18/04/2019, 12.15
EMIRATOS-VATICANO
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Abu Dabi, el diálogo islámico-cristiano, tras la visita del Papa Francisco

de Bernardo Cervellera

A casi dos meses de la firma del importante documento sobre la “Fraternidad Humana”, se han fundado la “Casa de la familia abramítica” y un fondo para financiar actividades culturales centradas en la coexistencia.  La búsqueda de un islam tolerante, que evite el wahabismo y el liberalismo de Occidente. El pontífice ha generado mucha curiosidad entre los musulmanes. Pero aún persisten situaciones de violencia y humillación perpetradas contra trabajadores y trabajadoras cristianas.  

Abu Dabi (AsiaNews) – Hace más de dos meses que el Papa Francisco vino de visita a Abu Dabi, en los Emiratos, siendo el primer Papa en poner un pie en la península árabe. El 4 de febrero, junto al gran imán de Al Azhar, Ahmad Mohammed Al Tayyib, firmaron un importante documento a favor del diálogo islámico-cristiano, sobre la “Fraternidad Humana” (foto 3). Como testigos, estuvieron presentes el príncipe de Abu Dabi, Mohammed bin Zayed al Nahyan, y el premier de Dubái, Mohammed bin Rashid, vicepresidente de los EAU.

Entre las afirmaciones más revolucionarias –teniendo en cuenta la situación de esta parte del mundo islámico- está la de la dignidad humana en común, la paridad de derechos y deberes para todos los hombres y mujeres y el derecho a la ciudadanía plena por parte de las minorías.

El lugar que sirvió de escenario a la firma fue el Memorial del Sheikh Zayed bin Sultan al Nahyan, el padre de la patria, fundador y primer presidente de los Emiratos Árabes Unidos, y gran sostenedor del diálogo inter-religioso. Es gracias a él y luego, a su hijo, el Sheikh Khalifa bin Zayed al Nahyan, el actual gobernante- que las distintas religiones han recibido un terreno y permisos para edificar iglesias, templos, escuelas, que sirvan a las diversas comunidades presentes en el territorio: cristianos, hindúes, budistas, sijs, judíos, bahaíes,…

Visito el Memorial en una tórrida tarde de Abu Dabi (foto 2), con una temperatura que alcanza los 35 grados en pleno abril. Me recibe un jardín con variedad de plantas y sobre todo con cuantiosos árboles de ghaf: son los árboles del desierto, que los nómades beduinos usaban para darse sombra, con sus hojas comestibles, que también son utilizadas para curar algunas enfermedades, como queriendo recordar el pasado del emir difunto y de su población. El Memorial bajo el cual se llevó a cabo la firma se erige como un conjunto de formas geométricas puras –“platónicas”, dice la guía- de cuyo extremo superior caen rayos de luz y otras formas geométricas que, de lejos, toman la forma del rostro del Sheikh Zayed bin Sultan al Nahyan. La conjunción de lo antiguo y lo moderno hace entrever el camino que ha recorrido la nación: en apenas 50 años ha pasado de una vida beduina a ser un país moderno y vibrante, y de las tiendas en el desierto, a los rascacielos rodeados de jardines. Pero nada, ni siquiera un cartel, recuerda aquél momento, aquél 4 de febrero. Para compensarlo, las películas, a disposición de los visitantes, introducen en la personalidad del emir difunto, en su apertura ecuménica y en su respeto por las demás religiones y pueblos.

 

Celebrar la tolerancia

También es cierto que para conmemorar la visita papal y el lanzamiento del documento, el príncipe Zayed dio la orden de construir una “Casa de la familia abramítica” y estableció un “Fondo global Zayed para la coexistencia”, el cual debiera financiar “actividades culturales, de coexistencia pacífica y fraternidad entre individuos y pueblos”.  

