16/12/2019, 11.15
LÍBANO
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Beirut, decenas de heridos en una violenta represión de la protesta contra el gobierno

Segunda noche de enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad. Al menos 46 heridos y 14 personas hospitalizadas. Los manifestantes denuncian el uso desproporcionado de la fuerza; hay infiltrados entre la multitud, que buscan “deslegitimar” la iniciativa popular. El Ministerio del Interior anuncia la apertura de una investigación. En la calle, menor presencia del ejército y mayor despliegue de brigadas y milicias para  manejar la protesta.

Beirut (AsiaNews/Agencias) - Por segunda noche consecutiva, el centro de Beirut devino escenario de enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y los manifestantes, que pueblan las plazas desde hace semanas para protestar contra la corrupción y el mal desempeño del gobierno, y exigen la expulsión de toda la clase política y dirigente. El epicentro de la violencia fue el Parlamento, donde la multitud devino nuevamente blanco de una violenta represión de las fuerzas de seguridad. Según las primeras, aunque escuetas, informaciones, habría decenas de heridos. 

Analistas y expertos confirman que los enfrentamientos de las últimas 48 horas son los más graves desde que se iniciaron las manifestaciones, el 17 de octubre pasado, que impulsaron la renuncia del Primer Ministro Saad Hariri. Una multitud compuesta por hombres y mujeres, que ayer se volcó nuevamente a las calles cantando “revolución, revolución”, envuelta por una densa capa de humo provocada por los gases lacrimógenos lanzados por los agentes de la brigada anti-disturbios. 

Las fuerzas de seguridad recurrieron a cañones hidrantes y a bombas de humo, en un intento por dispersar a cientos de personas en la plaza. Según informa el organismo local de defensa civil, al menos 46 personas debieron recibir atención médica y 14 fueron hospitalizadas. Los enfrentamientos se concentraron en el distrio comercial de Beirut y prosiguieron durante casi toda la noche; las fuerzas del orden cortaron varias arterias y vías de comunicación de la capital. 

En las últimas horas, se intensifican los acuerdos que debieran culminar con un nuevo nombramiento de Hariri en el cargo de Primer Ministro. Sin embargo, sigue habiendo grietas profundas a nivel político, que impiden la formación de un nuevo Ejecutivo, que deberá evitar una crisis todavía peor. 

En tanto, en el país no cesa la polémica en vista de la violenta represión de la protesta desplegada en la noche del 14 de diciembre. El ministro del Interior, Raya el-Hassan, ha solicitado la apertura de una investigación sobre los hechos, si bien sigue habiendo dudas sobre el origen de la violencia y sobre todo, sobre la respuesta, calificada como desproporcionada, por parte de las Fuerzas de seguridad (FSI). En un comunicado, asegura haber “seguido los acontecimientos durante toda la noche”, con una mezcla de “inquietud, tristeza y asombro”.  

En un hecho inédito, intervino en los enfrentamientos el jefe de las FSI, el Gral. Imad Osman, quien salió a la calle y se dirigió tanto a los agentes como a los manifestantes en el sitio de la asambles de anoche. Tratando de aportar calma, él pidió a lo civiles “preservar”  el carácter “pacífico” del movimiento de protesta; sin embargo, no quiso responder preguntas, y en particular, aquellas sobre los arrestos de manifestantes efectuados en la noche del 14 al 15 de diciembre.

Según algunos observadores, en el último período, el ejército ha desaparecido de las calles y la gestión (o la represión) de la protesta ha sido confiada a la unidades especiales, a elementos de seguridad interna y a milicias no del todo identificadas, brigadas “antidisturbios” caracterizadas por un uso de la fuerza que excede lo normal. Cabe destacar “la magnitud de la represión” y lo “desproporcionada” y “fuera de contexto” que resulta la misma teniendo en cuenta el número de manifestantes en las calles. En este sentido, es claro que el objetivo de las fuerzas de seguridad no es empujar a los manifestantes fuera del Parlamento, sino expulsarlos del centro de la ciudad a como dé lugar. 

Sin embargo, la represión, lejos de desalentar a los ciudadanos, relanza su lucha pacífica. “No saben que ya han perdido toda legitimidad, incluso en el exterior, y esta es una nueva victoria para la revolución”, declara a L’Orient-Le Jour una joven de 24 años, Celine, que proviene de Lion, donde vive hace años, y que ha regresado al Líbano en los últimos días. “Almorcé con mi familia - prosigue - y luego me vine enseguida aquí”, a “la plaza”. Los expatriados, concluye “apoyan incondicionalmente a los manifestantes, a quienes les agradezco por haber salido a las calles, también,  por nosotros “. Para Mario, los hechos de violencia de las últimas horas “son un mensaje de intimidación lanzado por las fuerzas del orden y por infiltrados” para debilitar el frente de protesta y afirmar “que no existe”. En efecto, entre la gente que está en la calle, la opinión generalizada es que hay un número creciente de infiltrados que apuntan a deslegitimar la protesta para justificar la represión.

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