de los jóvenes paquistaníes, seguramente es uno solo: “No tenemos un guía. Después del estudio no sabemos qué hacer. Estamos confundidos, no tenemos el sentido del discernimiento. Los sacerdotes son excepcionales, extraordinarios en sus obras pastorales, pero no en el aconsejar a los jóvenes”. Por esto él considera que el Sínodo de los obispos, que trata justamente sobre este tema, representa una gran oportunidad. “Los obispos deben ayudarnos a encontrar nuestro camino, el Sínodo debe alentarlos a apuntar sus obras de asistencia y consejo a los jóvenes en las diócesis particulares”. “Después de habernos escuchado-concluye- deben aconsejarnos sobre cómo resolver los problemas nuestros, realizar nuestros sueños, enfrentar los desafíos de la vida a través de la fe y la renovación espiritual”.

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