07/04/2020, 13.29
MYANMAR
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Card Bo: el coronavirus Vía Crucis de la humanidad, desafío para la fe

En el mensaje para Pascua, el purpurado subraya los “días oscuros”, en los cuales la esperanza “es estrangulada” por la “desesperación”. El Covid-19 es un “ángel de la muerte” y “nada será como antes”. Para la Iglesia es tiempo de acompañar al mundo a la resurrección “hacia la justicia y solidaridad humana”.  

 

Rangún (AsiaNews)- El mundo atraviesa “días oscuros”, en los cuales “una sofocante y enorme ola de miedo y ansia” recubre a la humanidad entera. Como la Noche oscura del alma vivida por S. Juan de la Cruz. la esperanza de la humanidad está “estrangulada por lo oscuro de la desesperación cuyo nombre corresponde a Covid-19”. Es cuanto escribe en el mensaje a los fieles para la Pascua y enviado a AsiaNews, el arzobispo de Rangún Card. Charles Maung Bo según el cual parece que llegó la hora “de lo 4 caballeros del Apocalipsis”. l nuevo coronavirus, agrega el purpurado, “es la Vía Crucis de la humanidad”, en la cual “miles fueron crucificados en una muerte cruel, por un organismo que no ni siquiera visible a los ojos”.

En Myanmar es alta la alerta por una posible escalada de la pandemia del nuevo coronavirus, a despecho de los números oficiales todavía contenidos con 22 casos hasta ahora registrados y 1 víctima. Según los expertos una difusión tendría efectos desastrosos tanto para dar miedo al peligro de una catástrofe sanitaria. Un contexto crítico en cuyo origen estaría, para el arzobispo de Rangún, que es el principal “culpable” de la pandemia mientras que el pueblo chino es la primera víctima.

En este contexto de extrema dificultad, los católicos birmanos se preparan para vivir las celebraciones de la Semana Santa, rezando al mismo tiempo para que finalice la pandemia. “El Covid-19-narra el card. Bo- es un desafío para nuestra fe. La Iglesia católica promueve la comunión” y “nuestra misión es de construir la comunión también en estos tiempos de crisis” cuando todo parece llevar al “aislamiento”. “Por lo que pueda parecer paradójico- agrega- mantener la distancia los unos de los otros significa realmente ocuparse de los otros, porque queremos interrumpir la transmisión de este virus mortal”.

También en Myanmar, como en muchas otras partes del planeta, las iglesias están cerradas. En el pasado el Papa dijo que las iglesias deberían ser “hospitales de campo” para curar las heridas de la humanidad gracias a la Madre Iglesia. Hoy subraya el cardenal, “los lugares en los cuales hemos buscado a Dios” y donde “hemos derramada nuestras lágrimas silenciosas” están “cerrados” y esto “es doloroso”. 

Vivimos, agrega, un Sábado Santo prolongado en el cual la Iglesia “no celebra la Eucaristía” pero sigue en la espera de la resurrección. “Nosotros, como católicos y como humanidad entera, esperamos con esperanza la finalización de este Sábado Santo, para un Pascua de victoria”. Sin embargo, el Covid-19 “no dejará las cosas como antes” porque “este ángel de la muerte” trae un “mensaje molesto” por lo cual “nada será más como antes”. “El modo en el cual rezamos, en el cual nos relacionamos con los otros, con los cuales trabajamos, todo cambiará”. Somos una familia “en un mundo frágil”, pero la distancia impuesta por el contenimiento de la pandemia no debe convertirse en una “paranoia”, sino más bien debe ser una ocasión para “crear nuevas formas de solidaridad”. 

El coronavirus, subraya el arzobispo de rangún, ya impartió “lecciones existenciales: las naciones más ricas y potentes que han acumulado dispositivos atómicos y armamentos en modo arrogante, viene puestos de rodillas por el virus”. Potencias mundiales, prosigue, “que niegan con arrogancia las fuerzas trascendentes, aprenden con humildad que la vida es frágil y tenemos necesidad el uno del otro”. La humanidad “está en el sendero de la cruz” y la esperanza es que esta pueda “conducir a todas las naciones a la enemistad, a la guerra y al fuego, más que a la resurrección en la solidaridad humana”, Ahora, concluye el Card. Bo refiriéndose al mensaje del Papa Francisco para Pascua, “es tiempo para la Iglesia de acompañar al mundo en esta resurrección hacia la justicia y la solidaridad humana”.

 

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