08/10/2018, 13.13
SIRIA-VATICANO
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Card Zenari: recemos por Siria y por los jóvenes, en busca de un futuro de paz y esperanza

de Dario Salvi

En Pompeya para presidir la Súplica, el purpurado renueva su llamamiento a la oración para “poner fin” a los conflictos. Un pensamiento para los niños y jóvenes que figuran “entre los más afectados” por la guerra. Volver a empezar, partiendo de ellos “para reconstruir el país”. Desde Siria tres tímidas señales que dan la esperanza de un mejoramiento de la situación

 

Roma (Asianews)- “Debemos continuar rezando por la paz en Siria y en todo el Oriente Medio. La oración es el arma más importante que tenemos, para tratar de poner fin” a todos los conflictos y las divisiones que ensangrientan la región. Es cuanto subraya a (AsiaNews)-  el Card. Mario Zenari, nuncio apostólico en Damasco, que en estos días está de visita en Italia y que ayer presidió en Pompeya (Nápoles) la Súplica a la Virgen para que finalicen todas las guerras. “Estoy en Pompeya -agrega el purpurado- justamente para enviar este mensaje,que es una señal fuerte: recemos por la paz, dirijamos nuestra invocación a la Virgen María para que nos conceda esta gracia. No sólo por la paz, sino también por todas las víctimas de las calamidades”, la última de las cuales afectó a Indonesia.
 

El cardenal, en ese momento, dirigió un pensamiento a las muchachas y a los muchachos -cristianos o no- de sus propios países, mientras que en Roma se está desarrollando el Sínodo de los jóvenes deseado fuertemente por el Papa Francisco. “Niños y jóvenes -recuerda el purpurado- se cuentan entre los más afectados por el conflicto; la guerra aniquiló la esperanza y las perspectivas. Son ellos las primeras víctimas”. Por otro lado, son ellos también el “elemento del cual se debe esperar y a partir del cual se debe reconstruir el país, para brindar un futuro de paz y de esperanza, para garantizar perspectivas nuevas” de desarrollo y convivencia. Por estoncluye el Card. Zenari, los jóvenes “deben ser estimulados para que construyan y contribuyan en el proceso de reconstrucción, que debe comenzar poniendo fin a la guerra, y con un proceso de paz” que abrace a todo el territorio.

Mientras tanto, el mes de septiembre consignó a las crónicas algunas noticias provenientes de Siria que dan la esperanza- después de años de violencias- de un parcial, tímido mejoramiento. Comenzando por el menor número de víctimas civiles registrado desde el inicio del conflicto, en marzo de 2011. Según lo que refiere el Observatorio sirio de derechos humanos, una Ong con base en Gran Bretaña y una importante red de informadores en el territorio, en septiembre, el número total se detuvo en 139 víctimas, de las cuales 58 fueron niños.

Se trata del “dato más bajo” desde la primavera de hace 7 años y con números que están muy lejos de los de mayo de 2015 (el peor de estos años) con 6.657 víctimas civiles, adultos y niños. La significativa disminución de víctimas civiles estaría conectada con el avance progresivo del ejército gubernamental que, gracias al apoyo ruso, pudo reconquistar porciones cada vez más vastas de territorio.

Si bien en el frente diplomático hay un clima de espera por la cumbre entre Turquía, Rusia, Alemania y Francia, anunciada por Recep Tayyip Erdogan, para discutir sobre el futuro de Siria, el país trata con mucho esfuerzo encontrar una normalidad perdida. La guerra interrumpió costumbres, tradiciones, citas que involucraban a todo el país, como la Feria internacional de Comercio. Interrumpida desde 2012 por el agravamiento del conflicto, el año pasado volvió a abrir sus puertas pero fue blanco de un ataque.

Este año, en cambio, con la liberación de Guta y Yarmouk, distritos que durante mucho tiempo estuvieron ocupados por el Estado islámico (EI, ex Isis) y por al-Qaeda, no se registraron episodios de violencia y el evento se realizó regularmente, llamando la atención de un vasto público. La jornada inaugural, el jueves 6 de septiembre, fue un momento de fiesta, con un clima de mayor tranquilidad y confianza.

La reconstrucción de Siria no pasa sólo a través de su tejido económico y social, también toca la esfera religiosa en una nación en la cual las minorías, incluyendo la cristiana, se han beneficiado en los últimos decenios con el reconocimiento de la igualdad de derechos y dignidad. Prueba de ello es el Festival de la cruz en Maaloula, realizado en un pequeño pueblo en el nordeste de Damasco, que es uno de los centros más antiguos del cristianismo en Siria.

Entre los años 2013 y 2014 el área y sus habitantes sufrieron ataques terroristas, ocupación, abusos y violencia perpetrados por los grupos yihadistas. Los milicianos han destruido gran parte del patrimonio histórico y cultural, devastando tumbas y altares. A mediados de septiembre los cristianos pudieron celebrar nuevamente la fiesta, adornando las cimas de los montañas circundantes con las tradicionales cruces iluminadas. “Después de ver, durante años, nuestras casas quemadas por obra de manos yihadistas -cuenta un habitante- ahora podemos hacer brillar nuevamente las cumbres de nuestras montañas, Ahora podemos volver a celebrar la vida”.

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