Papa: hay que rezar siempre, incluso cuando parece que Dios no nos escucha

En la audiencia general, Francisco recordó que ayer se publicó el Informe sobre el “doloroso caso” del ex cardenal McCarrick y renovó su “cercanía a las víctimas de los abusos y el compromiso de la Iglesia para erradicar este mal”. 


Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – La oración debe ser “tenaz”, “perseverante” y “humilde”. Y hay que rezar siempre, incluso cuando parece que Dios no nos escucha; y rezar en el nombre de Jesús, que “no solo es testigo y maestro de la oración, Él es más que eso. Él nos aloja en su oración, para que podamos rezar en Él y a través de Él. Y esto es obra del Espíritu Santo”. 

“La oración perseverante” es el tema que abordó Francisco en la audiencia general de hoy, que volvió a celebrarse en la Biblioteca privada. Al término del encuentro, Francisco recordó que ayer se publicó el “Informe sobre el doloroso caso del ex cardenal Theodore McCarrick”  y renovó su “cercanía a las víctimas de los abusos y el compromiso de la Iglesia para erradicar este mal”. 

“La oración es como el oxígeno para la vida”, dijo el pontífice. “Es atraer la presencia del Espíritu Santo, que siempre nos hace seguir adelante. Y es por eso que hablo tanto de la oración”. “Alguien me dijo: ‘Usted habla demasiado sobre la oración, y no es necesario’. Sí, es necesario, porque si nosotros no rezamos, no tendremos la fuerza para seguir adelante en la vida”. 

“Jesús – continuó - nos ha dado el ejemplo de lo que es la oración constante, practicada con perseverancia”. El continuo diálogo con el Padre, en el silencio y en el recogimiento, es el centro en torno al cual gira toda su misión. Los Evangelios también nos retrotraen a sus exhortaciones a los discípulos, para que oren con insistencia, sin cansancio”. 

“El Catecismo nos recuerda las tres parábolas contenidas en el Evangelio de Lucas, que subrayan esta característica de la oración (cfr CCC, 2613). La oración debe ser sobre todo tenaz: como el personaje de la parábola que debe recibir a un huésped inesperado, y en plena noche, toca a la puerta de un amigo y le pide pan. El amigo le responde: “¡no!”, porque ya está en la cama, pero él insiste e insiste hasta que el otro se levanta y le da el pan (cfr Lc 11,5-8). Dios es más paciente que nosotros, y quien llama con fe y perseverancia a la puerta de su corazón, no saldrá decepcionado. Nuestro Padre sabe bien qué necesitamos; la insistencia no es para informarle o convencerlo, sino para alimentar en nosotros el deseo y la espera”.

“La segunda parábola es la de la viuda, que se dirige al juez para que la ayude a obtener justicia. Este juez es un hombre sin escrúpulos, pero al final, exasperado por la insistencia de la viuda, decide complacerla (cfr Lc 18,1-8). Esta parábola nos hace entender que la fe no es un impulso momentáneo, sino una disposición valiente que nos hace invocar a Dios, que nos lleva a ‘discutir’ con Él, sin resignarnos frente al mal y la injusticia”. 

“La tercera parábola nos presenta a un fariseo y a un publicano que van al Templo a rezar. El primero se dirige a Dios, y se jacta de sus méritos; el otro se siente indigno, incluso de entrar al santuario. Pero así como Dios no repara en la oración de los soberbios, escucha la oración de los humildes (cfr Lc 18,9-14). No hay verdadera oración si carece de un espíritu de humildad”. 

“La enseñanza del Evangelio es clara: se debe rezar siempre, aún cuando todo parezca en vano, cuando Dios parece sordo y mudo y sentimos que perdemos el tiempo. Aunque el cielo se oscurezca, el cristiano no debe dejar de rezar. Su oración marcha al paso de la fe. Y en muchos días de nuestra vida, la fe puede parecer una ilusión, un esfuerzo estéril. Sin embargo, practicar la oración también significa aceptar esta fatiga. Muchos santos y santas han pasado por esta noche de la fe y por el silencio de Dios, y fueron perseverantes. En estas noches de la fe, quien reza jamás está solo. De hecho, Jesús no es solo testigo y maestro de la oración, es más que eso. Él nos aloja en su oración, para que podamos rezar en Él y a través de Él. Y esto es obra del Espíritu Santo. Y es por eso que el Evangelio nos invita a rezar al Padre, en nombre de Jesús. San Juan nos refiere estas palabras del Señor: «Todo lo que pidan en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo» (14,13)”. “Sin Jesús, nuestras plegarias correrían el riesgo de reducirse a esfuerzos humanos, y la mayor parte de las veces estarían destinadas al fracaso. Pero Él asume cada uno de nuestros clamores, cada gemido, cada alegría, cada súplica… cada plegaria humana”. “Cristo es todo para nosotros, y también lo es en nuestra vida de oración. Es lo que afirmaba San Agustín, con una expresión que ilumina, y que encontramos en el Catecismo: Jesús «ora por nosotros como nuestro sacerdote; ora en nosotros como nuestra cabeza; en Él oramos a nuestro Dios. Por tanto, reconocemos en Él nuestra voz, y en nosotros, su voz» (n. 2616). Y por eso, el cristiano que reza no le teme a nada”. 

En el saludo a los fieles de lengua francesa, Francisco recordó que “hoy, en algunos países se celebra la memoria de aquellos que murieron en las guerras. Que nuestra oración por todas las víctimas de la violencia en el mundo nos aliente a ser instrumentos de paz y de reconciliación”. 

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