Pocos días antes de la visita del Papa, el gobierno publicó un libro con texto y fotos sobre el tema “Celebrar la tolerancia (Celebrating Tolerance)”. En él, cada comunidad cuenta justamente cómo gracias a la benevolencia del emir, ha podido hacerse de un terreno gratuitamente, en el cual edificar la iglesia o el templo, y ha recibido un sostén y aprecio por la contribución que dan al desarrollo de la nación. Por otra parte, un país que está formado por un 80% de inmigrantes, no podía exigirles meramente trabajo y cualidades técnicas sin satisfacer también su necesidad religiosa. Ciertamente, todo ello es más un gesto de benevolencia del poder que un reconocimiento de un derecho, pero comparado con otros países de la región, esto marca un enorme paso adelante. Por otro lado, los Emiratos luchan desde hace tiempo por la búsqueda de un camino islámico propio, alejado del radicalismo wahabita y del liberalismo occidental.  

La impresión que se tiene es que la invitación hecha a Papa Francisco ha sido un intento de reforzar el mensaje de un islam “moderado”, que convive codo a codo con las demás comunidades religiosas, incluso con aquellas que los radicales musulmanes definen como “paganas” (como los hindúes, budistas y sijs) y destinadas a la destrucción. Pero lo que se teme es que lo que sucedió en febrero permanezca como una operación de imagen, que exalte la estima del mundo hacia los Emiratos y traiga más turistas a estas costas, ahora que el petróleo no es la única fuente de riqueza de esta tierra.

Mons. Paul Hinder, el vicario apostólico de Arabia meridional, está convencido de la buena fe de los líderes políticos. En todos los encuentros que ha tenido con ellos, reconoce una hospitalidad y escucha ante las problemáticas de la comunidad católica. Y habla de la labor social del hijo del presidente, el príncipe Mohammed bin Zayed al Nahyan, cuando el obispo –unos días antes de la llegada del Papa- le expuso las dificultades que tenían los pocos católicos que viven en Yemen, que suman nueve en total, para viajar a Abu Dabi y así participar en la misa del Papa. En poco tiempo, el príncipe logró organizar un puente aéreo con un avión militar para poder llevar a estos cristianos desde Saná –la capital de Yemen- hasta Abu Dabi, les ofreció alojamiento en un hotel de cinco estrellas, les entregó dinero para los gastos y luego los hizo llevar nuevamente a Yemen, al concluirse la visita papal.  

 

Trabajo codo a codo

Los musulmanes y los cristianos difícilmente se encuentren desde el punto de vista religioso. Sin embargo, en el trabajo, el contacto es obvio y cotidiano. Roberto, un ingeniero italiano que vive desde hace varios años en los Emiratos, dice que cuando vino el Papa, sus colegas musulmanes –sobre todo, los egipcios y pakistaníes- no pararon de hacerle preguntas para entender mejor la fe cristiana, los ritos de la Semana Santa, la Biblia. En síntesis, el Papa suscitó curiosidad e interés hacia la fe de los cristianos. El P. Tanios, que también habla el árabe, confirma: la visita del Papa Francisco permitió ver un rostro de cristianismo que no está ligado a la publicidad, tan difundida en el mundo occidental, de los cristianos como “cruzados” instrumentos del poder de Occidente, corruptos. El sacerdote cuenta: “Entonces, ustedes, los cristianos ¡no son tan malos como los pintan nuestros libros de texto o nuestras autoridades religiosas!”. En efecto, en los libros de texto de las escuelas de Oriente Medio se encuentran juicios contra los cristianos que los tildan ya sea como enemigos del islam, del nacionalismo árabe o colonialistas.

Es precisamente por ello que en el documento sobre la Fraternidad Humana, los firmantes se han comprometido a difundir la nueva y más profunda visión del documento en las escuelas, universidades, en todos los centros de cultura y en la política.

Para difundir la cultura de la tolerancia y del encuentro, es urgente este compromiso en el mundo de la educación, que tanto se vincula a los problemas de todos los días. Porque es precisamente en la vida de todos los días que se dan las violaciones más básicas de la dignidad humana y de la fe. Varias mujeres filipinas y africanas, que se desempeñan como trabajadores domésticas, cuentan, entre lágrimas, lo que deben sufrir en la relación con sus patrones: son tratadas como esclavas, a menudo abusadas, obligadas a trabajar hasta 20 horas al día, sin siquiera poder gozar del día libre que garantiza la ley, justamente el día en que querrían ir a la misa, en la iglesia, puesta a disposición por la benevolencia del emir.

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