19/12/2015, 00.00
RUSIA
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​El Patriarcado de Moscú despide a Serghei Chapnin, el director de su revista

Hacía tiempo que el periodista era abiertamente crítico de las autoridades de la Iglesia rusa y de su excesivo ligamen con el Kremlin. La creación de una "nueva religión híbrida", un mix de tradiciones ortodoxas y de nostalgia por el pasado soviético. Una relación suya presentada en el Carnegie Center de Moscú, en la cual habla de un “nuevo silencio” a la hora de describir la condición en la que vive el clero ortodoxo hoy, habría hecho rebosar el vaso.

Moscú (AsiaNews) – El director de la "Revista del Patriarcado de Moscú", la publicación mensual que cuenta la vida pastoral de la Iglesia y difunde las intervenciones de las autoridades eclesiásticas, Serghei Chapnin (v. foto) fue removido de su cargo, probablemente debido a su posición, abiertamente crítica, respecto a la situación dentro de la Iglesia ortodoxa rusa (hacer clic aquí para leer una entrevista suya con AsiaNews). La noticia se difundió ayer, 18 de diciembre, e hizo surgir diversas críticas en las redes, donde el mismo Chapnin es muy activo, quien se limitó a agradecer a todos por el apoyo demostrado. El ahora ex director anunció en el sitio Colta.ru que comentará todo lo ocurrido recién a partir del 21 de diciembre.

Los sitios de información rusos vinculan el despido de Chapnin (a cargo del periódico del Patriarcado desde el año 2009) a una serie de recientes declaraciones públicas suyas que fueron muy críticas hacia las autoridades del Patriarcado. La gota que habría rebosado el vaso fue su relación sobre el estado actual de la Iglesia rusa, expuesto hace tan sólo 10 días en la sede del renombrado Centro Carnegie de Moscú. La posición del Patriarcado respecto al despido no ha sido aún expresada.

Perteneciente a la clase 1968, Chapnin es desde hace tiempo un agudo observador de la Iglesia rusa y de su relación con la sociedad. El texto leído en el centro Carnegie se titula “La ortodoxia en el espacio público: guerra y violencia, héroes y santos” y el mismo Chapnin luego publicó la versión integral en su sitio. El tema central del mismo es el concepto de “nuevo silencio”, acuñado por el periodista para sintetizar la condición en la que se sitúa la Iglesia rusa. “En el espacio público resuena, de hecho, una sola voz, la del patriarca Kirill”, escribe Chapnin,  haciendo notar que “todos los demás, como mucho, callan, no se permiten declaraciones detalladas, sino, tan sólo, breves comentarios”. “Sin lugar a dudas, se trata de un nuevo estilo que ilustra de manera clara la creciente importancia del dominio jerárquico en la vida de la Iglesia - explica -. O más precisamente, el concepto de la jerarquía como control exclusivo por parte del Patriarca”.

El periodista critica luego al “joven episcopado”, ordenado bajo Kirill, y que “en cinco o seis años no ha dicho nada”. “La pregunta surge espontáneamente – continúa la relación- ¿por qué los jóvenes obispos no hablan?: ¿no quieren, no están en grado de hacerlo, o tienen miedo?” “Este silencio, ¿es una pausa a la espera de grandes cambios, o es el deseo de salir del espacio público? Al día de hoy, estas preguntas siguen abiertas”.

Chapnin hace también referencia a la relación que la Iglesia entabla con el poder y la sociedad, invitando a una “seria reforma” de la Iglesia, que se adapte a los nuevos tiempos, so pena de su marginalización. Según dice, la sociedad muestra señales fuertes de insatisfacción en relación a la Iglesia, que no obstante por tradición “es y será la Iglesia del Imperio”, estrechamente ligada al Estado, pero al mismo tiempo, debe tratar de  “volverse una institución que revista autoridad para la sociedad civil” y en las relaciones con el poder temporal “al menos mantener la distancia, no identificándose con el mismo, no tomando demasiado dinero del mismo, no poniéndose al servicio de sus exigencias ideológicas”.

Ataca luego la tendencia “a juntar a los héroes de la guerra con los de la tradición ortodoxa”, la cual es promovida tanto por ciertos medios como por el ministro de Cultura, Medinsky, y pone en guardia ante la “formación de una nueva religión híbrida”, en la cual incluso los exponentes de la Iglesia, además de aquellos del ámbito político, usan las palabras “sacro” y “santo” con una acepción que es completamente terrenal, "olvidando por completo el hecho de que éstas remiten a Dios". “Yo la llamo la religión post-soviética civil, que incorpora tanto las tradiciones ortodoxas como la nostalgia por el pasado soviético y el sueño de un imperio fuerte”.

Esto se concluye luego con el pasaje a un vandalismo religioso -promovido por algunos grupos de fanáticos ortodoxos- que jamás ha sido condenado públicamente por parte del Patriarcado, como es el caso del joven activista Enteo -quien fue responsable junto a su grupo “Voluntad de Dios”, de algunos ataque a museos y eventos culturales juzgados “ofensivos para el sentimiento religioso”. Según dice, la Iglesia es indulgente al permitir una justificación divina de la violencia cometida por jóvenes. “Con este vandalismo, Enteo y sus socios han revelado el grave problema de la Iglesia rusa –denuncia Chapnin- , han dejado en claro y han hecho evidente que las personas de Iglesia están divididas en dos ramas”, una de las cuales es la de los ortodoxos que “están en sintonía con el uso de la violencia en nombre de objetivos políticos y económicos”. “La violencia se ha vuelto, para un grupo significativo del clero y de los laicos, un acto cristiano aceptado y calificado”. “Estos activistas, en lugar de ser condenados por la opinión pública eclesiástica, se convierten, en realidad, en héroes”. “Si la propensión a la violencia y a su justificación ha de ser una característica de la ortodoxia moderna es una pregunta que queda abierta. La tentación es grande”, concluye la relación. 

En Facebook de inmediato aparecieron comentarios en relación a la noticia del despido de Chapnin; es el caso de una mujer, que destaca el hecho de que el Patriarcado permitió la participación de un sacerdote en un conocido show de talentos (‘Voz’), mientras que, al mismo tiempo, prohibió la lectura de una relación sobre “El Cristianismo y el espacio público” en el centro Carnegie. “Qué contraste: ‘Voz’ y ‘silencio’”, escribe la mujer. (M.A.)

 

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