09/04/2018, 14.28
IRAK
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Bagdad, parlamentario cristiano: la violencia y la corrupción alimentan las alianzas contra el sistema

En vista de los comicios del 12 de mayo, se refuerza el eje entre los radicales chiitas de al-Sadr y los comunistas. Un programa conjunto, que apunta al voto de protesta. Kanna: “Es una reacción a condiciones socioeconómicas tremendas y a pésimas condiciones de seguridad”. Resulta esencial superar el elemento confesional. A los cristianos les toca la tarea de recuperar una identidad y emprender una lucha en común.

Bagdad (AsiaNews) - Guerra, terrorismo, corrupción y pobreza: son los factores clave que determinarán el resultado de las próximas elecciones políticas en Irak, a celebrarse el 12 de mayo. Se trata de la primera carrera electoral desde que se produjo el ascenso del Estado islámico (EI), que en su momento de máxima expansión había llegado a controlar casi la mitad del territorio del país, y que ahora ha sido derrotado –al menos, en el plano militar- luego de una imponente ofensiva.

En las últimas semanas, el escenario político del país árabe ha registrado la unión de intenciones entre las dos principales fuerzas de protesta contra el sistema: el Partido comunista iraquí (PCI), un movimiento laico de izquierda, ha decidido aliarse con la facción encabezada por el líder radical chiita Moqtada Al-Sadr en el marco de una boleta electoral rebautizada con el nombre  Sa’iroun (“En marcha”).

Desde el 10 de abril, las dos agrupaciones darán vida a una campaña conjunta para las elecciones legislativas y provinciales, con un programa reformista que busca capturar el voto de protesta. Una alianza entre la hoz y el turbante que no deja de causar sorpresas en el país, y que ha sabido fortalecerse a lo largo del tiempo, gracias a la lucha conjunta emprendida contra la corrupción y contra una política confesional y sectaria.

“La alianza entre los seguidores de al-Sadr y los comunistas, es una reacción a condiciones socioeconómicas tremendas y a las [pésimas] condiciones de seguridad –subraya Yonadam Kanna, líder de la Rafidain Coalition (el Movimiento democrático asirio) al dialogar con AsiaNews.   El parlamentario cristiano, que forma parte de la Comisión parlamentaria sobre Trabajo y Asuntos sociales, confirma que el terreno común entre los dos movimientos es “la lucha contra la corrupción y la ausencia de un buen gobierno, [dos factores] que los han empujado a unirse”.

“A mi juicio, superar el elemento confesional en el contexto político del país es un elemento más que positivo –prosigue el líder-. Es importante terminar con el halo de impunidad que envuelve a cuantos dicen hablar en nombre de Dios, pero se comportan de manera errada, y persiguen el mal y la corrupción”. En cambio –agrega-, es necesario relanzar el compromiso orientado a la formación de “instituciones creíbles, de un Estado ciudadano, garantizar la supremacía del derecho, combatir la corrupción y garantizar prosperidad a los ciudadanos, en la medida de lo posible”.   

La clave de la alianza entre los comunistas y los fidelísimos del líder radical chiita al-Sadr es la lucha común por la base del electorado, que vive en barrios populares y marginada de la vida política, social y económica del país. Tanto los comunistas como los radicales chiitas ven en la lucha popular, o populista, el terreno donde obtener un mayor consenso.  Un acercamiento que se ha visto favorecido por el abandono de la lucha violenta promovido por Moqtada Al-Sadr, que durante mucho tiempo fue un exponente destacado de la causa de los chiitas iraquíes, ampliamente reprimidos bajo el régimen del rais  Saddam Hussein. Hoy, a los 44 años, el ex líder populista ha vuelto a aparecer en escena, haciéndose vocero de la lucha contra el sectarismo y el extremismo confesional, a favor de la desvinculación de Irán.  

Sin embargo, entre los comunistas y seguidores de al-Sadr -unidos por la lucha por la independencia y el nacionalismo- sigue habiendo una brecha profunda en lo que respecta a los derechos de las mujeres y a la ciudadanía. Y en el trasfondo, lo que siempre permanece es la división que constituye el sello de Irak, la que rige entre sunitas y chiitas, el verdadero escollo a  superar para lograr una reconciliación real entre las diversas almas que conforman la nación.  .

La lucha contra la discriminación y los extremistas, según refiere Yonadam Kanna, es una de las prioridades que deberá afrontar la próxima clase dirigente del país, abocándose, en todos los niveles, a erradicar aquellas leyes y normas que favorecen a las facciones radicales, como “la imposición del islam a las minorías”. A este respecto, sigue siendo actual la cuestión de la libre elección de la pertenencia religiosa en el caso de los menores de edad cuyos progenitores se hayan convertido a la fe de Mahoma [conocida como la ley de “islamización de los hijos”].

“Los cristianos deben recuperar una identidad y volver a emprender una lucha en común –advierte el parlamentario-, junto a yazidíes, sabeos y mandianos”.  Una vez alcanzado el objetivo de constituir un frente común, concluye, la lucha debe enfocarse en la “imposición de un Estado de derecho, en la paz y en la seguridad. La construcción de una sociedad que sea capaz de garantizar justicia prescindiendo de la religión, y de una igualdad de todos los ciudadanos ante la ley”, prescindiendo de cuál sea la raza, etnia y religión” de pertenencia. (DS)

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