21/03/2014, 00.00
RUSIA-UCRANIA
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La anexión de Crimea da miedo al Patriarca de Moscú

de Vladimir Rozanskij
Ausente Kirill en el gran discurso de Putin en la Duma. Mientras Rusia camina tras las huellas del imperio de Iván el terrible, las Iglesias ortodoxas de Ucrania son empujadas a una autonomía de Moscú. El Patriarcado de Moscú arriesga ser una minoría en el próximo concilio Pan-ortodoxo.

Moscú (AsiaNews)- Cuando el pasado 17 de marzo el presidente ruso Vladimir Putin se dirigió al Parlamento federal su apasionado discurso sobre la defensa de la Gran Rusia, para justificar la anexión de la Crimea, las miradas de los presentes de las priemras filas traicionaron una insólita preocupación. A los pies del presidente, entre los turbantes del Imán y el cilindro del rabino, se notaba la falta de la tiara blanca del patriarca Kirill. Sólo dos filas atrás estaba el incierto sombrero velado de su vicario, el anciano metropolita Juvenalij, enviado para representar a la Iglesia patriarcal, cuya bendición era indispensable para confirmar la necesaria reapropiación de la "tierra santa" de Crimea.

La ausencia de Kirill fue justificada por su portavoz con inciertas referencias a su estado de salud (pero resulat que el día anterior había presidido una larga celebración) y al devoto silencio cuaresmal (que también debería valer para Juvenalij). En realidad la falta bendición de Kiril demuestra el extremo empacho del patriarcado de Moscú frente a la crisis ucraniana, que puede sacudir también los estantes de las mismas instituciones eclesiásticas, y echar por los aires las prospectivas de desarrollo de construir con tenacidad por el mismo Kirill, en los últimos años. Parece que Putin, esta vez, se ensanchó demasiado también para sus padres espirituales.

Kirill no es que no sea patriota, es más él es uno de los principales custodios y propagandista: ya desde tiempos de Gorbachov y Eltsin, el entonces metropolita Kirill Gundjaev se demostró como el principal inspirador de una nueva ideología estatal post-soviética, basada en la restauración ideal de la Santa Rusia, vista como Estado-Iglesia en grado de afirmar en la patria como en el extranjero como gran defensor de los valores cristianos en un mundo secularizado. Kirill expresa la reencarnación del modelo llamado "josifiliano", del nombre del monje Josif de Volokolamk que en el 1500, creó la idea de la Iglesia "constitutiva del Estado", una de las expresiones favoritas del actual patriarca, ideal realizado luego por el zar Iván el terrible, verdadera figura de referencia de su actual sucesor Putin. Sin embargo hoy, cuando el 95 5 de los rusos de Crimea aprueba con entusiasmo el retorno a la madre Rusia y la mayoría de los rusos se enorgullece por la demostración de fuerza que el país opone a las miras de Occidente, el patriarca se retira y se cierra en un ascético silencio.

El hecho es que Kirill había apuntado muchísimas de sus cartas sobre Ucrania, y no ciertamente sobre la pequeña Crimea o sobre cualquiera de las provincias orientales. En estos 5 años después de su elección, el patriarcado visitó el País al menos 30 veces, yendo por todos lados, hasta las diócesis más occidentales y anti-rusas, en las cuales su predecesor Aleksij tenía temor de presentarse. El jefe de la sección ucraniana del patriarcado, el metropolita de Kiev, Vladimir Sabodan, fue por él introducido en el Sínodo de los obispos de Moscú, verdadero órgano directivo de la Iglesia ortodoxa rusa, con título de honor casi par a los suyos y con él había cooptado a otros miembros de la jurisdicción ucraniana, vista como una Iglesia casi autónoma, pero bien dentro de la estructura del Patriarcado moscovita.

Y ahora qué sucederá? ¿Se creará una Iglesia independiente de Moscú? ¿Qué hacer con la misma diócesis de Crimea, que ahora se convirtió en rusa a nivel civil: pasará directamente bajo el Patriarcado de Moscú? ¿Y si Kiev, no estuviese de acuerdo?

Esta prospectiva aterroriza a Kiril más de cuanto se pueda imaginar. Ucrania a nivel eclesiástico expresa poco menos de la mitad de las parroquias de todo el Patriarcado de Moscú (13 mil contra las 15 mil rusas), y cerca del 60 5 del clero es de Ucrania, comprendidos numerosos obispos que trabajan en la propia Rusia. En Ucrania surgieron diversos tentativos de independencia autonomistas, que quisieran la completa auto-acefalía y la independencia de Moscú, por otro lado la sede de Kiev es históricamente la originaria, de la cual Moscú se separó sólo en 1589. Actualmente el metropolita de Kiev Vladimir Sabodan, de casi 80 años, está en grave estado de salud, y ciertamente kirill pide en sus oraciones que el Señor lo conserve el más tiempo posible: en estos tiempos la elección de un nuevo metropolita estaría seguramente acompañada por fuertes pedidos de autonomía. El vicario de Vladimir, el metropolita Onufry Berezovskij, de sus originarias posiciones filo-rusas, se alejó siempre más hacia la defensa de la integridad del estado ucraniano y de su Iglesia independiente, y los otros obispos son aún más explícitos en este sentido. La Iglesia de obediencia moscovita arriesga de aparecer a los ojos de los ucranianos como la "Iglesia invasora", lo que haría y daría aire nuevo al retomar la autoridad de la Iglesia ucraniana independiente del Patriarca Filaret Denisenko, hoy mus debilitada, pero siempre numerosa. Sin contar son la tendencia autonomista de la Iglesia griego-católica del arzobispo mayor Svjatoslav Sevchuk, que tiene su bastión de Ucrania occidental y que mayormente ha alimentado los motines del Maidan y la revolución en acto en Kiev.

Kirill teme también el perder la posición dominante en la entera comunión ortodoxa, que en 2016 se reunirá en el Fanar para el gran Concilio Panortodoxo, el primero de toda la historia milenaria de la Ortodoxia. Actualmente Moscú representa el 70 5 de todos los ortodoxos del mundo; si su jurisdicción fuese dividida a mitad, arriesgaría terminar en minoría y verse retorcer contra el gran suceso obtenido con la convocación del Concilio de Constantinópolis. Esto, de hecho, podría ser la tumba de todas las ambiciones rusas de guiar el mundo cristiano en contraposición (o al menos a la par) con el Papa de Roma. La gran Rusia, anexándose la pequeña Crimea, en cambio de ensancharse terminaría en ser más pequeña.  

 

 

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